Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año III Número XXXVI

Especial de Terror

 

La mujer perfecta
Claudia Contreras

“¿Te has dado cuenta que las mujeres chichonas no tienen culo? Es cierto, mi amiga Roberta no tiene culo pero yo tengo ambos”. Esta conversación la escuché en un vagón del metro.

Fue cuando tomé conciencia de mi afición por las mujeres tetonas y culonas, las cuales son muy escasas de encontrar porque son perfectas, y el ver que esa mujer que yo esperaba difícilmente llegaría a mi existencia, decidí crearla, una muñeca hecha a medida: silenciosa, con la inteligencia para escucharme, y con la educación para no interrumpirme mientras hablo; el físico bueno, es fácil de adivinar: chichona y culona. Para lograr mi empeño decidí relacionarme en círculos intelectuales, pero me encontré con que las mujeres atractivas brillaban por su ausencia, especialmente porque muchas de ellas eran feministas con cuerpos masculinos o pretendían cargar sus ideales en cada acto de su vida incluido su guardarropa, el cual impedía adivinar o imaginarse siquiera si debajo en realidad había una mujer.

O un hombre disfrazado de mujer, por lo que olvidé mi idea de tener una novia culta, y entonces decidí frecuentar los círculos científicos porque la novia que yo deseaba podría ser quizás fea, no muy culta, pero si inteligente; sin embargo, me encontré con otro problema: muchas de estas mujeres no deseaban relacionarse con alguien como yo, y ante tal rechazo decidí tomarlas. Sí, así como lo oyen: ¡Tomarlas! ¿Qué sentido tenía cortejarlas?

En realidad dudo que quisieran vivir todas juntas por su propia voluntad; aún recuerdo a la pelirroja a la cual perseguí a la distancia en aquel parque en Chicago; era verdaderamente suculenta, el movimiento de sus caderas remataba en un culo redondo y firme. Sin embargo, ¡vaya decepción! ¡Su pecho era completamente plano! Más adelante pude observar una rubia de un hermoso rostro y unos senos monumentales, pero carente de culo; esto se volvió una constante conforme observaba más y más mujeres en los diferentes lugares del mundo a los que mi trabajo me obligaba a viajar.

Entendí entonces que mi meta tendría que sufrir algunas modificaciones, debía definir primero qué color de piel tendría la mujer que deseaba crear; la realidad es que las mujeres negras no me gustan en lo absoluto, y tampoco las asiáticas, que son hermosas pero muy delgadas; sólo latinas y anglosajonas.

La primera en caer en mis manos fue la profesora de inglés de mi hermano mayor, me la presentó en una fiesta de cumpleaños y al verla me di cuenta que con las tetas que ostentaba bien valdría la pena el esfuerzo; la secuestré, pero sabía que no podría mantenerla mucho tiempo oculta, por lo cual decidí secuestrar también a la maestra de baile que me había presentado una compañera de trabajo, una mujer muy hermosa de rasgos latinos y poseedora de un hermoso culo. Por último invité a mi novia a mi casa; sí, yo tenía novia de un hermoso rostro, inteligente, culta, controladora y profundamente frígida.

La conocí en la biblioteca, en la cual realicé investigaciones médicas para el procedimiento que realizaría y pasó a formar parte de mi propósito: ¡Crear a la mujer perfecta! Sabía por lo aprendido en los libros que estudié que lo más difícil sería desprender los miembros del cuerpo, especialmente la cabeza.

Ya comenté que mi novia tenía un rostro muy hermoso y quería conservarlo, así que corté su cabeza con una sierra que previamente había comprado en un viaje a Miami; lo mismo hice con la parte alta del tronco de la maestra de inglés y también con la parte baja del tronco de la maestra de baile, y así formé a mi mujer ideal: bella, inteligente, chichona y culona, además de silenciosa; me escucha sin respingar y tengo sexo a libre demanda, ¡vivo en la felicidad más absoluta!

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