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Ciudad de México Año III Número XXXI Junio 2015

 

Günter Grass
(1927-2015)
Loki Petersen

Abril, y no octubre o noviembre, es el mes de los muertos. Y muerto está quien de adolescente pudo ya estarlo, al ser lanzado como soldado a la catástrofe bélica, a la que sobrevivió cuando la embestida soviética pulverizó a Alemania en 1945.

Günter Grass nació el 16 de octubre de 1927 en Danzig (de donde también era originario Schopenhauer), ciudad a la que tanto quiso y a la que después de la guerra ya no pudo volver, salvo como turista, pues dejó de ser alemana al serle entregada a Polonia como compensación.

El joven Grass, luego de ser liberado del campo estadounidense de prisioneros, decidió vivir en la parte occidental de Alemania, en distintas ciudades, para dedicarse a la escultura.

Años después se estableció en Berlín. El conocimiento tan temprano que tuvo de las destrucciones ocasionadas por la política, lo hizo particularmente sensible a los hechos de la vida y de la historia. Entonces se hizo escritor, para no permitir que los alemanes olvidaran lo que ocurrió en la guerra y sus consecuencias, en las décadas en que se apostó más bien al olvido de lo sucedido.

Alemania no quería recordar, pero Grass, con sus feroces y contundentes palabras, estaba ahí como la conciencia que no deja en paz.

Y eso son sus libros, un constante rememorar de lo que los alemanes perdieron por culpa propia. El tambor de hojalata, Gato y ratón, Años de perro, El rodaballo, La ratesa, El encuentro en Telgte, y tantos otros más, exponen la insobornable visión crítica y artística de Grass, que lo convirtió en políticamente incorrecto para una Alemania que se solazaba en sus éxitos ya no militares sino ahora económicos, señal de que el país estaba de pie otra vez, así fuese dividido.

A este respecto, Grass veía con mucha compasión a los alemanes del Este (no a sus insensibles gobernantes), por ser quienes con sus privaciones sufrían los efectos de la guerra perdida, mientras que los ricos alemanes del Oeste disfrutaban de libertad y prosperidad. Se opuso a la reunificación, pues más bien deseaba una confederación entre ambos países germanos.

Las naciones necesitan escritores como este gran narrador y ensayista, que estén picando sin cesar a sus conciudadanos para que no se duerman, para que estén alertas cuando hay señales de que las cosas no van bien, y que tienen que ser planteadas y resueltas en vez de hacerlas a un lado.

Que el tambor de Oskar Matzerath suene una y otra vez para que no nos dejemos embaucar por los conformistas que se empeñan en convencernos de que nada va mal, de que vivimos mejor que nunca, de que no vale la pena cambiar dado que todos estamos bien.

Pero nada de eso que nos dicen es cierto, así que los redobles de Oskar habrán de apagar ese optimismo tonto y sin sentido. Grass, que ganó el Premio Nobel de Literatura y el Premio Príncipe de Asturias, ambos en 1999, murió el 13 de abril de 2015.

Descanse en paz quien tan combativo se mostró a lo largo de su vida.

Pero que no descanse jamás el tambor, así que, Oskar, dale y dale sin cesar, que nadie esté en paz sino hasta que las cosas se remedien para bien del mundo. No importa si tengas que tocar para siempre.

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