Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VI Número LXIV Febrero 2018

 

Cinco poemas
Germán Rizo

Esa carne que ya no se tocará en la vida.
Antonin Artaud


I

Las calles son un cementerio
todos buscan un mapa
la sombra perdida
el grito de un cuerpo disuelto
en el polvo.
Espesa ciudad
a pesar de tu abandono
la sangre vive en los hospitales
el sol finge cansancio
y cubre la inocencia de un niño.
¿Donde están tus muertos
para lavarles su dolor?
Hay un jardín en cada esquina
una vela bañada en lágrimas
y la noche no encuentra a quien salvar.

La oscuridad es una tumba.


II

En mi saliva el polvo danza
y la lluvia
en el arrullo de los faros
la calle ramera de todos
sosteniendo
una huella.
Y el temblor
que acude victorioso
labra mi pulsación
mi voz viento rebelde
relámpago
agrietas las hojas
que saltan en la herida irreparable.

III

Y llegas
con la sed de un pájaro
que habla en silencio
lamiendo la quietud
penetrando
en latidos de guerra
centellar de besos
inmóviles murmullos
suspendidos
en los confines de mi boca.

IV

Hasta que la noche
hilvane un corazón
y la sangre sea un navío
donde estallen los cauces
y el miedo
suene en las campanas
y mi patria caiga
como un pájaro sordo
en el clamor de la tempestad.


V
No soy quien escribe
soy el despojo
de un cadáver pensativo
que sucumbe contra las piedras
enlazado a la huella infeliz
de la tormenta.

Soy la palabra en su laberinto
que lucha
contra el lenguaje soberbio
de los hombres
que busca un pedazo de agua en la semilla
ola que pierde su canto
en lo inagotable del silencio.

Soy el minuto en llamas
oculto
entre el ardor y la muerte.

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