Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año V Número LIV Abril 2017

 

El porvenir
Armando Manzanares

La imagino tomada de mi mano, y yo colgado de su boca. Ella escurriendo en cada palabra, en todos los movimientos, en el cielo y la piedra, en este duro sol de invierno.

La conocí en verano, con cabello corto y unos jeans vaqueros, con unos audífonos más grandes que su cabeza protegiendo su cuello; escurrida en el asiento, frunciendo el ceño, mordiendo un labio, torciendo el cuello.

También la amé en verano, con alcohol en la sangre y falta de sueño. A decir verdad, no sé cuándo la amé, sólo me di cuenta de que la amaba cuando tomé su mano y supe que así quería caminar el resto de mis pasos. Recuerdo el primer beso, húmedo, aventurero, con manos frías enroscándose en mi nuca, garantía de vida.

También recuerdo el último beso, bañado en lágrimas, igual que uno de los primeros. Sabíamos que iba a acabar en el momento que empezó. Qué buen momento, sabía a eternidad, sabía a su pecho, a miel con sal. Le dije adiós queriendo decir: “te quiero conmigo”. Me dijo adiós sabiendo que seguiría ahí. Y aquí estoy, escribiendo su recuerdo, con su mano fantasma en mi pecho muerto.

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