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Ciudad de México Año VI Número LXIV Febrero 2018

 

Vietnam 1968: la ofensiva del Tet
Loki Petersen

1968 fue un año dramático para el mundo en general, y para los Estados Unidos en particular. Este último país, considerado paradigma inigualable de la libertad y de la democracia, se vio de pronto cuestionado no por naciones enemigas sino por sus propios ciudadanos, especialmente por parte de la joven generación. Ésta había nacido y se había criado en medio del progreso y del bienestar de los años cincuentas, la era de Eisenhower; y ahora, un lustro después del shock por el asesinato de Kennedy (sucedido en 1963), esos jóvenes alzaban su voz contra la vieja generación que ahora quería obligarlos a ingresar a las fuerzas armadas para que acudieran a una guerra que no tenía ningún sentido: la de Vietnam. Y no lo tenía porque, a diferencia de otras guerras del pasado, esta vez no había una agresión directa contra la nación estadounidense.

Para el presidente Lyndon Johnson defender a Vietnam del Sur de la amenaza comunista de Vietnam del Norte, significaba defender la civilización cristiana occidental, cuyo supremo modelo eran los Estados Unidos; significaba defender los ideales del “sueño americano”, es decir, el bienestar y la prosperidad de una nación que era líder del “mundo libre”. Se creía entonces, como se ha vuelto a creer ahora en pleno siglo XXI, que los Estados Unidos eran supremos, el único país donde era posible vivir mejor. Los comunistas no creían eso, desafiaban las tradiciones americanas y se empeñaban en imponer al mundo el socialismo ateo. De ahí la necesidad de defender a Vietnam del Sur. Pero llegó un momento en que esto ya no podía ser creíble, y por una simple razón: a partir de la ofensiva comunista del Tet en febrero de 1968 se hizo evidente que los Estados Unidos, por mucho poderío que tuvieran, no podían ganar esa guerra.

Vietnam llevaba ya largos años en conflicto, con la guerra de guerrillas contra la ocupación japonesa, primero, y luego contra la ocupación francesa. Esta última cesó cuando el ejército francés fue vergonzosamente derrotado en la batalla de Dien Bien Phu, en 1954; el impulsor de esta gran victoria fue el líder comunista Ho Chi Minh. Ocho mil franceses se rindieron, y Vietnam logró su independencia.

Pero había la cuestión de quien gobernaría ese país, y se convocó a elecciones, Sin embargo, era evidente que éstas las ganaría Ho Chi Minh, dada su gran popularidad, y eso no lo podían permitir los Estados Unidos, pues no era posible que un gobierno comunista rigiese ese país del sudeste de Asia, lo cual sería un mal ejemplo para otras naciones del área. Fue así que se dio la división de Vietnam, con el norte en poder los comunistas de Ho Chi Minh, y el sur en manos del corrupto e impopular Bao Dai, un tipo que se la pasaba más en los burlesques de París que en sus deberes presidenciales de Saigón, la capital survietnamita.

El presidente Eisenhower decidió apoyar a Bao Dai, porque éste no era comunista, es decir, por ser “democrático y progresista”, pese a las evidencias de que era un enemigo de su propio pueblo. Comenzó pues la belicosidad entre ambos Vietnam, y el norte invadió al sur. Cuando Kennedy llegó a presidente envió misiones militares estadounidenses para apoyar a los sudvietnamitas, pero todavía no involucró mucho a su país. La situación política en el propio Vietnam del Sur era confusa, hubo un golpe de Estado, y terminó gobernando Nguyen Cao Ky, un admirador de Hitler, fuertemente apoyado por las autoridades estadounidenses.

Fue con la llegada de Johnson al poder en 1964 que la ayuda americana a Vietnam del Sur se incrementó, y hubo un buen pretexto para ello a principios de agosto de ese año cuando en el Golfo de Tonkín, frente a las costas de Vietnam del Norte, estaban anclados ahí varios barcos estadounidenses; éstos fueron, supuestamente, atacados por lanchas torpederas norvietnamitas. Se consideró ello una agresión a la nación americana, y sin ninguna declaración de guerra Johnson ordenó el bombardeo aéreo indiscriminado de Vietnam del Norte, en especial de su capital Hanoi. La verdad es que todo fue un plan deliberado, como el de Roosevelt en Pearl Harbor, para que pareciese una agresión enemiga de mala fe. Pero unas pequeñas lanchas comunistas no podían haber agredido a unos enormes barcos bien armados y equipados.

Y a partir de 1965 fueron llegando a Vietnam tropas estadounidenses, para ayudar directamente al esfuerzo del sur contra el norte; el primero iba perdiendo la guerra frente al segundo por la habilidad de éste, con sus guerrilleros comunistas conocidos como el Vietcong. La llegada de los americanos estabilizó la situación, pero no se logró terminar con los rojos. De todos modos, parecía evidente que con la intervención de los Estados Unidos, la batalla contra el comunismo sería ganada fácilmente.

Sin embargo, pasó 1966, y luego 1967, y más y más soldados yanquis llegaban y la guerra no pasaba de un punto muerto pues los estadounidenses no estaban capacitados para luchar contra las guerrillas, así que preferían apoyarse en el poder aéreo. La estrategia americana era muy curiosa: tenían la idea de que para salvar algo había que destruirlo primero, así que la aviación americana bombardeaba todo lo que hubiera: aldeas, ciudades, lo que fuera, para exterminar así a los comunistas. Si con ello morían miles de civiles que no tenían nada que ver, no era tomado en cuenta. Sin embargo, el Vietcong conocía bien la selva, y podía librarse de los bombardeos por muy devastadores que fuesen, y sí que lo eran por el uso constante del napalm. La que sufría era la población, que veía sus casas reducidas a cenizas. Así era como los americanos pensaban salvar a Vietnam, destruyendo todo.

No obstante, nadie en el mundo podía dudar que, tarde que temprano, los Estados Unidos terminarían imponiéndose. Entonces ocurrió que el 21 de enero de 1968 la guarnición yanqui de Khe Sanh, cerca de la frontera entre los dos Vietnam, en el paralelo 17, fue cercada por las tropas norvietnamitas. Eso tomó por sorpresa a los estadounidenses, que ahora se vieron en un Stalingrado en pequeño: seis mil marines rodeados por todos lados por ochenta mil feroces comunistas. Sin embargo, Johnson no ordenó su rescate, sino que prefirió dejarlos ahí, pues ello le daba oportunidad de usar a los cercados como héroes americanos frente a los rojos villanos. Sólo que con algo no contaba el presidente yanqui, que la cobertura mediática era ya muy grande en esos días, y un montón de reporteros y camarógrafos entraron a Khe Sanh y dieron a saber al mundo las lastimosas condiciones de los marines cercados. El público estadounidense quedó asustado, y comenzó a preguntarse qué estaba pasando realmente en Vietnam. Pero lo peor estaba por llegar todavía.

El 31 de enero de 1968 dio inicio la ofensiva del Tet. El Tet es el año nuevo vietnamita, y ese día todos en Vietnam del Sur estaban de fiesta, y no se esperaba ningún ataque enemigo. Pese a los informes de que algo estaban preparando los comunistas, pues se notaban movimientos militares a través de la ruta Ho Chi Minh, la vía por donde las tropas rojas llegaban al sur, los jefes yanquis no hicieron caso, y tampoco a Johnson le pareció importante. Entonces comenzó la verdadera batalla: el Vietcong atacó desde todos lados, los guerrilleros incursionaron en Saigón y atacaron la propia embajada de los Estados Unidos; en otras ciudades tomaron por sorpresa a las tropas survietnamitas y americanas, que se vieron en gran apuración para repeler los ataques. Desde sus aparatos de televisión, los ciudadanos americanos vieron lo que no parecía posible: los comunistas estaban ganando. Por lo tanto, ya no podía confiarse en Johnson y su política belicista.

Desde años atrás se había hecho presente la oposición juvenil a la guerra, por parte de los yippies y de los hippies. Los primeros eran el Partido Internacional Juvenil, dirigido por Jerry Rubin, integrado por estudiantes; los segundos, un grupo pacifista de vestimenta estrafalaria y que tuvo su verano del amor en mayo de 1967, con su slogan de “Peace and Love”. Para ganarse a la juventud pensante, Johnson decretó que los jóvenes que estuvieran en la universidad quedaran exentos de ir a la guerra. Ello provocó que los enrolados fuesen jóvenes pobres y sin estudios, casi todos negros y chicanos, y que a muy pocos blancos, pues la gran mayoría estudiaba, se les enviase al frente. Ello provocó más protestas todavía, por lo discriminatorio, y muchos decidieron emigrar a Canadá para evadir el servicio militar.
Hasta entonces sólo los jóvenes estaban en contra del gobierno americano, A partir de la ofensiva del Tet, cuando los ciudadanos comunes y corrientes vieron con sus propios ojos a través de la televisión que el poderoso ejército de su país estaba siendo acorralado por los comunistas, ya no pudieron ellos aceptar una guerra que parecía ganada de antemano y no era así, y que además ya se alargaba mucho. Y no quedaba claro tampoco por qué se luchaba en un país lejano, pues las explicaciones oficiales ya no sonaban convincentes. 1968 era un año electoral, y en el propio partido del presidente, el demócrata, se oyeron por fin voces en contra de la guerra, por parte de los precandidatos Eugene McCarthy y Robert Kennedy, quienes abiertamente expusieron que de ganar la presidencia, lo primero que harían sería sacar a las tropas de Vietnam y traerlas a casa.

Los americanos se veían asediados por el Vietcong en todas partes, y ante lo desesperado de la situación, el general William Westmoreland, comandante yanqui en Vietnam, solicitó a Johnson el envío, lo más pronto posible, de medio millón de soldados. Primero que nada, el presidente quitó a su secretario de la Defensa, Robert McNamara, que no le estaba sirviendo de nada, y puso en su lugar a Clark Clifford, quien fue a Vietnam mismo para ver las cosas directamente, Cuando se enteró de que Westmoreland no tenía ningún plan para ganar la guerra, supo que Estados Unidos tenía que salirse ya del conflicto.

A lo largo de febrero de 1968 se luchó furiosamente. Los americanos tenían la ventaja del napalm arrojado desde los aviones, y el peso de estos bombardeos fue deteniendo el impulso norvietnamita. Cuando empezaron a llegar los refuerzos desde los Estados Unidos, todo empezó a equilibrarse. Los americanos contraatacaron y pusieron sitio a la histórica ciudad de Hue, que quedó totalmente arrasada por lo intenso del combate. Ya para marzo la ofensiva roja del Tet disminuyó en intensidad, pero había logrado su objetivo: asustar a los estadounidenses, tanto a las tropas que se les enfrentaban, como a la gente americana en general.

Clifford le dijo a Johnson que sería necesario salir de Vietnam, pero el presidente respondió que no lo podía hacer, pues como no pensaba lanzarse para otro periodo presidencial, quería dejar la decisión en manos del nuevo mandatario. En abril terminó el cerco de Khe Sanh, y los marines pudieron salir de ahí. Y también en ese mes ocurrió el asesinato de Martin Luther King, quien siempre se opuso a la guerra de Vietnam, sobre todo protestaba el que se enviasen ahí más y más negros pobres, y que a éstos se les encomendasen las misiones difíciles. Y en mayo sucedió otro asesinato, el de Robert Kennedy, que era un fuerte precandidato a la Presidencia. Los demócratas lanzaron como candidato al mediocre vicepresidente Hubert Humphrey, y los republicanos arrollaron por completo en las elecciones con un Richard Nixon renovado y con un alto nivel de popularidad. Nixon dijo que estaba de acuerdo en que terminase la guerra de Vietnam, siempre y cuando fuese con honor para los estadounidenses. En el país arreciaban las protestas, y la policía las reprimía ferozmente. No cabe duda que la ofensiva del Tet cambió por entero el rostro de una nación que hasta entonces había sido optimista y arrogante, y que pensaba que todo cuanto fuese americano tenía que ser ganador. Los campesinos del Vietcong les dieron una gran lección, hace cincuenta años.

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