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Ciudad de México Año VI Número LXVI Abril 2018

 

Voces de unidad
Tinta Rápida

Valió la pena asistir la tarde del 23 de febrero a la Parroquia jesuita de La Sagrada Familia, en la calle Orizaba, en la Colonia Roma, para escuchar el concierto Voces de Unidad, que reunía a los grupos corales de las iglesias Anglicana, Ortodoxa, Católica Maronita y Católica Romana. Este era un concierto que estaba planeado para octubre de 2017 con el propósito de conmemorar los 500 años de la Reforma Luterana (de la cual ya hablamos en esta revista en su momento http://www.avelamia.com/201710_reforma.htm), y que tuvo que ser llevado al cabo cuatro meses después.

Siempre es grato encontrarse en la magnificente y bella parroquia de estilo neogótico, neorrománico y por supuesto ecléctico; que comenzó a ser construido en 1910 por el arquitecto Manuel Gorozpe y el ingeniero Miguel Rebolledo, en terrenos donados por Don Pedro Lascurain y Don Edward Orrin. Y si a esto se le adiciona con un evento tan atractivo que, no obstante su evidente esencia religiosa, no deja de tener un interés cultural por evidentes razones, no hay forma de eludir la necesidad de concurrir con sumo gusto.

El evento comenzó con una visita guiada por las obras pictóricas con que el padre Gonzalo Carrasco decoró prácticamente toda la parroquia ya para mediados del siglo pasado, pero por desgracia, un deficiente sonido hizo casi imposible escuchar la explicación que la especialista brindó a la concurrencia, que por esta causa ya se mostraba un tanto inquieta. Tal vez por esta misma razón, esta actividad, que resultaba muy interesante, terminó antes de lo planeado.

Y contrario a lo que por regla general acontece en los eventos realizados en nuestro país, el concierto afortunadamente inició a la hora programada, y nos dispusimos a escuchar las interpretaciones de Schubhho Lrahmaik, Kyrie Eleison, Hasio Wqadisho, Totus Tuus, Lla Masihhan y Panis Angelicus, con la importancia de poder escuchar estas obras en español. griego, latín, árabe y arameo.

El Ensamble Coral Aguilas de La Salle, así como el Ministerio de Música Santo Domingo de Guzmán, ambos de la Iglesia Católica Romana; el Coro Laus Deo, de la Iglesia Anglicana; el Coro de la Catedral de la Iglesia Ortodoxa OCA; y el Coro de Nuestra Señora de Líbano de la Iglesia Católica Maronita, fueron los encargados de las interpretaciones ya mencionadas. Pudimos disfrutar de coros magníficos, con cada una de la agrupaciones bastante bien acopladas, que permitieron percibir los claroscuros del espíritu que incentivan estos cantos.

Y para concluir esta festividad de manera imponente, las cinco coros ya referidos interpretaron de manera conjunta el Himno a la alegría, un poema de Friedrich Schiller, y que corresponde al cuarto movimiento de la Sinfonía no. 9 de Ludwig van Beethoven, lo cual fue sin duda un cerrojazo de lujo para la velada histórica, en la que el público asistente se sumó a este canto que me removió rescoldos de la esperanza que en algún tiempo albergó mi mundo infantil. Y con ese canto festivo no puede uno dejar de pensar que lo que comenzó en la puerta de la capilla del palacio de Wittenberg, quinientos años atrás, hoy se conmemoró con una celebración que en realidad no estuvo retrasada por cuatro meses, sino por quinientos años, en los que se hubieran evitado muchas muertes innecesarias. Y en este concierto era necesaria al menos una imagen de Martín Lutero, sin el cual jamás se hubiera llevado un concierto de estas características.

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