Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXX Abril 2015

 

1000 pedazos
Norma Elsa Pérez

Hace mucho tiempo, tuve un muñeco de porcelana, sí; lo recuerdo muy bien: era un muñeco muy bonito, lamentablemente un muñeco único pues hablaba, maldecía, gritaba, me amaba y tenía cuernitos. En un berrinche, el muñeco salto del juguetero, saltó al vacío. Y ahí fue que se rompió, yacía en el suelo inerte, ya se había salvado de varias caídas, pero esa ocasión, para desventura suya y mía, se rompió todito, se hizo pedazos, se hizo polvo.....
Desde ese entonces nunca he encontrado un muñeco igual; han sido muchos intentos fallidos.

Algunas niñas me han prestado los suyos, pero ellos las extrañan y quieren regresar a su casita con ellas así que los tengo que regresar, otros no quisieron estar conmigo, algunos mas se escaparon y el resto, no tenia cuernitos....
A mis manos llego el libro egipcio de los muertos, repleto de formulas para invocar, elevar, levantar o castigar al difunto; yo lo único que quería era mi muñeco completito, mi compañía perpetua. Seguí pues leyendo el libro: así como Isis busco todas las extremidades regadas de Osiris por toda su región, pensé que sería buena idea confeccionar un muñeco igual al que tuve, con partes y extremidades de otros. En la escuela, tomé clases de cocina, y lo primero que enseñan es a deshuesar y destazar un pollo así que no sería difícil esa maquiavélica tarea. También me inspiro una peli muy conmovedora que trata casi de mi misma desventura.

El mundo está lleno de tragedias, amar demasiado, como una bestia, no es bueno, no es saludable, no está bien. Amar de verdad es muy trágico, aunque el amor es majestuoso cuando trae corona de oro y es arrogante y desdeñoso cuando lleva corona de espina.

Extraño mucho a mi muñeco y vacío está su lugar.
Hoy estoy decidida: Voy a cumplir el sueño de regresarlo, sé que será diferente, pero tendrá su misma esencia, su mismo espíritu, su mismo corazón, aunque sé también que no me amará igual. Ya conseguí las víctimas: las he elegido por alguna razón que me hacen recordarlo, total 35 muñecos serán inmolados hoy, debo confesar que algunos no me gustan pero necesito huesos, vértebras, necesito sus cuerpos. Bah, unos son muy salvajes, otros muy grotescos, otros muy predecibles, nada que ver con mi muñeco, tan mío, tan oscuro, tan solitario...
Bueno pues ¡qué masacre! Sangre, tripas, brazos, piernas, un cierto olor a podrido, gritos...

Los muñecos sacrificados no quedaron conformes ni yo tampoco. ¡Quedó bien feo! Y la comparación era abismal, por más que le plasme alma a un corazón y movimiento a un cuerpo inventado, mi intento fue fallido. Tuve que deshacerlo y llevar las partes destazadas que utilicé al panteón, el justo lugar para tirar todo el retacerío de los desafortunados.

Aunque más desafortunada me sentí yo por más que intenté que mi confección saliera perfecta, esos muñecos no estaban listos aún para un sacrificio ritual, según las instrucciones del libro funerario. Terminé triste, decepcionada, cansada y como siempre, sola, añorando a mi muñeco que por latoso, berrinchudo e inquieto, se cayó quedando sólo polvo. ¿Pero adónde iría? – Me pregunté....

La verdad no me dio remordimiento alguno el haber cortado tanto muñeco y que ningún trozo de ellos me sirviera para reemplazar esa ausencia infame e infantil. Así que tuve una idea mejor: Comprendí que Isis fue a buscar lo irremplazable y mi error fue reemplazar el vacío infernal que la devastadora pérdida deja a su paso. No es bueno unir pedazos con trizas de afectos despectivos. Me fui a dormir con esa idea, entonces cerré los ojos, todo en negro, todo en blanco, pensando....no puedo dormir, quiero ir a buscarlo. No se hable más, he decidido ir a buscarlo.

Así que siguiendo la ruta que mi muñeco tomó, yo también me subí al juguetero altisimo, recorriendo entrepaño por entrepaño, a mi paso me iba memorizando todos los libros que ya no podré leer y también los discos que jamás podré escuchar.
Al fin llegué a la cima ahí donde él solía estar; estoy en el filo, me da vértigo, es adrenalina, es pánico, o quizá la carga de recuerdos que me persigue.

¡Uff! voy cayendo, a la mitad del vuelo se me reventó el corazón, ¡soy un ángel caído! estoy ya en el suelo o a lo mejor es la boca del abismo....
Levanto la cara para ver qué pasó y siento que una manita me toma del brazo y me ayuda a levantar.
¡Era mi muñeco! Y se veía más bonito, más feliz, y sus cuernitos resplandecían más.
– ¿Por qué tardaste tanto? Pero qué bueno que viniste, ya te extrañaba–. Y me abrazó.
Así pues nos fuimos adentrando a un camino oscuro, brumoso, fuimos rumbo a la nada, a la espesura de lo inexistente, pero no importa, porque él y yo jamás nos volvimos a separar.

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