Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año IV Número XXXVII Noviembre 2015

 

La historia de unos zapatos
Beatriz Oliva Pérez Peña

Hace mucho tiempo me compré unos zapatos, y en cuanto los vi en el aparador me enamoré de ellos pues estaban a muy buen precio, y no dudé en adquirirlos; el color iba muy bien con todo mi vestuario, además de ser muy cómodos. El color y el modelo eran lo que estaba buscando, y no faltó quien me los quisiera pedir prestados, comprar o hasta robármelos; sin embargo, siempre los conservé. Los limpiaba, les daba su boleada, les quitaba el polvo cada vez que los usaba; los mantenía en buen estado, hasta que un día al pasar por un crucero peligroso a uno de ellos se le rompió un tacón y tuve que dejar de usarlos por un buen tiempo; los mandé reparar, pero el zapatero me dijo que iba a tardar un poco, ya que tenía mucho trabajo y tuve que prescindir de ellos.

Tenía yo un grave problema, ya que eran los que usaba para ir a trabajar y no tenía otros ni dinero para comprarme unos nuevos. Ese día afuera de mi casa me llegó una caja de zapatos, y me desconcerté ya que yo no había pedido nada; cuando revisé vi que ese paquete era para la vecina que había salido de vacaciones por una semana; la curiosidad me mataba, quería saber qué zapatos le habían llegado, abrí la caja y eran perfectos: la talla, el color y el modelo que cubría mis necesidades. No pude más, sabía que me iba a meter en un gran problema si los tomaba sin permiso, pero pensé que por algo aparecieron estos zapatos en mi puerta, así que tenía que usarlos; ya tomada la decisión, di con una solución, y ésta sería la de ocuparlos y pagárselos después, o en todo caso ocultar la llegada de los zapatos. Pero esto último sería lo mismo que robar, y entonces me arriesgue: los usé un día, luego otro y luego otro más. Y como siempre no hay fecha que no se cumpla ni plazo que no se venza, fue entonces cuando llegó la vecina de sus vacaciones. Se veía que era una mujer flexible aproximadamente de mi misma edad. Me acerqué a su domicilio dispuesta a pedirle mil disculpas por mis actos, esperaba que me gritara y hasta demandara, pero ni modo, tenía yo que enfrentar las consecuencias.

Llena de vergüenza le conté la situación y me dijo que no me preocupara, que tenía unos muy parecidos, que no los usaba mucho además de que los podía ocupar cuando yo quisiera; aclaró que me los prestaba, nada más, y debido a las circunstancias de mis actos, no podía pedirle que me los vendiera y mucho menos que me los regalara, pero tenía la certeza de que cada que los necesitara se los podía pedir. Gracias a ese incidente y a mi desfachatez, se fue formando una muy bella amistad; ella me presumía sus otros zapatos, y la verdad es que a mí no me agradaban todos, pero convivíamos y compartíamos bonitos momentos.

Pasando la semana, acudí con el zapatero a recoger mis zapatos, que no quedaron como nuevos pero sí servibles para caminar; los usé durante un mes y se le volvió a romper el mismo tacón, y entonces enfurecida regresé con el zapatero a reclamarle por su mal trabajo y me prometió que no se volvería a romper y que no me cobraría nada pero que iba a tardar una semana más para entregármelos; no me quedó más que aceptar. Tendría que volver a pedirle a mi ahora amiga sus zapatos en lo que me compraba otros, ya tenía el dinero suficiente, únicamente era cuestión de encontrar los adecuados talla, color, precio etc., y sobre todo el tiempo para hacer la compra. Aceptó enseguida, y me comentó que tenía que salir de viaje, que me los dejaba y que cuando regresara se los devolviera.

Al regresar a casa con los zapatos de mi amiga, noté que ya estaban algo raspados y sucios, que al usarlos como que los aventaba y ya; los limpié para ocuparlos al otro día, los acomodé a un lado de mi cama para que al levantarme estuvieran listos para calzarlos. En la mañana me llevé una gran sorpresa, ya que, al despertar, los zapatos no estaban donde los había dejado; lo peor del caso es que vivo sola, nadie podía haberlos movido. Los busqué debajo de la cama, en la sala, en el comedor, en el baño... Bueno, hasta en la azotea, así que me estaba volviendo loca, no sabía lo que había sucedido y ya se me estaba haciendo tarde para irme a trabajar y seguían sin aparecer; no me quedó más remedio que tomar unos viejos y de color “chiclamino”, que no tenían nada que ver con mi atuendo, pero bueno, no podía ir descalza a mi empleo. En el transcurso del día esos zapatos me sacaron ampollas debido a que son muy incómodos, además están rotos de un lado y les entró agua de un charco sucio; no sé si sea coincidencia, pero me tocaron varios pisotones en el metro, y cuando llegue a mi casa tenía los pies adoloridos, por lo que apenas crucé la puerta los aventé.

Me dirigí a mi cuarto, y cuál fue mi sorpresa que los zapatos prestados estaban en el mismo lugar que los había dejado; hasta ahora no sé qué sucedió, me llené de incertidumbre, tomé los zapatos y los coloqué en una caja para no verlos y esconderlos, pero después reflexioné y pues tenía que usarlos al otro día ya que por la incomodidad de los anteriores no pude comprarme otros nuevos, me dio temor de que ocurriera lo mismo que en la mañana. Pero qué podía hacer, ya era tarde y no me daba tiempo de salir a comprar otros, y también era muy probable que yo me hubiera confundido y todo fuera una distracción; como todas las noches antes de acostarme preparo la ropa que me voy a poner al otro día y por supuesto alisto también los zapatos, y los volví a colocar a un lado de la cama; me acosté y al despertarme efectivamente ahí estaban los zapatos, pero volteados al revés; de nuevo ocurrió algo raro con esos zapatos, pero no me quedaba de otra más que usarlos. Cuando salí de trabajar fui directo a la zapatería y no hubo ningún par que me convenciera, eran o demasiado caros o no me gustaba el modelo y pensé que las compras deben ser inteligentes y convincentes; además todavía faltaban tres días para que regresara mi amiga de su viaje, y todavía podía usar los prestados.

En el trayecto a mi casa los zapatos me comenzaron a lastimar, eso nunca antes había sucedido, pensé que era por el uso de éstos, que ya se estaban volviendo viejos; en la noche hice la misma mecánica y coloqué los zapatos en la misma posición, a un lado de la cama con la punta al frente. En la mañana amanecieron punta con punta y enfrente de la puerta, de nuevo algo sin explicación; al otro día amanecieron en la silla, de nuevo volvió a suceder y ya la última mañana recargados en la pared debajo de la ventana. Me llené de extrañeza, no de temor, no porque en mi casa hubiera fantasmas, espantos, duendes o algo parecido; algo raro sucedía con esos zapatos y conmigo, algo me decía que por más que hiciera por dejarlos junto a mi cama nunca amanecerían en el mismo lugar, que no eran para mí, que no eran míos, que no debía usarlos por más que me gustaran; ya me estaban quedando grandes, al final iban a sacarme ampollas y hasta callos. Ese día los usé, y cuando regresé a casa los guardé en una caja para regresárselos a mi amiga y darle las gracias; la verdad es que esos zapatos me gustan mucho, pero no son míos, son prestados, eso hay que aceptarlo.

Fui con el zapatero para preguntarle por mis otros zapatos, y me dijo que ya estaban listos, y cuando me los entregó sentí un gran alivio, los apreté a mi pecho como cuando a una niña le dan su muñeca; desde nuevos siempre han sido míos, nadie más los ha calzado, y aunque los compré en una zapatería pareciera que los hicieron a mi medida, pues son muy cómodos, además de ser un modelo exclusivo, así lo siento. Tomé los zapatos y regresé a casa emocionada, sentía que los iba a estrenar de nuevo. Transcurrieron tres semanas con normalidad, y ya estaba usando mis zapatos favoritos cómodamente, sin problema; si se ensuciaban los limpiaba con delicadeza, luego se le acabaron las tapas y el zapatero se las colocó en dos horas, y todo iba bien hasta que al cruzar un puente peatonal se rompió el tacón del otro zapato y provocó que me lastimara el pie. Tuve un esguince y permanecí con el pie vendado y con muletas durante quince días y aún no he terminado de recuperarme; no los he mandado a reparar, la verdad he tenido flojera de ir con el zapatero. Todo mundo me dice que ya los tire, que están muy viejos, que me compre otros y tienen razón, pero la verdad amo esos zapatos, va a ser muy difícil que encuentre unos iguales; al parecer el modelo ya está descontinuado, los quiero conservar, he recorrido muchos caminos con ellos. Por el momento tengo que usar tenis hasta que mi pie sane del todo. El otro día vi unos que me gustaron muchísimo, la talla, el modelo, el color, se veían cómodos, un poco caros, pero no importaba, lo valían; por mi desidia no me los compré, tuve que salirme de la plaza y ya no regresé a la zapatería. No sé si todavía haya en existencia, espero que sí.

He reflexionado, y la verdad es que hay muchos zapatos y de muchos tipos, no hay necesidad de usar únicamente un modelo y mucho menos unos como los “chiclaminos”, pero cuando nos acomodamos con unos es muy difícil usar otros. Yo por lo pronto estoy usando tenis, y cuando tenga que cumplir un compromiso como ir a trabajar y necesite unos, pues ojalá pueda encontrar los adecuados. Espero que los zapatos viejos tengan arreglo, los quiero conservar, cabe la posibilidad de que ni siquiera los vuelva a usar, pero la verdad no los quiero tirar; puede ser que un día me decida y amanezcan en la basura, o tal vez cuando me muera me entierren con ellos, no sé, por lo pronto siguen guardados en el closet. El otro día vi a mi amiga con los zapatos prestados puestos y noté que le quedaban muy bien con su atuendo, le combinaban perfectamente con su vestido, ojalá los use más seguido.

Yo espero encontrar unos zapatos que me convenzan en todo, es difícil porque no siempre entras a la zapatería correcta, ves el modelo que te gusta, y si te gusta luego resulta que no hay de tu talla, o tu presupuesto no te alcanza; en fin, pero con suerte encuentro los zapatos correctos hechos a mi medida, buenos, bonitos y baratos, sin tener necesidad de pedir ningunos prestados y además tirar los viejos. ¡ZAPATOS! ¿DÓNDE ESTAN? ¿Y por qué no? Chance y también me compre la bolsa que les combine

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