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Ciudad de México Año IV Número XXXVII Noviembre 2015

 

Editorial

Noveno mes es noviembre, aunque ya no lo parezca. Ahora le llaman mes onceavo, los que han olvidado la antigüedad romana. Ni modo, que así sea por ahora, pero algún día todo volverá a ser lo que fue.

Algún día volveremos a ser un insecto, por ejemplo, a propósito de los cien años de la publicación de un libro que ya es inmortal, el de “La metamorfosis” de Franz Kafka, donde por primera vez nos es revelado, una mañana y de repente, lo que en realidad somos.

El que ya no es querido, y nunca lo fue, sabe que ahora es Gregorio Samsa de una vez por todas y para siempre. Es decir, hasta que lo tiren a la basura. Nada ha definido mejor nuestra humanidad que este relato kafkiano, así que celebrémoslo.

Otras celebraciones tenemos en este número de noviembre, como la del escasamente conocido Fray Servando Teresa de Mier. Todos conocen la populosa avenida que lleva su nombre, un infierno a ciertas horas, pero de él mismo casi nadie sabe nada.

Un personaje nacional como pocos, aguerrido, valeroso, y que al parecer terminó convertido en momia del circo de un tal señor Parra. No se sabe si esto es verídico, pero, como en el caso de convertirnos en insectos como Samsa, el de llegar a ser momias es una posibilidad que nos abre destinos circenses, no menos válidos que los de insectos empeñados en hacerse entender, inútilmente, por padres y jefes.

En fin, lector y amigo, cómplice y hermano, que este noveno u onceavo mes te haga reflexionar en que hay muertos por desenterrar, y revoluciones por avivar, mientras todo un mundo vive embelesado en las redes sociales, benditas sean ellas, que nos permiten expresarnos como queremos, aunque no viene mal un mayor cuidado ortográfico y de redacción para ser mejor comprendidos. ¡Felices los que en Facebook y Tweeter, ya casi todos, alcancen a leernos y aprecien nuestros esfuerzos! Que si becas no llegan, y sólo vacas flacas nos caen, no por ello nos sentimos menos motivados para que Ave Lamia diga y siga y no vacile jamás en sus empeños editoriales. Ave, Ave!!!!

Loki Petersen

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