Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año V Número LVIII Agosto 2017

 

Club Deportivo Toluca
1917 - 2017

José Luis Barrera

Hablar del Club Deportivo Toluca es hablar del equipo más ganador del presente siglo y el tercero en la historia del futbol mexicano, que justo este año cumple sus cien años. Y aunque por su tradición culinaria se les ha llamado “Los Choriceros”, en lo personal prefiero al equipo denominado como “Los Diablos Rojos”.

Pero más allá de la indudable trascendencia deportiva, el Toluca está ligado a mi historia familiar, ya que mi abuelo paterno, Don Eduardo Barrera González, era un sastre avecindado en la Colonia Guerrero, pero originario justamente de la ciudad de Toluca. Él se salió de su casa muy joven para encontrar su destino pero nunca se olvidó de sus raíces, siendo por tanto el primer aficionado al equipo escarlata que conocí. Su fuerte afición futbolera, así como su contumaz antiamericanismo (heredado a su hijo mayor: mi tío Vidal) siempre fue motivo de discusiones con mi padre.
Por si fuera poco, mi tío Miguel (radicado en Toluca desde muy pequeño y educado por la hermana de mi abuelo, una sempiterna soltera y religiosa inexorable) desde que yo recuerdo ha vivido en una casa del Barrio de San Bernardino, a unos metros del estadio, inaugurado el 8 de agosto de 1954, y que pese a haber tenido muchos nombres honoríficos, nunca ha dejado de ser “La Bombonera”. Desde muy pequeño acudía a esa casa de grandes recuerdos infantiles, en donde jugaba con mis primas y los primos de ellas, y desde el patio escuchábamos el rugir de las gradas cuando se presentaba un gol de los Diablos. Y por supuesto que acudí a algunos partidos en esa cancha y me tocó ver la celebración por alguno de los campeonatos del club afuera de la casa de mis tíos (él y su esposa, la entrañable Tia Yola Q.E.P.D).

De hecho ya antes había comentado que cuando era un niño de 5 años, en la familia me pusieron a elegir equipo, pero mañosamente evadieron decirme que existía un equipo de Toluca, porque seguramente no hubiera elegido al América, ya que mi corazón estaba en aquella pequeña urbe que hacía reminiscencias desde cierto ventrículo afectivo. De hecho, cuando jugábamos futbol en el patio de la casa, mi hermano por ser mayor elegía siempre al América y yo elegía invariablemente al Toluca, pero nunca se me ocurrió “voltearle bandera” al equipo de la familia, sino hasta ya entrada la edad adulta, en que decidí alejarme del equipo que representaba a la muy oligárquica Televisa. Aquella época de mi infancia fue una parte decisiva, ya que con toda seguridad y con el regocijo calculado de mi abuelo, hubiera sido aficionado de hueso colorado del equipo choricero. Pero debido a que pasaron muchos años como aficionado al América y otros muchos tantos al Cruz Azul, ya entonces es muy tarde para ser seguidor del equipo de mi abuelo, pues el corazón ya no tenía tanta influencia sobre mi afición.
Y justamente por mi tío es que fui conociendo la historia del ascenso del club a la primera división, cuando ya traía un prestigio en los torneos en que había participado. Era el año de 1953, cuando llevaban jugando tres en la segunda división (mismos que tenía la división de creada para recibir más equipos a la liga principal), que ascendieron de la mano de Tomás Fábregas y jugadores como Ovidio Arnauda, Salvador Rábago, Rubén Pichardo y Trino, y Mateo De la Tijera quien fue goleador de la temporada. En la última de las 22 jornadas del torneo, con un empate a tres frente al Irapuato, con doble anotación de Pichardo y otro de De la Tijera, obtuvo el ascenso, dejando en segundo lugar al amplio favorito: los Tiburones Rojos de Veracruz. Fue por mi tío que supe del nombre de Luis Gutiérrez Dosal, quien formaba parte del patronato encargado de conservar con vida y con finanzas sanas ante las nuevas exigencias que traía el ascenso a la primera nacional.

Su primer partido oficial en la Primera División Nacional fue contra el Atlante, en el cual venció por 2 a 1 y justo en ese partido apareció como mascota un personaje vestido de diablo, quien hasta el día de hoy les da su sobrenombre más representativo. En ese primer torneo terminó en quinto lugar a tan sólo tres puntos del campeón, el Marte.
Luego de una segunda temporada en que ocupó el sexto lugar general, la directiva decide contratar a Fernando Marcos, con quien logran su primer título en la Copa México de 1956, derrotando al Club Irapuato por dos goles a uno. En este equipo jugaba uno de los jugadores que oía mencionar en las sobremesas familiares en aquella ciudad: Carlos “El Chino” Láscarez. Luego de esto consigue dos subcampeonatos consecutivos en las temporadas 1956?1957 y 1957?1958. Pero los éxitos se vieron empañados por la muerte inesperada de Luis Gutiérrez Dosal, el 24 de junio de 1959.
Mi tío y mi abuelo por fin pudieron celebrar el primer campeonato de liga en la temporada 1966-1967, cuando el equipo dirigido por Ignacio Trelles (celebrado en esta revista por sus cien años http://www.avelamia.com/201611_nacho.htm) dejó en segundo lugar al Club América, quien empató su último partido ante el Nuevo León, y el Toluca definió el campeonato ganándole al Necaxa por dos goles a cero, justo un doblete de Juan “el Maestrito” Dosal; en aquel equipo jugó otro al que se hacía referencia en las pláticas: Amaury Epaminondas (de quien se habló en esta revista cuando su muerte el año pasado http://www.avelamia.com/201609_amaury.htm), que ya había sido campeón como goleador del Oro, y ahora lo era de los Diablos. Otros destacados jugadores fueron el inmortal portero Florentino López (por él la porra toluqueña se llamaba la Peña Florentino), el Ruso Estrada, el Diablo Mayor Vicente Pereda (pilar en la delantera de la selección nacional), Albino Morales, Claudio Lostanau... Entonces siguieron los éxitos al lograr inmediatamente después el título de Campeón de Campeones, imponiéndose al poderoso Club León, y luego coronándose casi con el mismo equipo y bajo Trelles en la liga en la siguiente temporada 1968-1969, y de igual manera ganó el Campeón de Campeones enfrentando al Atlas.
La tercera estrella la obtiene con Ricardo de León como entrenador y con jugadores tan emblemáticos como Walter Gassire Osorio, Roberto Matosas, y el delantero ecuatoriano Italo Estupiñán (a los que recuerdo ver jugando). Esta fue la temporada 1974-1975. Luego de una larga sequía consigue su cuarto título en el torneo Verano 98 (venciendo en espectacular voltereta al Necaxa, quien llevaba ventaja global de cuatro a uno y terminó perdiendo seis a cuatro), ya con Enrique “El Ojitos” Meza como entrenador, quien también se consagró como uno de los referentes del equipo al conseguir otros dos títulos más: en el Verano 99, tras vencer en la final del Siglo XX al mejor Atlas de los últimos tiempos dirigido por Ricardo Lavolpe ( el partido de ida terminó con un marcador de tres a tres y el de vuelta dos a dos, teniendo que llegar a la muerte súbita en la tanda de penales). La tercera corona lograda por Meza y sexta del equipo fue en el Verano 2000 venciendo al Santos Laguna por siete a uno.
Bajo el mando de Alberto Jorge obtiene su séptimo campeonato de liga, en el apertura 2002, tras vencer por cuatro a dos al Monarcas Morelia, quien dos años atrás le había ganado la final. Llegó entonces la octava estrella, con Rubén Américo Gallego como timonel en el Apertura 2005, la novena frente a Cruz Azul en el Apertura 2008 con José Manuel de la Torre quien también consigue la décima y última conseguida hasta el momento en el torneo Bicentenario 2010. En esta época dorada se inscribieron en la memoria afectiva de la institución nombres como los de José Saturnino Cardozo, Hernán Cristante (actual entrenador) y Antonio Naelson Sinha, además de hacerse de unas de las barras más famosas del balompié mexicano: La perra brava.

Cabe mencionar que para celebrar el centenario, el equipo de los Diablos Rojos viene precedido de una sequía de títulos muy notoria, pero queda en el anecdotario que cuando en 2010 consigue la décima estrella, al América no le agradó verse alcanzado en títulos por el Toluca y de inmediato recurrió a sus títulos amateurs para seguir siendo el mejor, lo cual no fue la mejor jugada, ya que el Guadalajara sacó a relucir también sus títulos de este periodo y dejaba a las Águilas muy por detrás de ellos. Y es indudable que esa reacción americanista se debió a ver cómo un equipo que no es considerado “grande” vino a disputarle la hegemonía.
Hoy el Toluca lucha por seguir palmo a palmo junto con los dos grandes y que por fin las estadísticas le den el lugar que se merece un equipo que llegó pisando fuerte y ha conservado una tradición y una filosofía deportiva.
Desde la Ciudad de México, pero con el corazón retroactivo desde las inmediaciones de la caldera del diablo (donde alguna vez se fraguaba una Antología del Juicio Final), va el homenaje a un equipo que prevalece y es un referente esencial del futbol mexicano.

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