Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VI Número LXII Diciembre 2017

 

El Che Guevara
Hasta siempre, Comandante
José Luis Barrera

Ayer eras la rebeldía, el sueño de justicia e igualdad social. Eras la esperanza de una utopía que aún no se sabía que era utopía. Eras el compromiso de no dejarnos vencer, de romper las ataduras, de luchar contra el statu quo. En ti se resumía nuestro interés por una revolución cercana en el tiempo y en el ánimo. Porque aquí, la lucha se había reducido a un partido político híbrido que no tuvo que pasar por un ideal antes de ser dictadura. Eras el crisol en el que se mezclaron las quimeras de los vencidos.

Aún recuerdo cuando tus fotografías eran la iconografía de la insubordinación social contra el abuso del poder. Hoy que sólo representan el más burdo socialismo de anaquel en el que ya casi nadie sabe de tu vida y tus sueños bolivarianos. Hoy tu imagen carece del fondo social que manaba del espíritu juvenil que indagaba, exploraba y descubría sus ideales en los libros de historia. La gente de ayer te rendía culto, en tanto que en estos tiempos de zombies tecnológicos, ya casi nadie te recuerda, y para otros eres sólo un snob de apariencia socialista.

Ernesto Che Guevara, te hemos perdido conforme sigue avanzando la mercadotecnia más adentro del inconsciente popular, conforme más adeptos cobra el consumismo entre la masa. ¿Quién te recordará en esta época vacía de ideales y llena de necesidades creadas comercialmente?¿Quién leerá tu biografía en estos tiempos de analfabetismo post modernista?

Hoy que ya nadie sabe lo que era la canción de protesta, tan simple y profunda, nadie te ha dedicado alguna canción rememorándote a cincuenta años de tu muerte, tan trágica para los idealismos del Tercer Mundo. Me quedaré sentado en el pasado escuchando a Carlos Puebla, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú, Víctor Jara y Atahualpa Yupanqui.
Alberto Korda te inmortalizó a los treinta y un años de edad, con una mirada llena de ira por las muertes ocurridas un día antes de la memorable foto (la explosión de "La Coubre", un barco llegado desde Bélgica a La Habana con armas y municiones para la entonces naciente Revolución Cubana), tomada el 5 de marzo de 1960. Pero prefiero imaginar esa foto colgada en el estudio del artista, antes de que Giangiacomo Feltrinelli adquiriera los derechos y vendiera dos millones de carteles en menos de seis meses, o recordarte en los cuartos de los estudiantes de antaño, que en las galerías, en las casas de subasta, o en el vejatorio anuncio de la Mercedes Benz en 2012. El Guerrillero heroico es la fotografía icónica que por desgracia te terminó convirtiendo en una iconografía de la cultura pop y del consumismo capitalista.

Esa misma foto, que se convirtió en artículo de consumo, hoy aparece en las paredes de los cuartos de quienes no saben siquiera por qué te llamaban “Fuser” o te hiciste llamar “Chang Cho”, y por supuesto nunca habrán leído algún renglón de un libro tuyo, o alguno que se refiera a ti, y en el mejor de los casos se saben de memoria una o dos frases tuyas para presumir su seudo cultura.

Por eso hoy me quedo con la frase de despedida que le escribiste a Fidel Castro en 1965, cuando te fuiste a continuar con tus sueños libertarios: “Hasta la victoria siempre, patria o muerte”. Una frase llena de compromiso con un ideal que aún nos conmueve a los que nos negamos a darle la espalda al idealismo. Nosotros, los necios, te recordaremos siempre, tanto como seguiremos esperando la justicia social.
Debo decirte que aún me enfurece la historia de tu fusilamiento, cuyo autor intelectual por supuesto fue la CIA por medio de su agente encubierto Felix Rodríguez. Y sé que casi nadie se acuerda pese a conocer el Guerrillero heroico de Korda e incluso haberlo comprado. Ese es el mal de nuestros tiempos, en que la gente está idiotizada, ya no por el televisor, sino por su hijo portátil: el teléfono celular.
A cincuenta años de tu muerte he de decirte como te lo dijo con gran sentimiento Carlos Puebla: Hasta siempre, Comandante.

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