Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año III Número XXXVI Octubre 2015

 

25 años de la reunificación alemana
Loki Petersen

Cuando en 1945 finalizó la Segunda Guerra Mundial, los vencedores ya habían decidido desde un año antes que el Reich alemán, una vez derrotado, sería dividido en cuatro zonas: una administrada por la Unión Soviética (la parte central del país), otra por los Estados Unidos (el sur), otra por la Gran Bretaña (el oeste), y una más por Francia (el suroeste). Durante unos pocos años fue así, sin que los alemanes contasen con un gobierno propio; estaban más ocupados ellos en reconstruir todo desde los escombros, y en procurarse alimentos, que entonces eran desesperadamente escasos. La idea original angloamericana (el Plan Morgentau) fue la de impedir que Alemania volviese a tener una economía próspera, para que no pudiese ser de nuevo una potencia militar. Y es más, de acuerdo a ese plan, concebido por el secretario estadounidense del Tesoro, Henry Morgentau, los alemanes se convertirían en un pueblo de pastores, viviendo de sus rebaños de vacas y borregos, sin recibir ningún tipo de ayuda. Esto como castigo por haber hecho la guerra y por el exterminio de los judíos.

Las provincias alemanas orientales, que existían desde la Edad Media, desaparecieron: Prusia Oriental le fue entregada a Rusia, y Pomerania y Silesia se hicieron polacas. Entonces, la población alemana que se asentaba en ellas fue ignominiosamente expulsada. Y también a todos los alemanes que desde generaciones atrás vivían en Checoeslovaquia, Rumania, Hungría, Polonia, Yugoeslavia y los países bálticos, se les echó fuera. Este movimiento migratorio fue penoso, y doce millones de personas tuvieron que asentarse en una Alemania que no conocían, ocupada por rusos y Aliados, lo que hizo aún más difícil la situación, pues gran parte de las ciudades estaba en ruinas, y la gente superviviente, en su mayoría mujeres y niños, vivía en cuevas, sótanos, casas derrumbadas y campamentos.

La URSS desmanteló casi por completo las industrias instaladas en su zona, e inició el proceso de imponer en ésta un sistema político y socioeconómico de corte soviético. En las zonas occidentales se hizo evidente que el Plan Morgentau era irrealizable, y por el contrario fue sustituido por el Plan Marshall, el cual proveía de dinero estadounidense para que los países afectados por la guerra se recuperasen, y se incluyó a Alemania. Los alemanes contarían con industrias, tanto para el pago de reparaciones a las naciones que invadió el ejército alemán, como para el consumo interno; era en la zona británica donde se hallaba la rica cuenca del Ruhr, y ahí la producción de carbón y acero tuvo que reactivarse, lo cual fue mal visto por los rusos, los cuales no aceptaron recibir la ayuda del Plan Marshalla, ni para ellos ni para las naciones que la URSS ocupaba tras de lo que se llamó la Cortina de Hierro.

La Guerra Fría se había iniciado, pues los desacuerdos entre soviéticos y Aliados se hicieron cada vez más notorios, y eso afectó a la ocupación del antiguo Reich, pues se fueron creando dos países alemanes diferentes y opuestos: el comunista de la zona rusa, y el de las otras tres zonas, y estas últimas se compactaron en una, afín al capitalismo. Los prisioneros de guerra regresaron a Alemania, y serían la mano de obra que se requirió para la reconstrucción. Por otro lado, se efectuaron elecciones para elegir lo que serían dos gobiernos alemanes, y así fue que para 1949 fueron proclamadas: del lado occidental, la República Federal Alemana (RFA o BRD, con capital en Bonn), y del lado ruso la República Democrática Alemana (RDA o DDR, con capital en Berlín Oriental). Y cada una pudo contar con su propia fuerza armada, la del Oeste de acuerdo al modelo estadounidense, y la del Este al soviético.

Durante un poco más de cuarenta años, hasta 1990, hubo dos Alemanias, y en ese lapso ambas, sobre todo la Federal, prosperaron y lograron un buen nivel de vida para sus habitantes. Los alemanes occidentales enriquecieron, mientras que los orientales, si bien no fueron ricos, vivían mejor que la población de los otros países comunistas. Así que la BDR y la DDR crecieron mucho y lograron hacerse de un respetable lugar, no sólo en Europa sino en el mundo entero. Sin embargo, en la DDR había un grave problema: la falta de libertad para sus ciudadanos. Éstos vivían encerrados dentro de sus fronteras, sin poder salir de ellas. Había insatisfacción, que se dio a saber en el levantamiento de Berlín del Este en 1953, que fue duramente reprimido por las autoridades germano-orientales, auxiliadas por los rusos. Dicho problema se agravó más con la crisis que llevó a la construcción del muro berlinés en 1961 (Berlín en un principio, como todo el país, también fue dividido en cuatro, y luego en dos zonas). Con ese muro fue ya imposible el paso de una zona a otra, y el gobierno de la DDR se justificó bajo el argumento que lo había edificado para defender a su gente de la perniciosa influencia del capitalismo de la otra Alemania. Por lo tanto, los habitantes del Este fueron sometidos a estrecha vigilancia para que no se escaparan, y para ello se utilizó una fuerza policiaca semejante a la Gestapo, la Stasi.

Ambas Alemanias, aunque tenían una lengua y una cultura en común, se veían con hostilidad, dadas sus diferencias políticas y económicas, y por lo tanto una reunificación entre ellas tenía que ser una imposibilidad. Sobre todo porque el régimen de la Alemania Oriental estaba fuertemente apoyado por la Unión Soviética; y mientras, la Alemania Occidental se convirtió en una de las mayores potencias capitalistas junto con los Estados Unidos, la Gran Bretaña y el Japón. Por lo tanto, no había ninguna perspectiva de que Alemania volviese a ser una. Muchos estábamos resignados a ello, y de hecho disfrutábamos de los beneficios de que hubiera dos países germanos, así que adquiríamos las magníficas ediciones bibliográficas de las dos partes; y seguíamos las hazañas deportivas, tanto las de Franz Beckenbauer y su selección germano-occidental, como las de la patinadora Katie Witte de la otra República. Nuestros sueños iban de Bonn y Munich a Dresde y Leipzig, siempre en torno a Berlín, en una devoción dual que sabía no factible la unidad germana.

Y entonces ocurrió lo inesperado, pues en la historia nada es definitivo. La gente de Alemania del Este, ya en los años ochentas, se sentía desesperada por las muchas restricciones a su libertad, y se dieron movimientos de protesta en varias ciudades, que al gobierno de Honecker, el premier de la DDR, le fue cada vez más complicado reprimir por lo masivo de las manifestaciones. Y el reclamo mayor se dio en Berlín, pues ahí la herida del muro estaba a la vista de todos. En 1989 llegó a ser grande el reclamo, tanto así que mucha gente huía a Austria y Checoeslovaquia, por lo que las autoridades de la DDR tuvieron que permitir el paso de los berlineses del este hacia el oeste, algo que antes era impedido a tiros. Esto no pudo ser hecho sin la anuencia del premier ruso, Gorbachov. Honecker fue derrocado, y surgió un nuevo gobierno que no pudo evitar que el muro, en el mes de noviembre del año mencionado, cayera, ante el júbilo de los berlineses de uno y otro lado, y por supuesto que también de todos los alemanes y del mundo entero. Se trató de la primera revolución exitosa de la historia alemana, y sobre todo que fue pacífica y realizada por la propia gente de manera espontánea.

Hasta ahí todo bien. Mas no esperábamos que aún faltaba un paso todavía de mayor trascendencia: la reunificación. Muchos alemanes del Este mostraron su anhelo de formar parte de la otra República, y como la DDR perdió el apoyo ruso, se vino abajo y su economía tuvo que ser auxiliada por la Alemania Federal. El canciller de ésta, Helmuth Kohl, partidario de la reunificación, recorrió la Alemania Oriental para acrecentar las simpatías de ésta en pro de la unidad. Los Estados Unidos y la todavía Unión Soviética no se opusieron a que Alemania llegase a ser una de nuevo, y llegó así el 3 de octubre de 1990, cuando por fin se logró lo que parecía imposible: la DDR despareció, y su territorio y habitantes pasaron a integrarse a la República Federal. Fue bueno haber vivido para presenciar tan magno acontecimiento. En adelante, cada 3 de octubre se celebra como el Día de la Unidad Alemana.

Han pasado ya 25 años de la reunificación alemana, y Berlín volvió a tener el rango de capital que perdió luego del fin de la guerra. No fue fácil al principio, pues al lado oriental le resultó complicado adecuarse a la economía capitalista de Occidente, e incluso hubo gente que se sintió arrepentida de que se hubiera liquidado a la DDR, pues los apoyos sociales que aquí se recibían fueron desapareciendo. “¡Devuélvannos nuestro país!”, se quejaban algunos nostálgicos, que veían mal el que las empresas del Oeste se apoderasen de todo, y se dieron problemas de desempleo. Mucho de éste fue debido al atraso tecnológico de los empleados del Este con respecto a los del Oeste. Sin embargo, había libertad, y con los años todo se fue resolviendo, y hoy la unidad es firme. Así que ya no tendremos que sufrir como cuando el Mundial de Futbol de 1974, cuando se enfrentaron las selecciones de una y otra Alemania, y nos vimos en el dilema de que queríamos que ganaran… las dos.

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