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Ciudad de México Año IV Número XXXVII Noviembre 2015

 

El metro Etiopía y la palmera del metro Xola
Tinta Rápida

Existen muchos puntos de la ciudad de los cuales casi nadie sabe el motivo por el cual se les conoce con determinado nombre, calles o sitios a los que se les nombra de una manera y que no se sabe a ciencia cierta el porqué de esos nombres.

Dentro de la colonia Narvarte (cuyos orígenes se remontan a los años cuarenta, cuando se comenzaron a fraccionar los terrenos de la Hacienda de Narvarte, propiedad de don Eustaquio Escandón) existe una estación del metro a la que tuvieron que alargarle el nombre para que los habitantes contemporáneos tengan alguna referencia: Etiopía–Plaza de la Transparencia. Un nombre demasiado largo e impráctico, porque si bien sí nos da una referencia física actual, en realidad nadie le nombrará por su nombre completo y mucho menos dirá: “te veo en la estación Plaza de la Transparencia”.

Pese a que no hay una referencia actual en esta estación, la gente le seguirá llamando Etiopía, evitando mencionar el engorroso endosado que las gloriosas autoridades decidieron ponerle. Y es que a la gente le importa tan sólo saber el nombre de la estación para bajarse en el lugar indicado, y no requiere que se le relacione con algo del paisaje urbano.

En realidad en esta crónica aclararé la razón de los íconos y nombres de dos estaciones del metro: la ya mencionada Etiopía (de la línea 3, mismo nombre que lleva la terminal de la línea 3 del metrobús) y la de Xola (de la línea 2).
Nos remontaremos a casi una década de la creación de esta colonia Narvarte, en el año de 1954, cuando tuvimos la visita del último emperador de Etiopía Haile Selassie (supuesto descendiente del rey Salomón y figura mítica del movimiento rastafari), quien donó unas palmeras etíopes en agradecimiento a la intervención enérgica de nuestros embajadores Isidro Fabela (hombre de cultura, diplomático, jurista e historiador) y Narciso Bassols (también gran político, abogado e ideólogo), defendiendo en la Liga de las Naciones (antecesora de la ONU) a Etiopía de la intervención militar italiana en 1935 por parte de Mussolini en ese país.

Este hecho originó la construcción de una glorieta que llevaría el nombre de Etiopía y sobre la calle de Xola, que cruzaba esta glorieta, se sembraron las palmeras antes mencionadas. Enfrente de ella estuvo el también extinto Hotel Suites Emperador (en referencia obvia a Haile Selassie), en el que pasaron varios equipos de futbol y en el que también se hospedaron los legendarios cracks brasileños Pelé y Garrincha.

Punto aparte, cabe mencionar que a la par de la ya inexistente Glorieta de Etiopía en nuestra ciudad, en Adis Abeba se construyó y se encuentra como uno de los puntos importantes de aquella ciudad etíope, la Glorieta México, como recuerdo de aquel asunto tan resaltable de la diplomacia mexicana.

Fue a raíz de la iniciativa del entonces regente de la Ciudad de México, Carlos Hank González, de la construcción de los controvertidos Ejes Viales, a partir del 24 de abril de 1978 y hasta el 25 de junio de 1979, que tanto la Glorieta de Etiopía como las palmeras de Xola desaparecieron del paisaje urbano de nuestra ciudad, dejando huérfanas a dos estaciones cuyas referencias históricas casi nadie conoce. La palmera del metro Xola ya no hace referencia a nada del entorno actual, y el león y el nombre Etiopía no nos refiere a ningún elemento urbano de nuestra cotidianidad.

En sí el león nunca ha dado una referencia exacta de su origen, siempre se creyó que era porque en Etiopía hay leones, pero en realidad no es un animal endémico de aquel país; lo cierto es que hace referencia a Negus negusti (rey de reyes), el León de Judà.

Pocos saben que Makeda, la reina de Saba, tal como consta en la Biblia, visitó al rey Salomón, y de acuerdo con los recuentos del libro etíope Kebra Negast, tuvieron un hijo: Menelilk I.

El último descendiente de Menelik I, fue Tafari Makonen, quien fue coronado como el emperador Haile Selassie, “Rey de Reyes, Señor de los Señores y León conquistador de la tribu de Judá”. Vale la pena saberlo.

Y ya acostumbrados a una estación Etiopía sin nada etíope que la circunde, evitaremos la frecuente destrucción de la historia de la ciudad, y le seguiremos llamando por su nombre original, ya que nadie se tomará la molestia de nombrarla ridículamente con el rimbombante nombre de Plaza de la Transparencia, que alude a un lugar existente en las cercanías pero impopular.

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