Ave Lamia Revista Cultural

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Ciudad de México Año III Número XXX Abril 2015

 

Le petit prince
Leticia Vázquez

La francomexicana con treinta y dos años estaba por traer al mundo al único niño que tendría, estaba contenta y amaba al futuro bebé, tanto como sus raíces galas y enseñar el idioma francés en dos escuelas, después de titularse en lengua francesa.

No faltaría a clase un solo día, ni siquiera el amor a su hijo la detendría en el inicio del nuevo curso.

Poco antes del parto recordaba a los muchachos del curso. Era raro, aunque no era francesa, le molestaban las deficiencias y falta de fluidez de sus alumnos de primer nivel. No tomó en cuenta aspectos ligados en hispanohablantes a la hora de aprender francés, es más ni contó puntualidad, participación, desempeño, "que estudien más, si van a Francia no les van a perdonar si no dominan 'le, de, les, a, au', que estudien más".

Después pasó a pensar en su hijo...Antoine saldría del hospital con el popular traje de El Principito, traje confeccionado por la propia francófona.

*

En la perversión hay niveles, todo consiste en seguirlos, arriesgarse y acostumbrarse, tener pocos escrúpulos o retraso mental, como Otis Toole.

Pero este no era Otis Toole, él pudo haber tomado otro camino, 'pero así nací, soy malo y me acepto malo, no puedo ser bueno, es como pedir al alacrán que no pique y no mate'. Escribió una vez en “la Corre”, como le decían en el ambiente.

Él empezó a los 11 años tomando las Tecate del papá, ya en fiestas escolares, donde empezó a fumar, era el que más se embriagaba.

Después empezó a irse de pinta, veía pornografía en la casa de su mejor camarada, de su "carnal", como le decía. “El carnal” era hijo de una maquiladora de cinco hijos, él era el mayor, así que la casa del “carnal” estaba libre toda la mañana y al no tener padre, aprovechaban para ver películas, fumar, oír música, tomar y comer chucherías con Coca-Cola.

Con el tiempo medio estudió el Telebachillerato después de que lo corrieran del Bachilleres, en el Telebachillerato conoció al Winnie Pooh y al Cocodrilo.

A su camarada dejó de verlo.

– Nada de chingaderas cabrón, me dejas la pinchi escuela y te pones a chingarle.

Esta ocasión, la obrera no le dio a escoger, ya se le había acabado la paciencia.

– No mi compa, mi jefa me consiguió jale en la maquila, hay muere, la chinga está cabrona, y la fiera me espera aunque me quede horas extras, ni tiempo para la fiesta, suerte mi carnal.

No lo volvió a ver, sólo lo divisó una vez en el Al Súper, era diferente, no como antes y como él.


*

Empezó a aventar coca en el Telebachillerato. Y como no quiso seguir la escuela, entró a trabajar al pan Bimbo. Había oído que ahí les pagaban bien, "en un año ese wey se compró una casa con terreno grande, y cerca de La Dale, no es un palacio, pero ahí la va ir construyendo”, le dijo uno de los listillos del barrio pobretón.

Aguantó sólo dos años y lo único que consiguió fue un cuarto de cinco por cinco en el Juan Pablo II, es un cuchitril, pero es mío, se dijo, y dejó La Bimbo y la casa donde vivía hacinado con unos raterillos.

La fiesta se hacía en grande, siempre había variedad, iban mujeres, camaradas, jotos, hasta exconvictos, uno de ellos había violado a la hija de su ‘morra’, como les dijo, "tenía diez años pero tenía de todo la puerquita". Ahora distribuía pornografía infantil. "Así no me agarran tan pelada".

Incluso le ofreció, "yo te consigo los niños, los llevo a mi casa, les doy medio de hartar, grabo, edito video, consigo clientes, hago de todo, tú sólo trabaja distribuyendo videos, y puedes ir escalando en el negocio, te recomiendo".

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Con el paso de los años los crímenes y delitos fueron aumentando, así como riesgos y las ganas de no hacer nada, todo le daba flojera.

Los asesinatos de mujeres, el tráfico de droga, hasta que lo invitaron a ser coyote. Ahí violó a quien quiso, a una guatemalteca se la llevó a la ciudad de Chihuahua, la violó cuanto quiso y después la mató para que no dijera nada.

La enterró en el terreno baldío de al lado, entre huizaches y gatuños, "aquí nadie te encuentra, estabas bien rica, pero viejas pa´qué, no puedo mantenerme ni yo", le dijo mientras resanaba el montón de tierra.

*

Años después escuchó de los paraísos turísticos. Es cuando dejó de matar, violar, asaltar, y hasta de drogarse.

Nunca había violado niños, sólo mujeres y niñas. Hasta que un día uno de los clientes tenía dudas. A los tres días le llevó al mismo niño violado por él, tenía que probar la mercancía.

Como jamás se hizo rico ni aventando grapas, ni pasando mojados, ni de padrote, ni de secuestrador, ni vendiendo carros chuecos, decidió llegar hasta lo más nuevo, pornografía infantil, negocio que tampoco le dejó millones, más bien problemas y ganas de ir con mujeres, "los niños son de vez en cuando", decía.

Y así, sin familia, sin amigos, empezó a tratar niños y después a bebés.

*

Un día, mientras esperaba a un cliente para que viera un catálogo de menores, se encontró con su padre, más bien vio a su padre, y lo atrajo sin querer con su mirada.

Llovía, era raro que en esa frontera seca lloviera, lo vio como un mal augurio.

“¿Qué vas a hacer con tu vida? Yo sé mis asuntos. Me cansé de decirte lo que tenías qué hacer, ya estás viejo, no vas a salir de donde mismo, así te vas a morir.”

Eso me pasa por ser buena gente, yo que quería saludarlo....Pa´la otra me escondo.

*

El trabajo de trata de personas requería que viajara por todo el norte y sur del país. La mejor era la zona de Chiapas, " ahí nos cruzamos", le propuso a su nuevo socio.

Ahí en la frontera, era donde también iban y aventaban los cuerpos de los niños que morían o mataban.

Un día leyó una primera plana de un periódico local, "Trata de bebés, leyenda urbana". Así, que nadie crea es lo mejor, así seguimos haciendo nuestro agosto.

*

Tengo casi cincuenta años, ya estoy viejo para esto. Voy a aflojarle a la fiesta. Seguiré aventando droga.

Mañana es mi último trabajo, se lo llevo al repartidor y a’i que él se haga cargo. Eso pensaba mientras se preparaba para ir a la gran ciudad.

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Después de tanto chingar a los jodidos como yo, hoy quiebro a alguien con feria, para que vean que ellos también sufren.

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Casi veinte horas llegó a la ciudad. Todo fue al azar, el hospital, la víctima, la hora, incluso. Sólo esperaría el momento ideal.

*

Después de esperar por dos horas, vio a una pareja con un bebé y que se dirigía a abordar un auto. Inmediatamente se puso su capucha, corrió lo más rápido que pudo, empujó al hombre, que era quien llevaba al neonato y se lo quitó a la vez que golpeaba a la mujer en la cara y le pateaba el vientre.

Todo fue rápido. Cruzó la calle y se trepó a su carro. Iba a toda velocidad, dos horas después supo que la dichosa Alerta Amber de nada serviría para los padres que se quedaban sin hijo.

Otras 20 horas para el regreso.

La despedida de El Principito

El pederasta pagó veinte mil pesos por el niño, " un robo", dijo, pero el criminal le dijo que era un recién nacido, " el precio lo vale, si toma en cuenta que sólo una vez y morirá".

El hombre violó al niño con todo y trajecito de principito dentro de su carro. Aún en la manita tenía la pulsera del área de maternidad: Recién nacido, Antoine González; madre, Jacqueline Betancourt.

Los tratantes esperaron y juntaron los cuerpecitos de cinco bebés y tres niños, todos muertos.

Los aventaron en la frontera. Entre ellos estaba El Principito, que al igual que en la novela célebre, sólo desapareció un día.

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