Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VI Número LXII Diciembre 2017

 

Luis Aguilar
El gallo de oro

José Luis Barrera

Desde el punto de vista del arraigo popular, justo atrás de los grandes ídolos del cine mexicano, se encuentra la figura de un actor de mejor hechura actoral que quienes lo preceden en popularidad y con una voz de barítono bastante educada y por tanto agradable. Hablo de Luis Aguilar, quien además tenía carisma y atractivo para las damas. De todos es sabido que Pedro Infante y Jorge Negrete, en ese orden, cosechaban la mayor cantidad de aplausos y éxitos económicos, lo mismo en la taquilla que en la venta de sus discos, y si bien es cierto que estaban en un pedestal casi inalcanzable, Luis Aguilar discretamente se fue perfilando como el galán que les seguía y que aunque no lograba la venta de discos que los anteriores, sí era un éxito en sus presentaciones personales.

Pese a las características que le ganaban el afecto de las espectadoras, quienes a fin de cuentas son jueces inexorables de la fama de los galanes, Luis Aguilar nunca pudo alcanzar a los dos grandes de cine mexicano. Y esto no se debía a su calidad actoral, ya que de los tres mencionados era el mejor actor, y su calidad como cantante no le iba a la saga del famoso “Charro Cantor”. Tampoco careció de papeles estelares que lo catapultaran al estrellato, ya que tuvo por ejemplo una gran película (mejor que las que encumbraron a Infante y Negrete) que le ganó su sobrenombre: “El gallo giro”.
Hablando de esta gran película de 1948 dirigida por Alberto Gout y guión de su mecenas Raúl de Anda, encarna a un gallero propenso a la violencia, quien decide renunciar a su pasado e intentar una carrera como cantante en la capital, y con ese fin participa en un concurso de aficionados en la XEW.

Durante sus esfuerzos para conseguir el éxito se enamora de Elia del Rincón (Carmelita González), una mujer que ya está comprometida con otro hombre, y como no podían faltar los romances del ranchero conquistador, antes se ve envuelto en un lío con la bella rubia Janette (Joan Page). Esta película se trata de una suerte de anticipo de una de sus comedias más exitosas: “Del rancho a la televisión” (que resulta una mezcla de la película recién relatada de Gout y la de Raúl de Anda de 1942, “Del rancho a la capital”), de 1952 y dirigida por Ismael Rodríguez, en donde la trama es de nueva cuenta la de un joven provinciano que llega a la ciudad de México con la ilusión de triunfar como cantante en la televisión. Esto es posible gracias al apoyo y amistad que le brindan una muchacha y su padre. Sin embargo, su camino al éxito es boicoteado por otra mujer, que le tiene una profunda envidia.

Antes de esto, en 1950 actúa al lado de uno de los grandes actores de la “Época de Oro” del cine mexicano, Jaquín Pardavé (director de la película) en “Primero soy mexicano” en dónde interpreta al doctor Rafael Fuentes, hijo del hacendado don Ambrosio Fuentes (interpretado por Pardavé). El drama muy al estilo mexicano toma un tema nada común en el cine mexicano: la pérdida de la identidad nacional ante la vorágine del “sueño americano”: don Ambrosio espera ansiosamente a su hijo Rafael, quien terminó de estudiar medicina en Estados Unidos y está en camino de regreso a México. El hacendado es analfabeto y por lo tanto su ahijada Lupe (Flor Silvestre) es la que lo enseña a leer y escribir. Cuando Rafael llega a casa se hace evidente que se ha olvidado de sus raíces mexicanas y viene con influencia estadounidense. Rafael logra llamar la atención de Lupe quien resulta embarazada.

Como si esto fuera poco, Fabián (Francisco Avitia) el capataz de Ambrosio, ha decidido a ganarse el amor de Lupe, pero ella está angustiada cuando se entera de que Rafael está comprometido con una dama de la alta sociedad en la Ciudad de México. Cuando don Ambrosio descubre esto, va a la capital, acompañado de Lupe para detener este compromiso. Sarita (Gloria Mange), la novia de Rafael, cuando se entera de la deshonra de Lupe, rompe el compromiso con Rafael. Después de esto don Ambrosio, Lupe, y Rafael regresan a la hacienda. Durante los próximos días, Rafael descubre su mexicanidad real y reta a Fabián a un duelo que gana el primero. Entonces Rafael se compromete con Lupe, y don Ambrosio les organiza una gran fiesta. Al final, Fabián deja la hacienda y junto con Rafael y Lupe cantan el tema de la película “Primero soy mexicano”, canción escrita por Manuel Esperón, Ernesto Cortázar, y Joaquín Pardavé. Como dato curioso (y muy inútil) cabe señalar que una escena imprescindible de esta cinta, cuando Rafael se encuentra en la cocina con “Chonita” (Lupe Inclán), fue editada para aprovechar a un galán de la época de oro que aún vivía, en un anuncio de frijoles “La sierra”, queriéndonos hacer creer que ese producto sabía a los tradicionales frijoles de la olla que preparaban nuestras madres.

De su actuación con Pedro Infante, hablé con anterioridad del gran éxito que tuvo la película “A toda máquina”, y su secuela de “Qué te ha dado esa mujer”, en donde ni la calidad interpretativa tanto como actor, como de cantante, de Luis Aguilar le pudieron ganar al carisma de Infante. Y lo mismo le sucede cuando logra alternar, en mano a mano, con el otro ídolo, Jorge Negrete, en “Tal para cual”, de Rogelio A. González en 1953, una simpática cinta en donde vuelve a demostrar lo bien que se acopla a las grandes estrellas sin que desmerezcan ni él ni sus alternantes. Esta característica es uno de los factores del éxito que tuvo al actuar junto con los dos grandes ídolos y que a mi parecer es donde se gana muy buenos adeptos como actor.
Siempre tuvo que competir con la fama de los dos grandes galanes del cine a los que admiraba, desde que era un joven aspirante a cantante ranchero que acudía con asiduidad al cine para ver las películas de ellos. Al final tuvo la oportunidad de compartir créditos y colocarse apenas debajo de ellos en el gusto popular. En su filmografía cuenta no sólo con el drama y la comedia, que Negrete e Infante protagonizaron en gran número, sino hasta de terror, en la película de 1957, “La marca de Satanás”, de Chano Urueta, en donde junto con Pascual García Peña tiene que enfrentar a un hacha mágica que anda asesinando a los pobladores, además de bandoleros que supuestamente son muertos que vuelven a la vida.

En 1963 aparece en la cinta de buenas hechuras, “El hombre de papel” de Ismael Rodríguez, en dónde interpreta a un ventrílocuo timador que hace creer a Ignacio López Tarso que su muñeco (el popular “Titino”) es capaz de hablar por sí mismo. Un papel pequeño, pero que se convierte en la piedra angular de la historia y que muestra un Aguilar muy lejano al galán que había interpretado preferentemente.
Luis Aguilar, no obstante haber vivido casi hasta los ochenta años, por supuesto no tuvo el impacto mediático que tuvieron Negrete e Infante con sus muertes prematuras, y al alargar su carrera hasta la fecha de su muerte termina de manera no muy afortunada en cintas que denotan la decadencia del cine mexicano (rescatable de entre ellas “Los años de Greta” de Alberto Bojórquez, de 1991, en dónde se trata con sencillez el tema de la ancianidad), y las detestables telenovelas, así como en el comercial que ya comenté.

Sin embargo, Luis Aguilar forma parte de la memoria fílmica de nuestro país como uno de los grandes actores que han pasado por esta industria nacional.

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