Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VI Número LXII Diciembre 2017

 

Editorial

Eres como la novia a la que nada hay que reprocharle porque nada prometió. Como ese amigo que nunca te ha fallado porque nunca te ha pedido un favor. Y es mi obligación despedirte con honores, no por ser lo mejor que me ha pasado sino por simplemente haber pasado. Bajo tu cobijo ocurrieron cosas malas -algunas a las que ya me voy acostumbrando y otras que no esperaba-, y sucedió casi lo mismo con los gratos acontecimientos. Y sé que unos y otros quedarán guardados en las alforjas de mi propia vida. A fin de cuentas debo declarar en pleno uso de mis facultades que no te guardo rencor. Siendo honesto hiciste que aprendiera algunas cosas más, y después de ti no volveré a ser el mismo.

Bajo tu sombra se fueron de esta dimensión el gran Ruis y su combativo humor; Evangelina Elizondo con su eterno porte; Jerry Lewis con su humor simplón que dejó huella en el cine; Genaro Moreno, quien me entretenía de pequeño en los cortes programáticos del canal 5; Jeanne Moreau, la mujer fatal de ronca voz; Luis Jimeno, que pese a ser un gran actor hubo un tiempo en que se le conoció como el que vendía el detergente del “chaca chaca”; Hugh Hefner quien logró llevar la perversión a nivel comercial; Héctor Lechuga, cuya comicidad siempre será recordada; José Luis Cuevas que llevaba el signo de la polémica; Adam West, quien me deleitó en la infancia con una singular interpretación de Batman; Roger Moore, uno de los más memorables James Bond; la gran actriz mexicana Margarita Isabel; Chuck Berry y su gran influencia en el mundo del Rock and Roll; y por supuesto Daniel Viglietti, el cantautor de la dignidad, quien partió antes de terminar esta edición, esto sin dejar de lado los dramas particulares que dejó el tercer más fuerte terremoto de que se tenga memoria en la Ciudad de México, sin dejar las innumerables pérdidas humanas que dejaron otros incidentes naturales y los que por desgracia sigue ocasionando la insania humana.

Pero también hubo motivos de celebración, muchas personas podrán certificar este hecho desde sus propio acontecer. Y desde luego aún con mi acendrada misantropía, debo agradecerte los encuentros y reencuentros con gente con la que me encontraba distante. Y justo en el año al que representaste, tuve en lo personal la oportunidad de revalorizar el concepto de la muerte y su suerte de renovación.

Lo importante es reiterar que en ningún momento he de culparte por el fraude electoral recalcitrante del PRI, ni de la llegada al poder del imperio capitalista de un güero desquiciado, ni de la devaluación del peso, la inflación o los gasolinazos. Esto sería insensato y fuera de todo propósito, ya que le quitaríamos responsabilidad a la abyección tan acendrada en la naturaleza humana.

Y hoy, como a tu antecesor de hace 32 años, te agradezco por dejarme ser testigo de los valores humanos que aún valen la pena y que me hacen reconciliarme al menos por un momento y al menos con unos cuantos seres humanos que demostraron que no sólo sabemos “meter el pie” a los demás.
No perdamos objetividad, eres sólo un periodo de tiempo del cual pende como la “Espada de Damocles” el propio destino, y ese no depende por supuesto de ti. Ni culpable de los sucesos desagradables, ni responsable de los gratos momentos, simplemente un marco de tiempo en que quedan en buen resguardo muchos hechos que son parte del recuerdo. Y por eso insisto en que no te guardo rencor.

Tinta Rápida

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