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Ciudad de México Año VI Número LXII Diciembre 2017

 

XIII Encuentro de la Asociación de Cronistas Oficiales de la Ciudad de México
José Luis Barrera

Una ciudad sin crónica está sentenciada a la indiferencia, y es ahí donde radica la importancia de los cronistas en la sociedad. Lo importante es conocer los usos y costumbres de una comunidad desde la perspectiva de actualidad, pero siempre con las bases históricas que los fundan. Relatar los hábitos actuales es una parte importante, pero para entenderlos de manera integral debe estar sustentada con la historia. Y asistir a un encuentro con los cronistas de la ciudad es descubrir o redescubrir aspectos importantes del propio entorno sin dejar de tener la sensación de estar frente a verdaderos investigadores que no dejan de tener algo de “chimiscoleros de barrio”.

Y justamente el pasado 24, 25 y 26 de octubre del presente año se llevó a cabo el XIII Encuentro de la Asociación de Cronistas Oficiales de la Ciudad de México A.C., en un entorno verdaderamente impactante, como lo es la fastuosa casa llamada “De la Bola”, ubicada en el número 136 de la Avenida Parque Lira, y cuya placa de la Dirección de Monumentos Coloniales la ubica como construcción de siglo XVIII: una quinta que tuvo varios propietarios, pasando por un inquisidor y un marqués, y en la que se dice que llegó a tener visitantes tan ilustres como la marquesa Calderón de la Barca, el autor de “Don Juan Tenorio”, José Zorrilla, así como María Ignacia Rodríguez, mejor conocida como “la Güera Rodríguez”.

Tres días que por supuesto llenaron de conocimiento y regocijo revelador a todos los asistentes que teníamos un lazo común: ser amantes de la Ciudad de México. Imposible relatar todas y cada uno de las conferencias dictadas y menos aún de los conocimientos ahí vertidos, porque nos llevaría más de cien cuartillas, que traducidos a la época actual se diría miles de bytes.

El encuentro lo abrió el doctor Agustín Rojas Vargas, cronista de Culhuacan, quien siempre tiene algo interesante que decir y en esta ocasión nos habló de la labor de los rituales de los curanderos (y en específico de Camila Popoca Ruiz, con la que tuvo la oportunidad de platicar) en el pequeño cerro de Matlaloc, que es parte del Cerro de la Estrella. Un poco después, la sala se llenó del colorido del barrio bravo, con la participación del Cronista de Tepito. Alfonso Hernández Hernández, quien nos aclaró que el origen del nombre de este lugar emblemático se debe a la contracción del nombre antiguo de Mecamalinco (porque era barrio de los mecapaleros de Tlatelolco) y Tequipeuhcan (lugar donde empezó la escalvitud, porque es ahí donde fue hecho prisionero el emperador Cuauhtemotzin), ubicado en la esquina de Tenochtitlán y constancia de este barrio. Para culminar y a petición del público, este llamado “hojalatero social”, nos dejó un par de albures para agilizar la mente (por ejemplo nos contó de la señora que inocentemente fue a solicitarle a la hierbera que le diera un “té de ramo blanco”).

Por su parte, el maestro Luis Gutiérrez Romero, cronista del Pueblo de San Pedro Actopan nos presentó una interesante conferencia sobre los petroglifos prehispánicos que se encuentran en un lugar conocido como “piedra larga” en el Cerro Cuahilama y que es un área arqueológica de gran potencial, que va de los pueblos de Santa Cruz Acalpixca a San Bartolo Xicomulco. Y de nueva cuenta la sala se llenó de ambiente, cuando Agustín Jiménez Cedillo, cronista del Peñón de los Baños, nos platicó de los dos famosos salones de bailes del Peñón de los Baños (El Club Peñón y El Club Lourdes), cuyo cierre originó el movimiento sonidero que logró gran arraigo en este rincón oriental de la ciudad. Pero no todo terminó ahí, ya que el licenciado Jiménez aprovechó para darnos una pequeña lección de danzón y cha cha cha.

El doctor Jorge de León Rivera, cronista de la Delegación Iztapalapa, con su vasto conocimiento habló de la muy milagrosa Virgen de la Bala (depositaria de la bala de un marido celoso, que iba dirigida por supuesto a su esposa, y que quedó incrustada en la peana de esta pequeña imagen de la virgen en su advocación de la Inmaculada Concepción), misma que se encontraba en el Hospital Real de San Lázaro, y luego de pasar por el templo del Hospital de Jesús Nazareno, y luego de ser robada y recuperada en el Monte de Piedad llegó a la iglesia de San Lucas Evangelista del pueblo de Iztapalapa, donde hoy es venerada. Por su parte el cronista de la Catedral Metropolitana, el licenciado Carlos Vega Sánchez, dedicó su ponencia a la capilla de Nuestra Señora la antigua, por ser una de las que menos se conoce, brindándonos información de la conformación de esta capilla con los cuadros pintados por Nicolás Rodríguez Juárez del nacimiento y la presentación de la virgen respectivamente, así como la muy venerada imagen del Santo Niño Cautivo.

Al día siguiente siguieron las escenas absolutamente populares, de la mano de la cronista de la Colonia Obrera, Carmen Cruz Castelo, quien recordó la tradición báquica en esta colonia tan cercana al Centro Histórico de la ciudad, a través de sus cantinas, pulquerías y centros nocturnos. El burro, El quinto patio, El tío Sam, el Ebro, El barba azul, fueron algunos de los mencionados, que ya han desaparecido en su mayoría, y gran parte en la época del regente de hierro Ernesto P. Uruchurtu. En esta ocasión el ingeniero Alfredo Yescas Flores, cronista del Pueblo de San Andrés Tecomitl, Milpa Alta, decidió dejar su tema de los mercados (del que se puede dar lectura en las memorias) para tocar la herida aún abierta del muy reciente sismo del 19 de septiembre y que pese a la inquietud que aún se conserva al respecto, nadie lo había mencionado, comentando, como buen cronista, su experiencia al recorrer varias de las zonas en donde se colapsaron algunas construcciones. La decisión, acertada o no, en realidad fue una muestra sincera de la tristeza y estupefacción con la que los que amamos la ciudad recordamos este difícil momento que nos tocó vivir.
Ya muy entrada la tarde, la maestra María Eugenia Herrera Cuevas, cronista del Pueblo de Tultenco, nos recordó lo destructivos que han sido y seguirán siendo los gobernantes de la ciudad, y para ello hizo un recorrido minucioso por la historia del Hospicio de Niños Expósitos, una de las impactantes obras porfiristas, del cual quedan sólo unos edificios entre el cuartel de guardias presidenciales y un centro de salud (Calzada de Tlalpan y San Antonio Abad, en la colonia Asturias). Un hospicio fundado en 1905 y del cual para 1963 desaparecían varios de sus edificios bajo el pretexto de que estaban en muy mal estado.

En el último día la arquitecta María Bustamante Harfush, cronista de Tacubaya, y por tanto anfitriona de este encuentro, puso en perspectiva que la delegación Miguel Hidalgo es más que las Lomas de Chapultepec, Polanco o el propio Bosque de Chapultepec; una delegación a la que, permítaseme ponerme personalmente sensible, le guardo un gran recuerdo por mi paso por la Casa de Cultura Quinta Colorada en esta misma demarcación, tan familiar por ende. La licenciada Ángeles González Gamio, cronista del Centro Histórico, tocó el tema, que no podía faltar, del segundo imperio mexicana, justo en este año en que se celebraron los ciento cincuenta años de la muerte de Maximiliano de Habsburgo, un personaje de aristas polémicas en la historia nacional.

Una conferencia auténticamente al alimón, nos ofrecieron la licenciada Adriana San Román y Adriana Peyrón, cronistas de la Delegación Iztapalapa, quienes nos hablaron de la primera fábrica de flores artificiales, y dado que se trata de un negocio familiar y por lo tanto muy conocido para ellas, también supimos de los procesos creativos de estos artículos para novias, quinceañeras, locaciones y muchos más usos. Y el licenciado Pedro Uribe Llamas, también cronista del Centro Histórico, nos dejó pensando al definir a “…la crónica de la ciudad, más preguntona que contestona…” y cuando en su conferencia nos dejó en el aire la interrogante de si la casa de Manzanares 25, anunciada por la autoridad como la más antigua de la ciudad, lo es en verdad. Poniendo sobre la mesa varios antecedentes que pondrían en duda tal aseveración, pero por supuesto con la sabia interrogante antes que con la petulante afirmación.

En los tres días se cerró con una conferencia magistral, todas muy visuales y atractivas. El maestro Miguel Noé recordó las casas famosas de la ciudad de otros tiempos, con sus respectivas imágenes para identificar su ubicación actual: la casa de la Bandida, la casa en donde murió Pita Amor, o donde vivió Adolfo López Mateos, o María Conesa, son algunas de las casas que vinieron al recuerdo en la sala de una manera amena y didáctica. Por otro lado, la conferencia que iba a ser dictada por Carlos Villasana fue enriquecida con la presencia de Juan Carlos Briones, quienes nos comentaron su experiencia con su magnífica página de “La Ciudad de México en el tiempo”, a la que muchos somos fieles seguidores. Después de esta presentación, la vicepresidente María Bustamante Harfush les hizo la invitación a los dos ponentes y a Sócrates Vera, cronista de la Colonia Estrella, a formar parte de esta asociación, quienes vienen a enriquecer aún más la labor preceptora que se ha venido sosteniendo aun con todos los sinsabores y por supuesto sin el apoyo oficial. Y por último, el fotógrafo Santiago Arau enriqueció de sobremanera la crónica con sus videos y fotografías tomadas con drones desde ángulos espectaculares, dándole otra dimensión a nuestra ciudad y al terremoto del pasado 19 de septiembre.

Lo que aquí relato es por supuesto mi experiencia, en la cual por desgracia no pude estar presente en todas la conferencias, lo que no impidió el gran aprendizaje y reflexión que nos proponen estos encuentros, que Ave Lamia ha venido reseñando ya desde 2 años anteriores, y a la cual regresamos con placer:
(http://www.avelamia.com/201312_ix_encuentro.htm). (http://www.avelamia.com/201501_x_encuentro.htm).

Un encuentro de cronistas no es cosa de todos los días, y los amantes de la Ciudad de México, y por ende de la crónica de esta misma, siempre estaremos agradecidos de los tres días que nos permiten abrir el horizonte cognoscitivo sobre esta imponente, conflictiva y muy cautivadora urbe.

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