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Ciudad de México Año VI Número LXIV Febrero 2018

 

Editorial febrero

De nueva cuenta febrero, un mes que ni existía en el antiguo calendario romano y que en nuestros días resulta ser uno de los más nefandos, por la implicación comercial que le inocularon de manera artera los genios de la mercantilización social, aprovechando una celebración que el papa Gelasio I, en el año 496, instituyó para sustituir la antigua celebración romana de fertilidad llamada Lupercalia por ser obscena para la nueva religión. Y tal vez por rebeldes, por amargados o simplemente por iconoclastas redomados, en Ave Lamia nos negamos a seguir los designios del marketing con el que la gente cree estar feliz. Pero tampoco andaremos por la calle a manera de sacerdotes lupercos, aunque ganas no nos faltan de revivir este antiguo rito.

A fin de cuentas el verdadero hedonismo no debería estar sujeto a las leyes de la mercadotecnia, y sí a las leyes de la naturaleza, que ya de mucho tiempo atrás han perdido la batalla en contra de la primera. Bien valdría recordar a Aristipo de Cirene y a su discípulo Epicuro de Samos antes de regalar flores, chocolates, ositos de peluche y cuantos objetos nos ofrezcan para rememorar el amor por la pareja. Los hoteles están abiertos todo el año para cuando la pasión apremie, y no se circunscriba ésta a un solo día en el que por supuesto estarán saturados por la gran demanda.

A los enamorados que desean poemas melosos para conquistar a una dama (aunque ellas ni los tomen en cuenta) hemos de decirles que aquí no los encontrarán, pero sí mucho tema de plática para todo el mes (que tampoco les ha de servir para su empresa donjuanesca, porque en realidad toda mujer prefiere ser escuchada). No obstante eso, no desprecien el contenido que de buena manera nos han entregado nuestros autores, tan poco proclives a la melosidad que buscan, pero con buena intensión expresiva.

El mes más corto del año y el más adaptable de todos, ya que cada cuatro años tiene un día más para ajustar el calendario cronológico al calendario tópico. Y aunque febrero se ajusta cada cuatrienio, Ave Lamia nunca se ha de ajustar a sus celebraciones, específicamente a la ya antes mencionada y de “cuyo nombre no quiero acordarme” como dijera Cide Hamete Benengeli. Así que, aunque la pluralidad es nuestra misión editorial y no vamos a obligar ni a impedir que los autores escriban lo que les venga en gana, nunca propondremos celebrar el tan comercial San Valentín.

Editorialmente nos dedicamos a la cultura, pero la mercadotecnia, propiamente dicho, no es cultura, sino que fue creada para crear necesidades en los individuos para hacerlos consumistas y manipulables. Por eso nos negamos a hacerles el caldo gordo a las grandes corporaciones incluyendo tales celebraciones. Recrearemos pues, al menos en el imaginario, las fiestas en honor al dios romano de la fertilidad, Luperco, para romper con los atavismos capitalistas.

José Luis Barrera

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