Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año III Número XXXIII Julio 2015

 

Reflexiones del hijo maricón
Tercera parte
Enrique Soria… Dr Jeckil

4

memorias de la rabia bajo un cielo casi hiriente

donde las leyendas de un lugar mejor

y tiempos bienaventurados

escarban lo mejor

o menos peor de mí

donde el duelo es permanente sin razón

y el maldito ataque depresivo

me devuelve poco a poco

hasta el lugar de inicio.

la hoja en blanco

donde nada importa sino el frio

y el calor que hoy me hace falta

la leyenda

de aquellos que lograron ser felices.

lo imagino,

y de nuevo yo

enredado

en aquello que pude y no tuve..

– una línea

la siguiente

y la que sigue

y la final

ya pasó…

cuando acabo

y hay un verso afortunado en el papel

y jodido en sus raíces…

sólo queda ahí tumbado

este costal de huesos que mañana

perdido en sus indigencias de cariño

pomposamente se levanta entre la gente

y se atreve a decir

"mírenme todos:

señores biencasados

buenos hijos

con amigos

sin alcohol entre sus venas

sin derrotas

sin un padre muerto

sin sus sueños juveniles derrumbados

sin temores

ni suicidios en su mente…

hagan caravanas

les habla un escritor


5

ni siquiera te gustaba la poesía,

al menos no la mía.

y ni siquiera la leíste

y yo retando a mis demonios

para hacerte un homenaje

que a veces creo

ni siquiera estas pidiendo.

que poco nos conocimos

por miedo a descubrir

que al final fuimos iguales.

pero tú no hubieras aceptado

que tuviste las mismas tentaciones que yo tuve,

ni yo te daría el gusto de saber

que las vencí

como en su tiempo tu lo hiciste.

como me falta verte cada sábado

para contarte que hice algo

que jamás tú intentarías,

o que hice lo que tú

hubieras hecho en mi lugar.

(los puntos medios no importaban)

y ya no estando conmigo,

me siento libre de arriesgarme a ser quien soy

sin importar si te despierto

orgullo o furia.

sin tu mirada de “ya ves”, cuando fracaso,

y sin temor a tu silencio si estoy bien.

te prometo pues,

que no seré con mi muchacho

como fuiste tú conmigo,

ni seré como quisiste ser,

ni lo que odiabas mas.

ahora soy yo

sin pensar en gustarte,

o en enfermarte más.

sólo llevaré de herencia

la maldita enfermedad que te mató,

el alma musculosa que cargabas,

y ese amor lleno de miedos a mamá.

lo demás

no venía de ti,

era mi imaginación,

cuando te trataba de gustar.

ahora lo entiendo

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