Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año V Número LX Octubre 2017

 

Mata Hari
José Luis Barrera

"Amo a los militares. Los he amado siempre y prefiero ser la amante de un oficial pobre que de un banquero rico"
Margaretha Geertruida Zelle

La vida está llena de personajes muy interesantes, lo mismo siendo héroes o antihéroes, y es que el atractivo no radica en la validez moral del fin con el que actúan, y de acuerdo a la naturaleza humana, la gente con tendencia hacia la maldad tiene características intelectivas que los hacen ser enigmáticos y por supuesto sumamente llamativos, y curiosamente cuando este personaje es del sexo femenino, el atractivo es mucho mayor.

Por esto hablaré de una mujer que conquistó a hombres poderosos, con clara predilección por los militares, como nadie lo ha hecho, y cuyo nombre real era Margaretha Geertruida Zelle, quien adoptó el nombre javanés de Mata Hari. El otro seudónimo que utilizó era el de Lady McLeod, utilizando el apellido de su marido Rudolph, del que se separó cuando uno de sus dos hijos, Norman John, falleció a causa de complicaciones por la sífilis contagiada por su padres, aunque hubo alegatos de posible envenenamiento por parte de un sirviente nativo de la pareja al que el capitán McLeod le dio malos tratos, e inclusive acusaciones de asesinato por parte de Margaretha Zelle en contra de su marido.

El matrimonio con Rudolph McLeod era ya una muestra de su predilección por hombres de la milicia, ya que luego de que ella respondiera a un anuncio de este capitán veinte años mayor que ella solicitando esposa ("Oficial destinado en las Indias Orientales Holandesas desearía encontrar señorita de buen carácter con fines matrimoniales". Sólo se pedía una carta con referencias, pero Margaretha añadió una fotografía, convencida de impresionar al capitán, y luego de mantener una breve correspondencia, se llevó al cabo la boda el 11 de julio de 1895 en Amsterdam, cuando ella tenía 18 años. Una vez casados, McLeod es nombrado comandante del primer batallón de infantería en Java, y es ahí en donde acontece la muerte del hijo, lo cual es un duro golpe para un matrimonio deteriorado de tiempo atrás, y el capitán se fuga de ese dolor por medio de la bebida. Se dice que es en este punto, y a causa de la soledad, en donde Mata Harí comienza a apasionarse aún más del baile y la cultura javanesa. Lo cierto es que a la muerte de la madre se andaba forjando un pasado en la India en el seno de una familia de brahamanes, dejando de ser hija de su padre biológico Adam Zelle, el modesto sombrerero holandés al que sus vecinos apodaban el Barón, por sus delirios de grandeza y sus costumbres extravagantes. A los seis años, Margaretha fue matriculada en el colegio más caro de la ciudad y enviada a clase, el primer día de curso, en una carretela dorada tirada por dos cabritas blancas enjaezadas como para unos esponsales principescos. Las burlas de sus compañeras no hicieron mella en la futura Mata Hari, que descubrió pronto el placer de verse convertida en el centro de todas las miradas. Una de sus compañeras diría años más tarde que "era diferente de las demás, y en su naturaleza estaba el deseo de brillar".

A su separación en 1902, pese a que ella tuvo en principio la custodia del hijo que les sobrevivió, el marido la apartó del mismo con el argumento de la vida disoluta y viciosa que llevó en la isla. Entonces tiene algunos intentos fallidos para ser modelo de artistas parisinos con el seudónimo que adopta a partir de su nombre de casada, a manera de mancillar el apellido; sin embargo por el poco éxito de su incursión como modelo el propósito no tuvo el efecto deseado. Es así que después de padecer una seria crisis económica, un poco más tarde decide regresar a París, pero ahora aprovechando los conocimientos adquiridos de la cultura javanesa, y gracias al pelo negro que le heredó su madre, se hace pasar por una princesa de Java, lo que le va ganando fama en sus espectáculos de strip- tease, que para 1905 le ganan un renombre y en París ya se peleaban por conseguir boletos en primera fila en los espectáculos de danza exótica y erótica que representaba, y en los cuales pese a que se desnudaba casi completamente, nunca mostró sus pechos, a decir de muchos por darle pena el pequeño tamaño de ellos; aunque de acuerdo a la versión de ella, era porque en los ataques sufridos por parte de su ex marido, éste le había mordido los pechos y le había hecho perder el pezón izquierdo.

Usaba un currículo completamente amañado, en donde decía: “Mi madre, gloriosa bayadera del templo de Kanda Swany, murió a los catorce años, el día de mi nacimiento. Los sacerdotes me adoptaron y me pusieron Mata Hari, que quiere decir `pupila de la aurora'". Además decía que en la pagoda de Siva aprendió los sagrados ritos de la danza.

Con esta falsía, acompañada de unas contorsiones sensuales y misteriosas, que se adosaban a un cuerpo hermoso prácticamente desnudo (a excepción, como ya se señaló, de los senos que eran cubiertos de una cúpula de bronce), se dispuso Mata Hari a conquistar el mundo desde el Museo de Arte Oriental de París, en una función promovida por el coleccionista y fundador del mismo Émile Étienne Guimet. Con tan solo leer la crónica del 18 de marzo de 1905, de La Presse, se puede dar cuenta de que los parisinos quedaron fascinados: "Mata Hari es Absaras, hermana de las ninfas,de las Ondinas, de las walkirias y de las náyades, creadas por Indra para la perdición de los hombres y de los sabios".

Este éxito obtenido le permite ser una cortesana sumamente cotizada, por lo que ella termina seleccionando a gente poderosa tanto de la vida política y por supuesto la militar. En tanto que se codeaba con amantes poderosos y tenía protectores acaudalados, fomentaba su leyenda relatando su vida de muchas maneras diferentes, tanto que ya nadie sabía a ciencia cierta quién era y de dónde venía.

Tuvo contratos suculentos en teatros de las grandes capitales europeas, sin lograr nunca actuar en el Teatro Odeón de París, y tampoco logró ser siquiera recibida por el empresario ruso, fundador de los Ballets Rusos, Serguéi Diáguilev.

En tanto que Mata Hari actuaba en Berlín, el mundo se convulsionaba con el inicio de la Primera Guerra Mundial. Es en la época en que era la amante del Jefe de la Policia de esa ciudad, y más tarde se enreda en un romance con Eugen Kraemer, cónsul alemán en Amsterdam y jefe del espionaje de su país, quien piensa en ella para obtener información de los militares tranceses.

Es entonces que a cambio de sumas considerables de dinero, Mata Hari acepta convertirse en la agente H 21, Pero la bailarina era ambiciosa, y tal como había hecho siempre con los amores, decidió jugar a dos barajas y convertirse en agente doble.

Es así que se ofrece en París al capitán Georges Ladoux, quien se encontraba al frente del Servicio de Espionaje y Contraespionaje francés. A partir de ese momento, Ladoux se dedica a seguir todos sus pasos y a vigilarla de cerca.

Una mujer que no puede pasar desapercibida, resulta ser una pésima espía. Si además es propensa a la mentira, al embrollo y a acostarse con cualquier apuesto caballero con tal de que tenga un par de galones, las cosas por supuesto tienen sus complicaciones.

Pero en realidad ella estaba muy enamorada del oficial ruso Vadim Masslov (último amante de Mata Hari), varios años más joven que ella. Es así que sus complicados asuntos de alcoba entre Madrid, Amsterdam y París, acelerarán su caída y su detención acusada de espionaje. En el interrogatorio se volverían contra ella sus últimas andanzas con la milicia:

"Desde junio de 1916 habéis entrado en relación con los militares de todas las nacionalidades que estaban de paso en París. Así el 12 de julio habéis almorzado con el subteniente Hallaure. Del 15 al 18 de julio habéis vivido con el comandante belga De Beaufort. El 30 de julio salisteis con el comandante de Montenegro, Yovilchevich. El 3 de agosto con el subteniente Gasfield y el capitán Masslov. El 4 de agosto os citabais con el capitán italiano Mariani. El 16 almorzábais con los oficiales irlandeses Plankette y O'Brien, y el 24, con el general Baumgartem".

El listado continuaba y aquí fue cuando Mata Hari aseguró que amaba a los militares de todos los países y que sólo se acostaba con ellos por placer, no para sacarles información. Es probable que esa fuera la única verdad que dijo en su vida. El tribunal francés la acusó de alta traición y la condenó a muerte sin pruebas concluyentes. En parte, para subir los ánimos de un país en guerra, al que se le ofrecía una sensacional ejecución con intenciones edificantes. Murió con una serenidad inusitada el 15 de octubre de 1917. Vestida y maquillada como para una gran ceremonia, no permitió que le taparan los ojos y miró sin rencor a los oficiales del pelotón de fusilamiento. Nadie reclamó su cadáver.

Mata Hari es sin duda uno de esos personajes atractivos y enigmáticos que ha dado inspiración para infinidad de biografías, documentales y una serie en programación por la pantalla chica de Telemundo. Y por supuesto, el cine no podía dejar de lado a esta misteriosa bailarina y espía, en donde cabe mencionar tal vez como la más icónica la película de 1931, dirigida por George Fitzmaurice, e interpretada por la gran diva Greta Garbo, en una actuación memorable. Y hay dos cintas más que tal vez por el recuerdo de este gran filme mencionado no tuvieron el éxito que pretendían: una, de 1964, dirigida por Jean-Louis Richard, y actuada por la recientemente fallecida Jeanne Moreau, y la otra de 1981, de Curtis Harrington, con el sex symbol de los setentas y los ochentas Sylvia Kristel como protagonista.

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