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Ciudad de México Año III Número XXXI Junio 2015

 

Dante Alighieri: 750 años
Friné Zapata

Debo comenzar este texto haciendo una aclaración. Mis conocimientos y cortas investigaciones no son suficientes para escribir un homenaje a Dante Alighieri. Cuando Luciano, uno de los editores de Ave Lamia, me invitó a hacerlo, acepté por el amor y gratitud que tengo a lo poco que he leído de Dante, porque la Comedia y la Vida nueva han sido textos a los que he recurrido ya bien cuando invoco (con frecuencia) los primeros versos aquellos:

“A mitad del camino de la vida,
en una selva oscura me encontraba
porque mi ruta había extraviado”;

o porque leo la Vida nueva para cantarla en solitud a mi amor. Sin embargo desde el inicio me he sentido superada por la tarea. No soy una dantóloga. Soy una ferviente amante de la poesía de Dante y sus imágenes.
Mi primer encuentro indirecto con la Comedia ocurrió durante mi cuarto año de primaria, en la biblioteca escolar donde solía pasar los recreos y leí por primera vez la Eneida. Mi encuentro directo con Dante (si bien poco académico) se dio gracias a una historia de fantasmas. Por aquellos años mis padres compraron un diccionario enciclopédico y como regalo les dieron los cuatro tomos de Lo oculto y lo insólito. En el tercer tomo se narraba cómo los hijos varones de Dante, Jacopo y Piero, ya muerto su padre, sufrían por la falta de los cantos finales de la Comedia. Se cuenta que llegaron a pensar en escribirlos ellos mismos.

El caso es que ocho meses después de la mudanza de Dante al otro mundo, regresó una noche a mostrarle a Jacopo el escondrijo donde se encontraban los cantos relativos al Paraíso. Gracias a esta fantasmal aparición la Comedia pudo ser publicada. Así pues esa historia permaneció alimentando mi imaginación hasta el día de hoy. Ya estando en la universidad, estudiando literatura, por supuesto que leí por primera vez la Comedia. Me zambullí de pleno en compañía de Dante y Virgilio en su paso por el Infierno y el Purgatorio, con Beatriz por el Paraíso. Llené las paredes de mi cuarto de esquemas de la topografía geográfica y moral de la obra.

Ya de adulta la volví a leer e hice lo mismo, porque nunca he logrado entender plenamente cuestiones como el que Satanás habitara en el centro de la Tierra. Por otro lado antes de leer la Vida nueva siempre me imaginé a Beatriz como una musa platónica, me parecía imposible que el poeta se desgarrara de esa manera ante una mujer de carne y hueso… Hasta que me enamoré y comprendí cómo uno se enamora a primera vista y ese amor le dura de por vida y puedes enfermarte con su ausencia y desprecio. Ahora releo la Vida nueva cantándosela a mi amor, estoy segura de que si él se enterara moriría de la risa.
Por otro lado, el mundo dantesco está continuamente presente en la vida cotidiana, desde el uso de la palabra “dantesco” hasta la idea a veces poco acertada del infierno que usamos cuando, aunque no hemos leído el texto lo conocemos de refilón, por oídas. Cuando tenemos un compañero que nos guía en nuestras aventuras y desventuras lo llamamos “Virgilio” y según sea el o los pecados que nos identifican personalmente nos mandamos unos a otros a algún círculo dantesco.

Otro motivo por el que Dante me ha interesado durante mi juventud y edad adulta está relacionado con la Edad Media y el Renacimiento. He pasado mucho tiempo cavilando lo que a mí me parece una pedantería como es el ponerle a las épocas históricas fechas concretas de inicio y término. Si buscas por ahí, te dirán que el Medioevo comienza en 476 con la caída del Impero Romano de Occidente y termina en 1492 con el “descubrimiento de América”. Me pregunto: ¿acaso la gente se durmió una noche de 1492 durante el Medioevo y a la mañana siguiente despertó en pleno Renacimiento? ¿Durmieron cubiertos por el “Oscurantismo” y despertaron a la luz de la época dorada? Y es que para mí, sin ser una erudita, Dante es aún un hombre medieval, si bien un genio que sentará bases en la transición en el cambio de ideas y formas de vida de la humanidad occidental.

Ahora, quiero contarles que estas semanas he releído un poco la Comedia en la edición de Cátedra, que por cierto tiene una interesante introducción. También, con el corazón estrujado he releído la Vida nueva, en una edición de Siruela, que de pilón contiene las Rimas de Guido Cavalcanti. Amigo cercano de Dante pero al que no dudó en desterrar cuando las cosas se pusieron peliagudas entre güelfos y gibelinos. Ya le tocaría al propio Dante sufrir el destierro, la confiscación de sus bienes y hasta el riesgo de la pena de muerte. También encontré otro libro editado por Siruela bastante interesante que me ayudó más o menos a entender la estructura del mundo dantesco.

Se llama “Los ojos de Beatriz” y está escrito por Horia – Roman Patapievici, quien después de hacer toda una serie de ecuaciones nos dice que: “… una hiperesfera, es decir, una esfera cuya superficie habría de ser un espacio tridimensional. En la descripción de Einstein el universo es una hiperesfera. Pues bien, exactamente lo mismo se puede afirmar sobre el universo descrito por Dante. Es una hiperesfera.”

Seguramente lo tendré que releer varias veces hasta entenderlo plenamente pero al menos a mí me explica que el mundo visible es un espacio diablocéntrico, mientras que el mundo invisible es un espacio teocéntrico. En fin, otro libro que he estado leyendo está editado por El Colegio Nacional y escrito por Antonio Gómez Robledo, se titula simplemente Dante Alighieri. Entre español, latín e italiano nos va narrando la vida de Dante, su obra, los conflictos políticos de la época y de pasada nos cuenta acerca de las diversas controversias y teorías de dantólogos. La verdad es que yo ni me imaginaba que existieran “dantólogos” o la “dantología”. Claro, los lectores poco exigentes como yo hemos leído Inferno de Dan Brown, que gira en torno a Florencia y Dante. O por qué no, El club Dante de Matthew Pearl, ambos bestsellers de venta en Sanborns. En estas novelas encontramos al chico guapo y erudito que en compañía de la chica sexy y también erudita resuelven un asunto de vida o muerte, en medio de sociedades especializadas en Dante, museos e infinidad de datos acerca de la vida del poeta que nos dejan deseando saber más; a mi parecer eso es lo más valioso de estas novelas, fuera de pasar un rato ameno espero que llamen al público en general a adentrarse en la obra y vida de Alighieri.

Es momento que les cuente un poco de lo que he leído estos días acerca de la vida de nuestro admirado Dante. Según Antonio Gómez Robledo, el poeta es bautizado como Durante Alighiero, en la ciudad de Florencia en 1265, a finales de mayo y principios de junio (no se conoce el día exacto). Muere el 14 de septiembre de 1321. El mismo autor nos cuenta que Boccaccio (uno de los primeros biógrafos de Dante) relata que un primero de mayo, el poeta florentino se encuentra por primera vez con Beatriz, ambos tienen nueve años de edad, a partir de ahí la buscará a toda hora y en todo lugar. En la Vida nueva, Dante nos cuenta que la volverá a encontrar nueve años después. Su señora del nueve le devolvía amablemente los saludos y Dante enmudecía, deliraba, lloraba de alegría. Hasta que Beatriz dejó de devolverle el saludo y el pobre enamorado cae enfermo alucinando y le llega la idea de que su dama morirá (no me parece un presagio ya que si hay algo cierto es que todos morimos). En fin, que Dante jamás tendría la oportunidad de llegar más cerca de Beatriz que con la mirada, pues su familia aunque de abolengo, estaba económicamente venida a menos. Folco Portinari, padre de Beatriz, la casó con otro banquero (Simone di Bardi), según correspondía a su estatuto. A los veinticinco años Beatriz muere y así se convierte en la motor perfecto de la vida y obra de Dante (Gómez Robledo, 17-19). ¿Qué hubiera pasado si Beatriz hubiera vivido hasta convertirse en una rolliza nona? Probablemente no gozaríamos de una de las cumbres de la literatura mundial.

Dante vive un duelo disoluto (la lujuria es su pecado) después del cual se consagra al estudio. Se une a la corporación de los médicos y especiales, de donde irá escalando en responsabilidades políticas para con la ciudad hasta llegar a ser Prior de las artes y por tanto parte del poder supremo de Florencia. Se casó con Gemma Donati, hija de una familia acaudalada, con quien procreó a Piero, Iacopo y Antonia. Su única hija se dedicó a la vida contemplativa religiosa como clarisa, bajo el nombre de Sor Beatriz. Sus hijos fueron los primeros comentaristas de su obra y biógrafos (Gómez Robledo, 24).

En el tiempo y espacio de Dante la política se dividía entre los partidarios del papa (Bonifacio VIII) y los partidarios del emperador; güelfos los primeros, gibelinos los segundos. A su vez los güelfos se subdividían en Blancos y Negros, los gibelinos en Secos y Verdes (Gómez Robledo, 41) Dante, güelfo blanco, vota por el destierro de los cabecillas negros aliados a Bonifacio VIII. La crisis viene cuando el papa envía una delegación a Florencia, encabezada por Carlos de Valois, hermano del rey de Francia, a todas luces para acabar con la independencia de la ciudad. Dante, Maso Minerbetti y Guido Ubaldini parten a Roma para negociar con Bonifacio VIII. El papa los invita a bajar la cerviz ante su voluntad y mandando a los otros dos de regreso a Florencia, mantiene a Dante en Roma. Cuando finalmente se pone en camino de regreso a su ciudad, se entera que sobre él se ha decretado primero el exilio y luego la pena de muerte. Aquí comenzará la azarosa vida errante, jamás en vida regresará a su amada y odiada Florencia (Gómez Robledo, 44-45). Toscana, Bolonia, Verona, Mantua, Venecia y Ravena lo reciben en la corte de los grandes señores y mecenas.

Dante político, filósofo y poeta sigue escribiendo en sus diferentes estancias. El Convivio, dice Gómez Robledo, es la primer obra dentro de la literatura italiana, de carácter científico–filosófico escrita en lengua vulgar. Su composición es mixta: poesía y prosa. Dante defiende el escribir el Convivio en lengua vulgar por su gran amor a su lengua materna y por hacer accesible al mayor número posible de conciudadanos la suma de sabiduría que planteaba desarrollar en su obra, la cual queda inconclusa.

La Monarquía, escrita en latín, obra donde desarrolla Dante su pensamiento político, los problemas concernientes a los poderes espirituales y temporales que gobiernan sobre los humanos. En palabras de Gómez Robledo: “En tres libros, de perfecto orden metódico, está distribuida la Monarquía. En el primero se pretende demostrar la necesidad, para la felicidad del género humano, de un Imperio universal. En el segundo, la predestinación de Roma, por decreto providencial, a esta función sublime. En el tercero, en fin, se define la autonomía del Imperio frente al Pontificado, las dos supremas instancias de las cuales dependen, respectivamente, el destino temporal y el eterno destino del hombre”.

Finalmente creo que hablar de la Comedia, la Divina Comedia, en este pequeño texto está de más. No puedo decir nada nuevo. Sabemos que inicia con el encuentro entre Dante y Virgilio, que atravesaron el Infierno y el Purgatorio juntos, que en el Paraíso terrenal Virgilio deja a Dante en manos de su señora, su bondadosa guía: Beatriz, para con ella hacer el último trecho hasta la presencia de la Trinidad y la Virgen María. Durante este peregrinar, Dante sitúa a personajes de su tiempo en los espacios de ultratumba que su caracterización amoral o moral merece. Así tenemos un bellísimo recuento de la historia medieval. Amantes infieles, papas simoniacos, gobernantes débiles, intelectuales soberbios, hasta santos, heroínas bíblicas, filósofos helénicos y doctores teologales nos cuentan sus vicios y virtudes. Encontramos a un Lucifer, intersección entre Infierno y Purgatorio, babeante, paralizado, triturando con sus tres hocicos a los tres máximos traidores que existen para Dante: Judas, Bruto y Casio, en monótono sin fin.
Dice Luis Martínez de Merlo, al final de su introducción a la Comedia en la edición de Cátedra: “Dante, por tanto, alcanza ya en el Paraíso toda o una parte de su propia identidad espiritual, se realiza ya en el completo aprender el misterio de las cosas que se han cumplido en este mundo por voluntad de Dios, y de las que se podrán desvelar al alma cristiana sólo cuando sea admitida a gozar los frutos de la beatitud celestial” (59).
Así pues, emerjo yo de estas semanas en compañía de Dante y sus obras. ¡Quién mereciera el honor de recibir su aparición espectral alguna noche!


Bibliografía citada y consultada:
ALIGHIERI, Dante. Divina Comedia. España: Cátedra, 2000.
La vida nueva. España, Siruela, 2003.

GÓMEZ ROBLEDO, Antonio. Dante Alighieri. México: El Colegio Nacional, 2005.

PATAPIEVICI, Horia – Roman. Los ojos de Beatriz. España: Siruela, 2007.

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