Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año III Número XXXI Junio 2015

 

Eduardo Galeano
(1940 – 2015)
José Luis Barrera

Nunca ha sido suficiente escribir, ni ha bastado con llenar de palabras algunas hojas, para poder trascender en los anales literarios.

Y en esta época, con ayuda de editores y correctores, a muchas personas con cierta fama y que mínimamente aprendieron a leer y escribir, se les dice escritores; amén de las sagas literarias con contenido de fácil lectura para adolescentes acostumbrados a las respuestas pre construidas, hacen falta las letras con autoridad, las palabras que nos hagan pensar.

No pensar que el mundo será mejor por leer un libro, ni que la palabra escrita nos hará felices por decreto.

Hoy se trata entender que a partir de los tiempos caóticos y de la abyección propia de la naturaleza humana, se deben decir cosas con valor y combatividad que propongan el despertar de la conciencia.

Cabe decir que Eduardo Galeano (nacido en Montevideo, Uruguay, el 3 de septiembre de 1940), periodista y escritor, no sólo hacía pensar con sus escritos, sino que tenía la palabra precisa para dar con la pluma en la llaga social.

Habló siempre de situaciones que hacen enojar a la sociedad, pero con un estilo que hacía despertar la combatividad, el disgusto y el descontento para las condiciones siempre actuales, enfocado por supuesto en Latinoamérica (que conocía de sobra) pero con trascendencia mundial. Nunca concedió frases vanas ni triunfalistas, simplemente hacía señalamientos de sobra aguerridos.

Pero también hablaba de la mujer, del ser humano y sus aficiones, es decir de todo lo que nos rodea.

“Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo”.
Su íncipit de Las Venas Abiertas de América Latina nos deja una frase lapidaria, que nos deja ganas de seguir leyendo, no sólo ese libro sino toda su obra: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”.

Y de verdad nos va a hacer falta Eduardo Galeano cuando es tan necesario despertar del marasmo en que nos ponen los medios de comunicación para evitar que pensemos en rebeliones y protestas en contra de las clases del poder, quienes nos han pisoteado y nos seguirán pisoteando de manera descarada mientras no exista un solo ápice de descontento consensuado, en donde una mayoría levante la mirada del televisor y piense en lo que está pasando.

Cuánta falta nos harán los artículos, entrevistas y conferencias que daba Eduardo Galeano. Cuánta falta hacen las mentes brillantes en las rebeliones sociales, los referentes de la conciencia, del descontento y la protesta.

Ahora corresponde aceptar de buen agrado la herencia dejada por Eduardo Galeano en nuestra mente y en nuestros corazones, anquilosados de tanta mercadotecnia. Quedarnos con sus enseñanzas y con su obra, para abrir los ojos de más personas que aún siguen idealizando a sus héroes televisivos, y que aún están bajo las cadenas idiotizantes de los noticieros comerciales y oficialistas.

Nos va a hacer falta un Eduardo Galeano para contrarrestar la labor destructora del intelecto de Carlos Loret de Mola, Jorge Zarza, Joaquín López Dóriga, Javier Alatorre, y todos los demás “televisos” y “aztecos” que sirven como engranes de la enajenación televisiva en pro de los poderes políticos y fácticos.

Nos va a hacer falta Eduardo Galeano para poder escucharlo, pero siempre tendremos sus libros y sus artículos a nuestro lado para abrir la mente y protestar, para hacer crecer la rebelión desde nuestro interior.

“...Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez...”

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