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Ciudad de México Año III Número XXXVI Octubre 2015

 

Esto que tú ves sobre mi cráneo
Adán Echeverría

no es más que un vulcanizable espejismo de la noche
el pan de cada día que me encanta despreciar sobre los montes
porque no hay mejor lugar para esconderse que la madrugada
Conocí a tu madre un día sábado por la tarde
Tenía que ser sábado porque la prisión era de hielo
y yo movía los bigotes sobre las carcajadas
Tenía que ser sábado porque los sábados dios descansa
y los que tenemos el diablo adentro
nos da por la calle la desesperanza y los aullidos
Querida Diana
esos sábados siempre tu madre y yo nos apretábamos hasta fundirnos la médula
Querida
Querida Diana
hay un rompecabezas que aún no podemos armar
tiene aviones edificios y sueños dibujados encimadas huellas
Los caracoles del tiempo se agitan se agitan sobre las almendras
y tú
en el sueño del agujero
en el tobogán
acá todos los gusanos iridiscentes
allá son los martillos los únicos que perviven
y el cristal Diana el cristal con que reconocí esos sus ojos grises
esa su furia de pantera blanca que caminaba sobre mis labios

Fueron siete u ocho años que nos despedazamos
y el brillo de sus ojos tenía un no se qué de masoquismo
el humo era blanco
porque es blanco el humo siempre que se juntan los enamorados
y tuvo que ser así
el gusanito creció hasta volverse un cuadro de Tiziano
que jamás pude encontrar en las librerías de Mérida
un cuadro de algún poeta joven
que no pude encontrar en las infinitas antologías que compartimos
un verso un caballo
un verso un perro ciego
y las moscas
fueron las moscas el refugio
nuestros dedos amarillos de tabaco
y el pan que siempre despreciamos en el amanecer
tuvo que ser así
era un sábado cuando yo leía esos poemas de Darío
y ella puso su bota sobre mi cráneo
el oído me brincaba tanto que estuve a punto de caer de los tejados
pero un palmo de sangre se metió en mi nervadura
y hoy estás acá
en la cima del sueño
y estos duendes míos te contemplan extasiados
estos duendes
lo sabrás cuando los veas y te reconozcas en sus ojos
así fue querida Diana
todo tuvo que ser así
lo dijeron los mantras
que una vez quisimos construir sobre otros cuerpos
pero no
que el carromato se viene se viene se está pasando
y el río sangra
la noche llueve
el día es un espejismo en que nos sigues contemplando
este es mi peine primaveral
esta mi cafetera
acá el barniz de uñas seco el lápiz para las cejas
no te olvides del vestido azul pequeña
acá te esperaré con mi cuchillo en el cinto
y mi corazón en la mano
dispuesto a dar por ti la vida

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