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Ciudad de México Año III Número XXXI Junio 2015

 

Editorial Junio 2015

Junio es el mes de la diosa Juno, aquella que fue la esposa de Zeus Júpiter. Ella se caracterizó por favorecer el matrimonio y la familia, en los bellos días griegos y romanos, únicos para la humanidad, irrepetibles. De esa deidad procede la tradición de que junio es el mes adecuado para casarse y procrear familia. Juno quería ver esposas y esposos, llenos de niños alrededor. Por fortuna, nada de eso tiene hoy sentido.

Sólo se casan los que cuentan con los medios para sostener una vida matrimonial, que es muy cara; aunque todavía hay quien se arriesga a lanzarse a tales aventuras, que por lo común concluyen en la total ruina económica y sicológica, y sé de lo que hablo.

Claro, Juno regía en tiempos donde todavía era posible formar hogares y familias, en un mundo sin mucha población y con gran espacio. Pero nosotros, que aún seguimos pagando las consecuencias de devaluaciones, despojos, deudas internacionales, y “errores de diciembre”, sin que los culpables de estos desastres, que todavía están vivos, hayan sido llevados a juicio, hemos tenido que renunciar a bodas y a hijos.

Sin embargo, cabe reconocer que no es un estado tan malo, pues hay tiempo para muchas cosas; para leer y escribir, por ejemplo, que es muy difícil cuando en casa exigen gasto, los niños ya no tienen zapatos, y las esposas se disponen a ir a la huelga si no se cumple con el sostén económico al que se comprometió uno. Por eso, mejor nada de compromisos. Y si bien es cierto que también hay gastos cuando uno está solo, es posible enfrentarlos, a pesar de todo. Mientras no se le ocurra al SAT un impuesto a los que no están casados, que creo que hasta lo han pensado esos malditos funcionarios de Hacienda, contra quienes llevo una intensa guerra desde hace treinta años.

Celebramos en este número de Ave Lamia de junio, los 750 años de uno de los más grandes poetas, el único que fue al infierno, al cielo y al purgatorio, y regresó para contarnos lo que ahí vio: Dante Alighieri, excelso como muy pocos.

Italia y el mundo entero están de plácemes, y es buena oportunidad para releer la Divina Comedia; o mejor todavía, para leerla en italiano, así sea en el ruidoso metro, en la cola de las tortillas, o en la sala de espera de los médicos de similares.

Y para los que gustan de la fiesta brava, que ya no son tantos, pero los que quedan son fieles hasta lo último, a pesar de que son mal vistos, se cumplen cien años del nacimiento de una de las glorias del toreo mexicano, el inigualable Faraón de Texcoco, don Silverio Pérez, posible pariente mío.

Luciano Pérez

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