Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año III Número XXXIV Agosto 2015

 

Lamento de quien inicia la semana
Mario Bravo

Lunes y el café de la mañana guarda un sabor a días pasados, como si en esa taza color verde se hubieran alojado por años aquellos besos tuyos, aquellos labios partidos a causa del frío de noviembre, aquellos susurros en donde me decías: “Todo irá bien, ya verás”.

Lunes y los pasos que doy me parecen muy similares a quien camina sobre campos de flores, intentando no pisar las pocas imágenes de gloria personal que me ha deparado la vida. Lunes y mis fantasmas deciden acorralarme contra la pared, amenazando con abrir la caja de Pandora para que de ella emanen dolorosas despedidas nuestras.
Lunes y al mundo le cuesta amanecer. Lunes y leo en la biblioteca, mientras veo a esa pareja que perdidos en un beso, me recuerdan que una boca sin besos, no es boca.

Sí, es lunes, y recuerdo de repente que a Machado le encontraron en su abrigo, justo el día en que murió, un último verso que escribió: “Estos días azules y este sol de la infancia”. ¿Quién podría hallar en mi abrigo algunas líneas que dijeran algo sobre mi muerte o mejor, sobre mi vida? ¿Acaso no he muerto ya cuando visité los mismos cafés, los mismos parques y las mismas camas de hotel sin ti? Si alguien –precisamente hoy– se preocupara por revisar mi abrigo, encontraría que en el bolsillo cercano al corazón escrito está: “Estas eternas lágrimas y este lunes maldito”.

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