Reserva de Derechos
04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año VI Número LXIV Febrero 2018

 

Dos eventos culturales en las Ciudad de México
(La Ciudad de México en el tiempo y La Fontegara)

Tinta Rápida

La Ciudad de México, rica en ofertas culturales, nos brinda un sinfín de opciones para deleitar los sentidos y alimentar el espíritu inquieto que todo habitante de las grandes urbes tiene. Artistas de gran nivel se presentan en las diferentes sedes citadinas: sean parques, recintos públicos, edificios gubernamentales, bibliotecas o centros culturales. Pero hasta en los eventos gratuitos; y tal vez más en ellos, va de antemano la afluencia de gente pretenciosa que quiere ser superior al “populacho” porque asisten a estos eventos. Lo que parecen omitir es que ellos mismos, con esa actitud, se encargan de alejar de estos mismos a gente que se pudiera interesar en descubrir otras manifestaciones artísticas. Las galerías y las salas de conciertos son segregacionistas de facto. La gente que dice conocer de arte, no se cansa de denigrar a la que abiertamente declara no saber. Y de verdad es muy difícil encajar entre gente pretenciosa.
Y menciono todo esto porque en las postrimerías de noviembre asistí a sendos eventos por demás interesantes y llenos de aprendizaje. El primero, el jueves 29 en las Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, para escuchar una charla riquísima en información y en evocaciones con Juan Carlos Briones y Rodrigo Hidalgo, quienes acompañaron las imágenes de su famosa página “La Ciudad de México en el tiempo”, de mucha información para dar un paseo por el tiempo justo en las inmediaciones del Palacio que nos albergó. Un sinnúmero de imágenes, información y recuerdos que nos hacen valorar aún más esta ciudad que pese a los muchos cambios que ha sufrido no deja de asombrarnos. Las imágenes ahí presentadas nos llevaron desde que aún doblaba la esquina de Madero y San Juan de Letrán (hoy Eje Central) el Convento Grande de San Francisco, hasta llegar a los dos edificios previos de la Compañía de Seguros La Latinoamericana, y por supuesto la actual Torre Latinoamericana que se ha vuelto un símbolo de la ciudad.

Pero también pudimos apreciar cómo lucía la avenida Juárez antes, durante y después de la construcción de otro edificio emblema y también perteneciente en su origen a una aseguradora: La Nacional. Se pudo ver el Palacio de Bellas Artes construyéndose bajo la idea original de Adamo Boari, incluida la pérgola que daba a la acera oriente de la Alameda Central (frente a la hoy inexistente calle Ángela Peralta), e incluso pudimos ver cómo lucía este palacio con sus pegasos coronando el techo.
El segundo evento fue al día siguiente, cuya importancia lamentablemente fue malograda por las pretensiones a que me refiero al principio de este artículo, fue la presentación del disco doble de la agrupación musical “La Fontegara”, que a más de veinte años de su fundación se destaca como un sólido grupo especializado en las interpretación de música de los siglos XVI al XVIII, con los instrumentos originales y una exhaustiva investigación de por medio. El grupo, integrado por María Diez-Canedo (flauta de pico y flauta transversa), Eunice Padilla (clavecín), Rafael Sánchez Guevara (viola da gamba) y Eloy Cruz (guitarra barroca), tuvo como invitado esta noche a Vincent Touzet (flauta transversa). Los cinco músicos nos brindaron un breve pero muy grato momento con la interpretación de unas cuantas piezas que forman el repertorio de los dos discos que conforman la colección “Arca de Música”, música instrumental en la Nueva España. Tanto músicos como público sabíamos el motivo del evento, a los que se les olvidó fue a los tres presentadores (de cuyo nombre no vale la pena acordarse) que extendieron su intervención hasta cerca de una hora, cuando la participación musical fue de poco menos de 40 minutos. Fue algo así como leer un prólogo de cincuenta páginas para un libro de 30. Pero lo importante en realidad fue ser testigos del rescate musical que se ha llevado al cabo de una música tan poco conocida y que además podamos escucharla tal y como la concibieron sus autores de siglos atrás.
Total, que ya para finalizar noviembre, pudimos retroceder en el tiempo sin necesidad de fastuosas máquinas, sino con la labor siempre valiosa de los investigadores que nos tienen deparadas muchas sorpresas más, y no lo dudo ni por un momento.

Regresar