Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año III Número XXXI Mayo 2015

 

Boicot electoral
José Luis Barrera

Este próximo domingo 7 de junio se celebran las elecciones federales intermedias para la elección de los 500 diputados federales que integrarán la LXIII Legislatura. Asimismo, nueve estados elegirán gobernador, 16 renovarán sus congresos locales, quince elegirán presidentes municipales y el Distrito Federal renueva la asamblea legislativa y a sus 16 delegados. La pregunta de siempre es: ¿Votar o no votar?

Y como en todas las elecciones, la disyuntiva del “voto útil” y el “voto nulo” se pone en discusión ante las posiciones del otrora IFE y ahora INE (cuyas siglas son lo de menos en un instituto desde hace tiempo descalificado como el órgano regulador de las elecciones), y de muchos otros analistas que ponen el estado de derecho por encima de todo, versus los que pensamos que la única protesta efectiva en contra de la clase política mexicana, cada vez mas corrompida, es el no votar por ellos, o mínimamente por los que realmente pensemos que puedan hacer diferencia. En todo caso el voto es un derecho y como tal lo podemos ejercer como mejor nos parezca, votando o no, pero considerando que asistir a las urnas para anular o romper las boletas es un acto pacífico de protesta y de desobediencia civil ante el statu quo de la política en México.

Y si no es suficiente las desapariciones en Ayotzinapa, las ejecuciones en Tlatlaya, y el cinismo de los políticos en general que no sólo demuestran su desinterés por acabar con la ingobernabilidad, porque ya también se ha demostrado en algunos lo coludidos que se encuentran con los grupos delincuenciales y otros que meramente lo suponemos pero sin estar lejanos de la realidad. La burla de que somos objeto ante las decisiones maniqueas de los políticos a favor siempre de los poderosos y en detrimento del nivel de vida del pueblo, así como las declaraciones desvergonzadas; como la de los senadores descontándose 100 pesos a sus desorbitados ingresos para alinearse a un ”plan de austeridad”. El que el fuero sirva para permitir a los políticos delinquir y proteger mafias, el que cada vez se pongan más en evidencia las retorcidas licitaciones para obra pública que favorece, casualmente, a gente cercana a los círculos de poder y que no conforme con eso, se inflen los presupuestos para adoptar el muy conocido “ganar – ganar” de las “negociaciones efectivas” entre el licitador y el concesionario del servicio, y por supuesto sin salir ganando el erario público, lo cual lleva directamente al uso indebido de los recursos que nuestro trabajo les financia.

Me uno a las voces que pugnan por la desobediencia civil y el boicot electoral: a Sergio Aguayo, Javier Sicilia, Alejandro Solalinde, José Antonio Crespo, Miguel Concha y muchos más que están dispuestos a protestar en las urnas de manera pacífica. Nadie nos lo puede prohibir porque estamos en nuestro derecho, nadie nos puede obligar a votar por políticos corruptos y cínicos que van brincando de puesto en puesto para obtener prebendas del erario público para aprovechar sus ventajosas posiciones, para incurrir en el tráfico de influencias, o simplemente hacerse socios del crimen organizado (o como bien dijo Edgardo Buscagila: “No hay crimen mejor organizado que el que proviene del Estado”).

El boicot se refiere a asistir a las urnas y nulificar o romper las boletas, no se trata de quedarse a ver el partido México–Brasil y no asistir a las urnas. El abstencionismo muestra apatía; esa apatía que desean los gobiernos y los poderes fácticos (hace tiempo estos poderes eran los empresarios, a los que ahora se les han sumado los carteles de la droga); en cambio, asistir y nulificar, y más aún, romper la boleta muestra el hartazgo, la molestia y la protesta que el pueblo quiere hacer notar, es una muestra de la denostación que se le hace a la clase política cínica y vividora.

Ante la respuesta de ellos, de crear más opciones electorales de la misma calaña que las otras, nuestra respuesta es negarle el voto a todos o a casi todos, si de alguna manera existe algún político que sí merezca representarnos, y eso está en la decisión de cada quien. Personalmente pienso que nadie lo vale, pero eso queda a consideración del lector, pero sí creo que la desobediencia civil ante las urnas debe ser una decisión trascendental ante las condiciones que vive el país desde hace muchos años, porque así lo hemos permitido. Si los mexicanos no nos unimos a este boicot electoral estaremos decidiendo que nos merecemos el gobierno que tenemos. Si hacemos caso a la voz de Lopez Dóriga, Loret de Mola, Sarza y Alatorre, o si nos desentendemos de las elecciones por atender el partido de futbol entre México y Brasil, estamos dando este mensaje: “México tiene el gobierno que se merece”.

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