Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año III Número XXXVI Octubre 2015

 

El Super Agente 86 (Get Smart)
José Luis Barrera


Uno de mis programas de comedia favoritos es El Super Agente 86, nombre que se le dio en México al programa Get Smart, una serie que para mayor curiosidad inició sus transmisiones ocho días después de mi nacimiento, es decir, el 18 de septiembre de 1965. Este programa norteamericano era una parodia de las películas de espías que tantos adeptos tienen en los Estados Unidos (que siempre necesitan de un enemigo extranjero del cual defenderse). El personaje principal era Maxwell Smart, el agente 86, y su compañera de aventuras y de amores la agente 99 (cuyo nombre no se sabe a ciencia cierta, pero en un capítulo Smart la nombra como Azucena Hilton), y que eran interpretados por Don Adams y Bárbara Feldon respectivamente.

Esta serie, producida por Mel Brooks (de quien, aparte de esta serie, sólo he visto una desafortunada película: Young Frankestein, una comedia bastante malograda) y Buck Henry, con una propuesta de Daniel Melnick, quienes deseaban sacarle partido a dos importantes personajes del género de espías: James Bond y el inspector Clouseau. No obstante que los norteamericanos gozaban de la comedia simplona, como la de Jerry Lewis y la de Los tres chiflados, este programa gozaba de un humor más elaborado, en el cual se burlaban no sólo de sus antagonistas alemanes, parodiando a la KGB con la organización Kaos, sino que también hacían mofa de la propia CIA, representada en el programa por otra organización de nombre Control. En medio de dos organizaciones plagadas de gente poco hábil, Maxwell Smart lograba siempre el éxito gracias a su gran fortuna (siendo serie americana la suerte era obvio que iba del lado gringo). Eran alemanes en el doblaje al español, pero en el original se trataba de una agencia de espionaje de Europa del Este en general, donde había alemanes orientales, rumanos, rusos, etc.

El antagonista casi siempre era Conrad von Siegfried, de Kaos, al que sólo se le conocía por el apellido, y era tan tonto como sus subordinados; sin embargo la organización de espionaje norteamericana Control no quedaba a la zaga, y haciendo recuento tan sólo basta recordar al torpe secretario del “jefe”, de nombre Larabee, y los agentes 13 y 44 que siempre están escondidos en lugares tan inverosímiles como un sofá, una máquina expendedora de cigarrillos, o un buzón, que no gozaban de gran inteligencia.

También recuerdo (ahí sí con desagrado) el desafortunado capítulo llamado “Tequila Mockingbird”, en donde imperan los famosos clichés antimexicanos de la industria del entretenimiento norteamericana, ambientado en un pueblo supuestamente mexicano de nombre “Pocas Pulgas” , que más parece un poblado del viejo Oeste, con una cantina muy western en donde una “bailarina de tablao” toca las castañuelas (la que es una agente de Control que manda señales de morse con estas mismas), a la par del clásico mexicano sombrerudo y dormido a pleno día. Aún con este capítulo, que no me gustó nada, la serie rescató la comedia de enredos que parodiaba al ícono de la industria norteamericana: James Bond (el cual por cierto nunca me gustó).

Sin embargo, siempre se hacía burla de los agentes norteamericanos, cuya torpeza iba a la par de la de sus enemigos. Sólo cuatro personajes, por supuesto de Control, se salvaban de ese estigma de ineptitud en el programa: “el jefe” (quien en un programa supimos que se llamaba Thaddeus), “la 99”, así como un perro de nombre “Colmillo” y “Hymie el robot”. La única diferencia entre americanos y alemanes era que los primeros siempre corrían con suerte, ya que ambos cometían chuscos errores que ponían en riesgo las misiones. Evidentemente nunca iban a ganar los alemanes porque no dejaba de ser una suerte de alusión a la bondad de los “gringos”, en contra del abyecto proceder de su némesis, la organización Kaos.

En otro de los capítulos, la burla es mayor, porque la organización Control sufre por la crisis económica, motivo por el cual tendrán que hacer muchos recortes económicos, con lo cual Maxwell Smart se queda sin su famoso “zapatófono”, y de igual manera muchos de sus ingeniosos inventos para su labor de espionaje tienen que ser eliminados, junto con su inventor de nombre Carlson. Inclusive las famosas pastillas que utilizaban para suicidarse en caso de caer en manos del enemigo son sustituidas por una soga y un banquito. Entre los muchos inventos que tenían no suprimieron el famoso “cono del silencio” que nunca servía, aunque el 86 se empeñaba en usarlo pese a la renuencia del jefe.

El programa tenía el riesgo de no ser bien visto, desde el punto de vista de que era parodia de una organización tan importante en los Estados Unidos, como lo es la CIA, pero por supuesto que lo que permitía la aceptación del público y la siempre férrea censura norteamericana era que, no obstante la ineptitud de la mayoría de los miembros de Control, siempre terminaban victoriosos.

El éxito se debía, en mucho, gracias a la vis cómica de Adams, motivo por el cual la última película sobre el super agente, protagonizada por Steve Carell en 2008, no tuvo el éxito que llegó a tener la serie sesentera.
Get Smart duró cinco años, periodo durante el cual fue merecedora de siete Premios Emmy, y dos Globos de Oro. La popularidad de esta comedia de situación ambientada en la época de la Guerra Fría, fue tal que se ha retransmitido en múltiples ocasiones, aun en épocas recientes.

La serie fue transmitida originalmente por la NBC, y su último año pasó por la cadena CBS, terminando transmisiones el 11 de septiembre de 1970. De hecho debo decir que para cuando terminó el programa, yo aún no sabía de su existencia, sino que fue años más tarde, en una de las muchas retransmisiones del programa, que me hice afecto a esta comedia. Los 138 capítulos que conformaron la serie, trataron de ser continuados en 1995 por la FOX sin mucho éxito, por lo que sólo duró 7 capítulos.

Y si alguno de los lectores no conoce esta serie, no se preocupe, siempre habrá alguna retransmisión que les toque ver.

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