Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VI Número LXVI Abril 2018

 

Entremeses dipsómanos
José Luis Barrera

El infierno por todos anhelado
Para Paulina Navarro

Súcubos cuyo hábito es terminar plasmadas en una epístola, sin que esto las amedrente ¿Por qué temerle a la eternidad si a nadie ha matado? liberan recuerdos que viajan por las noches para alimentarse con tinta fresca de sus víctimas: los locos inventores de frases resignados al sacrificio (el olvido no es placebo: sus escritos gozan de cabal memoria).

Representaciones femeninas de la obsesión -el más inexorable de los demonios humanos. Llevando su carcaj repleto con flechas de oro y plomo, lo mismo crean que frustran los sueños. Jamás han perdido una batalla, aunque hayan fracasado en miles de guerras (a veces los demonios son vencidos con su propio reflejo). Los gruesos muros del castillo de los desencantados de nada sirven contra su irredenta seducción.

Con una mirada o una sonrisa también vibramos los vencidos. Por la derecha del bardo fluyen anatemas dictados por ellas. Es preferible desangrar mi pluma en la piedra de sacrificios, que sentenciarla a la infinita monotonía del número. Nadie desea ser el héroe, La femme diabolique permanecerá invicta en tanto porte la ballesta del deseo. Quien decida evitar el infierno, se estará perdiendo en definitiva el paraíso.

Eritis sicut dii

Los índices del pecado están a la alza debajo de tus faldas. Placer recurrente a la carne. El sexo en los tiempos de la avidez. En la dionisiaca Pafos, los tratados comerciales son asuntos de todos los días. Magdalena sentada a la derecha de Hetaira. Apetitos veniales saciados en la clandestinidad pública. Prohibición genera deseo. Abolición de la moral, emulando a Friné bajo luces de neón.

La ley de la lascivia te brinda la absolución. Sueños y obsesiones observando la fugacidad del ropaje. Cuerpo desnudo proponiendo el voyerismo a ultranza. El placer tiene la virtud de la ubicuidad. Ficciones del amor. Sentenció San Joaquín de Atocha que “las malas compañías son las mejores”. El querido Sabines sigue proponiendo tu canonización en el cielo. Por tu labor en la mancebía no dejas de ser dama. Mujer: ven y libera a mi amigo, el lúcido poeta, de su dolorosa erudición; bébete hasta la última gota del néctar de la vid, dejándola plácidamente vencida; siéntate al lado del ignoto "tinta rápida" ahora que tiene parné para gastar y unas ganas locas de perder acciones de su alma en tu paraíso maldito.

Podofilia

El extremo sur de tu paisaje es instrumento epicúreo de tu andar. Deliciosa piel extrema con la que Baco deseó que se hicieran los más deliciosos brebajes bermejos. Aduana erógena para llegar al hedonismo. Principio de madurez cuando tocas el suelo con ellos y despertar de mis instintos cuando se emancipan mirando al cielo. Ampliación del erotismo hasta tus tierras polares.

La sensualidad se lleva al cabo desde la misma frontera de tu cuerpo. Ramales de inspiración de mi libido, con diez vástagos en formación perfecta. Sin buenos cimientos cualquier edificación se desploma ¿qué sismo podrá derrumbar la pasión que inicia desde el origen cutáneo? Engalanados son simiente por excelencia del fetichismo. Desnudos son el preámbulo perfecto de la expedición carnal. La Diosa puede carecer de brazos, pero nunca de pies. Camina seductoramente descalza hasta el lecho lúbrico, que aquellos con los que llegas hasta mí, me harán llegar pleno a la cumbre del placer.

Sucesión natural

“...quiero que me relates el duelo que
Te callas, por mi parte te ofrezco mi última confianza...”

Mario Benedetti

El pecado prefiere la carne joven para nutrirse, y la elipse de tus caderas supo saciar su hambre. Reina de las vanaglorias. Las ráfagas de la memoria te invocan y te veneran. La mariposa surgió de pronto al vuelo; nadie recuerda con exactitud cuándo dejó el capullo. Una niña murió.

El hedónico trofeo está en juego. Licántropos sedientos de jugos cárnicos al acecho. Corazones sacrificados para fortalecer tu imperio. Que le importa el amor a la mujer si se sabe deseada. Pero la sucesión te alcanzó. Helena de mi calle, hoy las miradas no te honran.

Debiste consultar a los años venideros cómo llegarían a ti. El pasado suele acumularse en las carnes. Sirena encallada en la clepsidra. Guárdate las miradas morbosas en tus arcas. El tiempo del interior te ha llegado aunque no quisiste saberlo. Sólo tus ojos conservan recuerdos de tu efímero reinado. Destierro definitivo de los bajos instintos.

Tendría que preverse la derrota estética. Cuando los espejos dejan de ser amantes, habrá que apegarse a algún sentimiento. Pero no creo que hayas guardado reservas de vida en tu alma para los años de la depresión, para cuando nuevas ninfas asuman el trono.

Si nadie te desea ahora, debes de saber que te recordamos los súbditos de la belleza.

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