Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año IV Número XXXVII Noviembre 2015

 

Fray Servando Teresa de Mier: el héroe desconocido
José Luis Barrera

Fray Servando Teresa de Mier es algo más, mucho más que una calle que nos deja directamente en el mercado de Sonora y de hecho ya en la zona de la Merced. En realidad es el nombre de uno de los más importantes y a la vez más interesantes personajes de la historia de México, un independiente verdaderamente fiel a sus ideales. Su vida está llena de aventuras y leyendas que muchos investigadores dicen que él mismo se inventaba para distraer la atención de sus enemigos. De hecho era una mente tan privilegiada, y tenía tal elocuencia en sus planteamientos, que a los que nos ha tocado estudiarlo nos hace deleitarnos con sus discursos, siempre llenos de un sarcasmo muy fino, que nos hace reír, pero sobre todo, reflexionar.

En sus memorias hay una parte muy árida, pero muy interesante, en donde diserta sobre la injusticia de su destierro que lo llevó a España como causa de su sermón en la Basílica de Guadalupe el 12 de diciembre de 1794 (en celebración del aniversario 263 de la manifestación mariana en el cerro del Tepeyac), en cuyo contenido pone en tela de juicio las leyendas de la aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego. En realidad el padre Servando Teresa de Mier decía que la Virgen era venerada mucho antes de la llegada de los españoles, y que la imagen no estaba impresa en el ayate de Juan Diego, sino en la capa de Santo Tomás Apóstol, quien había venido a estas tierras desde el siglo I a predicar y que lo conocieron como Quetzalcóatl (idea ya hecha saber antes por el propio don Carlos de Sigüenza y Góngora). Un sermón que más allá de ser herético, llevaba una intención política, una idea separatista, ya que les quitaba a los peninsulares la autoridad moral que se habían postulado en México. El arzobispo Alonso Núñez de Haro, perseguidor implacable de Fray Servando, en sí odiaba a los criollos porque sabía que era de ellos de quienes podría surgir el pensamiento independentista en México. Y por supuesto no estaba lejos de convertirse en realidad.

Las memorias son en realidad alegatos que hizo el padre Mier para defenderse de las acusaciones de la inquisición sobre su sermón, pero es tal la riqueza literaria que presenta el escrito que con el tiempo se le consideró como las Memorias de un fraile mexicano desterrado en Europa, y es por esta razón que la mayor parte del libro se centra en este tema, diciendo que: “zafios dominicos españoles, de procedencia campesina, (…) lo perseguían y torturaban por aristócrata”. Manuel Payno lee las memorias cuando se pone a investigar la famosa historia de que la momia de Fray Servando termina en un circo trashumante en Bélgica, y es gracias a este autor que se empieza a tomar interés por este libro de gran valor literario e histórico.

El padre Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra (como exigía que se le dijera, ya que se había secularizado en 1802, con licencia para seguir oficiando y el rango de protonotario apostólico, lo que le otorgaba el título de “monseñor”), amén de ser un ideólogo sin enmienda de su pensamiento, tenía un carácter rebelde, pero con una agudeza mental que siempre utilizó para que el sarcasmo fino que practicaba fuese a su vez una herramienta política. Pero no como las bromas que el pueblo hace a los gobernantes para descargar su ira, sino con el carácter confrontador que lo llevó a la prisión en varias ocasiones y que lo tuvo también en el destierro. Servando Teresa de Mier confrontaba todo aquello que no le parecía, de hecho le hizo saber al propio Iturbide que no estaba de acuerdo con su coronación. Ante las amenazas que tuvo de parte de ese antiguo oficial realista, por supuesto el padre Mier fue uno de los que abstuvo cuando en el Congreso se votó para coronar a Agustín de Iturbide como emperador de México.

Cuando se buscaba en España a un rey que dirigiera a la nación mexicana, y tomando como pretexto el evidente rechazo de tal invitación de la corona española y todos sus descendientes para ocupar el cargo, era evidente la intención maniquea de llevar al cabo la coronación de Iturbide. En rechazo al Plan de Iguala expedido por el general Agustín de Iturbide, el padre Servando escribió y publicó en Filadelfia “Memoria político instructiva”, en la que se declaraba partidario de un gobierno republicano, rechazando el Tratado de Córdoba firmado por Iturbide y por el nuevo virrey Juan O'Donojú. No pudiendo evitar la coronación de Agustín I, una vez que escapó de la cárcel de la Perpetua (Iturbide disolvió el Congreso y mandó a detener a los diputados más incómodos, entre ellos Ramos Arizpe y el propio padre Mier), realizó una expedición para buscar a Guadalupe Victoria y organizar una revuelta que obligara a la abdicación y a embarcar rumbo a Europa a un emperador que a la postre sería un tremendo tirano.

Pero era tal su objetividad y probidad que inclusive también manifestó su desacuerdo a Guadalupe Victoria sobre su mandato pusilánime, no obstante que él mismo lo rescató de la selva veracruzana para que tomara el poder.
Antes de esto, y después de su destierro de diez años (tiempo dentro del cual es testigo de la batalla de Trafalgar en 1805), y al escapar de las prisiones del Convento de las Caldas en Santander, del convento de San Francisco de Burgos, y la de Los Toribios, en Sevilla, regresa a México en 1817 en una expedición organizada por el navarro Francisco Javier Mina, pero es apresado en Soto la Marina como prisionero del virrey Juan Ruiz de Apodaca y llevado a la cárcel de la Perpetua durante tres años.

Es hasta que en 1820, restauradas las cortes de España y disuelta la Inquisición lo deciden desterrar, pero el barco que lo llevaba hace escala en La Habana, en donde logra escapar nuevamente, y se va a Filadelfia en donde permanece hasta 1822, regresando a México cuando ya se había consumado la independencia, pero en el pequeño reducto que les quedaba a los realistas lo atrapan encerrándolo de nueva cuenta en San Juan de Ulúa. El primer Congreso Constituyente lo rescata de esta prisión, pero siempre se manifestó en contra de la intención casi mayoritaria del mismo Congreso de implantar una monarquía en México, pugnando siempre que no fuese como una república federal copiada del modelo estadounidense. Justamente es el 13 de diciembre de 1823, y ya abdicado Iturbide del trono, que da su famoso discurso de Las profecías en el congreso, donde se declara a favor de una república con un federalismo moderado. En este discurso, el padre Teresa de Mier alude en su primer párrafo a su patriotismo y al permanente pensamiento independentista para motivar una decisión adecuada a la idiosincrasia de nuestro pueblo:

Nadie, creo, podrá dudar de mi patriotismo. Son conocidos mis escritos en favor de la independencia y libertad de la América; son públicos mis largos padecimientos, y llevo las cicatrices en mi cuerpo. (*)
(*) http://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/2ImpDictadura/1823DSTM-ProfFed.html

Pero lo más importante era su idea de que no se trataba de insurgir a los pueblos contra sus opresores sino dirigirlos en lo que más les convenga, ya que el pueblo no era capaz de discutir temas que sólo los hombres ilustrados pueden deliberar. Decía que un pueblo no podía decidir sobre si ser una república federal o centralista, cuando ni siquiera entendía a lo que se refería. El padre Teresa de Mier, no era enemigo de la república, inclusive ni siquiera era su idea la de ser una república centralista, sino federada, pero más razonable y moderada, más adecuada para la poca ilustración de nuestro pueblo y a las circunstancias de una guerra inminente. Y comparando nuestra estructura y la de los Estados Unidos (a la cual se le quería seguir “a pie juntillas”), decía que ellos ya eran estados divididos desde su creación, lo que en México no era igual. Dijo: “Necesitamos unión, y la federación tiende a desunión; necesitamos fuerza, y toda federación es débil por su naturaleza; necesitamos dar la mayor energía al gobierno, y la federación multiplica los obstáculos para hacer cooperar pronta y simultáneamente los recursos de la nación. En toda república, cuando ha amenazado un peligro próximo y grave se ha creado un dictador, para que reunidos los poderes en su mano, la acción sea una, más pronta, más firme, más enérgica y decisiva”. Por último, el padre Servando decía que si se aprobaba la república federal, se lavaba las manos como el presidente de Judea, ante las atrocidades que iban a sobrevenirse sobre la patria, que de hecho cayeron.

En presencia del presidente Guadalupe Victoria y de una numerosa concurrencia a la que había invitado al presentir su suerte días después, recibió los viáticos de manos de Miguel Ramos Arizpe. Murió en sus habitaciones de Palacio el 17 de noviembre de 1827 y fue enterrado con honores en la cripta del antiguo convento de Santo Domingo de la ciudad de México.

En 1861 se destruye parte del Convento de Santo Domingo y se encuentran varias momias que las compra un empresario circense de nombre Bernabé de la Parra. Se dice que las momias desenterradas aparecían arrodilladas y encorvadas, pero la que se supone que era la de fray Servando era la única que aparecía en pie. Cuatro de esas momias las exhibieron en Buenos Aires y en Bruselas, Bélgica, como víctimas de la inquisición.
Se desconoce el paradero de los restos de Servando Teresa de Mier, aunque se cree que están expuestos en una de las 365 capillas ubicadas en la zona de Cholula en Puebla

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