Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año III Número XXXVI

Especial de Terror

 

Miedo
Hosscox Huraño

I
Hermano, tengo mucho miedo, me voy a morir. Hermano, de verdad que me voy a morir.
El otro día estaba en la parada del camión y se acercó un niño para pedirme que le atara las agujetas; me causó una sonrisa tanta desfachatez, y cuando me incliné para hacerlo, no tenía pies. Sentí un frío que me quebró por dentro, me reí sin saber por qué y luego sentí que un hoyo negro empezó a progresar en mi cabeza.
Cuando camino siento su presencia, como que me espía, y entonces como que me quiero echar a correr, pero no sé adónde, no tiene sentido, no lo conozco, no tengo ni la menor idea de dónde viene o por qué me sigue.
Estaba con Claudia en el hotel, me iba a pagar una apuesta, llevé los látigos, dildos y pastel, la tenía ya bien amarrada y dispuesta, le solté el primer latigazo, y el puto escuincle me agarró el culo, sentí su fría y pequeña mano picándome el fundillo; grité y me puse a reír como loco, me fui de la habitación y dejé amarrada a Claudia. Ella ya no me habla. No me responde los mensajes y no sé cómo se liberó del desmadre del hotel.
No sé rezar, no sé de santos o brujas, de maldiciones o amuletos; como te acuerdas, madre se volvió atea desde que nacimos, y lo más mágico que nos inculcó fue la televisión de cable. Sé que el demonio es el sexo, y la miseria el infierno. Pero hasta ahí.

Esa aparición sin patas la enfrento, cuando empiezo a percibir el frío, sé que ya viene, que me acecha, le miento la madre en voz alta, que se vaya mucho a la chingada; miro el piso bajo la cabeza y trato de mantenerme firme. Los vecinos me rehuyen y ya no me hablan.

Nunca había sentido tanto miedo, es como algo amarillo, pestilente, frío y asqueroso como la baba de nopal podrido; he leído al respecto de las apariciones y me confunden más.
Fíjate que el doctor de similares me cobra 30 pesos por la consulta y dice que tome pasiflora, que es sólo té de flores de azahar.
Fui con el psicólogo, y me cobró 150 para decirme el muy ojete que es ansiedad y culpa. Ya quisiera ver al güey ese enfrentándose al ánima sin pies.
Pregunté con una santera y me quiere cobrar 500 pesos por cada consulta semanal durante 3 meses.
No sé si la cura es peor que el mal.
Ahora siento cómo se me sube en el pecho cuando me recuesto, no me puedo mover y me falta el aire, ya no sé si estoy despierto o dormido, me recuesto en un lado y aparezco en otro; ya no regreso a casa, me quedo en la calle, en avenidas o parques, pero aun así, siempre despierto en otro lugar.
Me cuesta mucho dormir, comer, pensar, me corrieron del trabajo y sólo me quedas tú para ayudarme, hermano. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?

 

II
Mi hermano se esfumó, sólo dejo unas palabras, unas ideas inconclusas y extrañas, ahora sólo es una petición desesperada en una contestadora. No era un mal hombre, quizá tuvo mala suerte, o no sé, lleva más de un año desaparecido.

No me gustaba verlo, era retraído y poco sociable, le conocí una novia pero murió en el accidente que tuvieron; fue bastante grave, con su auto tuvo una colisión, y cercenó las piernas a un niño que esperaba el camión en la acera. Su novia murió desnucada al quedar volcado el auto. Él estuvo como un mes en coma, y lo poco que mis padres tenían para su vejez se fue en pagar abogados y daños a la nación; los muy palurdos abogados decían que lo bueno es que no había quedado nadie lisiado, y los muertitos eran más baratos. Mi hermano no pisó la cárcel ni tuvo líos con los familiares de los muertos; nosotros resolvimos todo, pero él no quedó bien, se le notaba, lo veía, su mirada, su silencio.
Su desaparición para mí fue como cuando corren a un conocido del trabajo, no más.

Me llamaba mucho por teléfono, a veces contestaba, hablaba raro, balbuceos, incoherencias, me daba miedo lo que me decía y cómo me lo decía, agolpado, seco, como si fuera verdad su delirio; además no quería comprometerme, hacerme cargo de él.
Terminé por no contestar sus llamadas.

Mayo 29 2015

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