Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año III Número XXXIV Agosto 2015

 

Lupe
Hosscox Huraño

Hoy, que estamos en el día más importante de tu vida mortal, hago una oración a la gracia del Palo Mayombe. Ya estoy contando lo que tenemos que usar para el rito antes de que termine el miércoles de ceniza. Tu piel ha sido cuidadosamente estirada, sólo se le han hecho los cortes exactos para que escurra la grasa que atrae a las moscas.

Todos hemos besado el ojo del culo del sacerdote, y tu papá mezcla su semen con tu sangre para mojar las hostias. La luna está en cuarto creciente y es la época en que se encara a la órbita de Venus. Tu mamá se ha rasurado el coño porque hoy será violada por nuestra hermandad.

Mirando tus ojos encuentro la quietud, tan fría e innavegable como el Mar de los Sargazos. Parece imposible, pero después de tantos años llegamos al lugar donde querías. No sé si sea prudente agradecer el hecho de que, por ti, yo esté aquí. Es extraño recordar las veces que tenías que perseguirme para que yo viniera. En esos días sólo asistía por la devoción que me provocaban tus nalgas al mirarte caminar. Nunca tomé muy en serio aquello de guillotinar pollos y echarse la sangre caliente encima. En realidad, eso me provocaba una risita interna, y más cuando se ponían en trance, daban alaridos y bailaban luego como perros sarnosos. Pero como yo tenía la firme intención de endosar cada uno de los pedos que pudieras expeler, también yo le entraba al bailongo.

Lo chingón era cada campamento cósmico que hacíamos en los solsticios, cuando nos untábamos esa brea apestosa que nos ponía hasta la madre por tres días.

Quizá lo desagradable eran las orgías en el pasto, yo siempre terminaba raspado, lleno de piquetes de mosco y con un resfriado de antología.

Quién sabe cuándo empecé a creerme realmente esto del satanismo, dudo que haya sido alguna influencia cultural, es cierto que me influyó el rock, tal vez fue por las drogas, o por las orgías, o porque no tenía otra cosa que hacer y tu culo me gustaba demasiado.
Y al final de cuentas, nunca aflojaste.

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