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Ciudad de México Año VI Número LXVII Mayo 2018

 

Manuel Palacios “Manolín”
“Fíjate qué suave”
Tinta Rápida

Aunque para muchos la Época de Oro del Cine Mexicano es recordada por sus melodramas, que tendían a exagerar el sufrimiento y redimir a los pobres por esta causa, y aunque hubo películas bastante recomendables en este género, a mi parecer la comedia es lo que más nos identifica con ese carácter chocarrero, alburero, y desvergonzado del mexicano, que incluso ante el propio drama cotidiano de la vida, encuentra una catarsis en la broma y el sarcasmo.

De tal forma que hasta varios actores de los dramas más desgarradores le entraron a la comedia: ¿Quién no recuerda a Pedro Infante en Escuela de vagabundos, a Domingo y Andrés Soler alternando con el propio Cantinflas, e incluso Andrés con Germán Valdés “Tin Tán”, en Las aventuras de Pito Pérez, o Fernando Soler en una drama mezclado con comedia de Luis Buñuel El gran calavera, o Educando a papá dirigida por el mismo actor?

Este género, alimentado de protagonistas preferentemente de las tan populares carpas, en dónde el pueblo se divertía de manera económica, le da ese toque tan popular que le da mayor validez cultural. Y justamente de la carpa surgió un actor cómico cuya actuación muy característica lo consolidó como un actor representativo del cine mexicano de entonces: Manuel Palacios Sierra, mejor conocido como Manolín, nacido en la ciudad de México el 25 de mayo de 1918, hace cien años.

Su personaje era el de un tipo con hablado como de niño y con facha de tonto, aunque estaba lejos de serlo, ya que tenía mucha picardía, tan nacional, y no siempre lo hacía “maje” (como él mismo decía), su coprotagonista Estanislao Shilinsky. Esta pareja de cómicos actuaba apegada a ese estilo, y dejó un testimonio de la comedia mexicana de ese tiempo.

Con una filmografía no tan extensa como la de otros actores de esa época, Manolín y Shilinsky son sin duda representantes inconfundibles del género cómico en el cine nacional. Hacían pareja como se estilaba en las carpas, en donde el personaje serio es el “patiño” del cómico, dándole supremacía al bribón, al cínico y al desparpajado, por sobre el aparentemente bien portado y decente.

Éste termina siendo siempre blanco de las burlas del “peladito”, o “menso”, como el mismo Manolín se decía, pero al final terminaba no siéndolo. Esa era la forma en que actuaban en las carpas y fue rescatado en el cine mexicano de esa época, que resalta mucho más en la época yuppie de los medios de comunicación.

Manolin, a diferencia de otros actores nunca cambió su aspecto carpero e hizo tan famosa su expresión “fíjate que suave”, ya desde la carpa, que su primera película, producida por Grovas–Oro Films, en 1948, llevó como título justo esa frase. Después de comprobar que el dueto tuvo éxito en taquillas, en ese mismo año Juan Bustillo Oro dirigió un sainete muy a la mexicana que llevaba por nombre Dos de la vida airada, refiriéndose al dueto de inútiles que no pueden “pegar una” y “estan en la chilla” permanentemente.

Esta película inicia de hecho en una carpa de nombre Olimpia, en donde la pareja de comediantes hacen un número vestidos y cantando a la usanza rusa (aprovechando el origen de Shilinsky, quien por cierto era cuñado de Cantinflas, al ser hermano de la esposa rusa de este último). En ese número de carpas mencionado se da una mezcla a la mexicana que proporciona Manolín, quien cuenta el “colmo del charro”, que es supuestamente muy lépero, y que nunca se escucha en la cinta, motivo porque los corren de la carpa. Ahí inician las peripecias de los dos inútiles que recurren incluso al robo.

Incluso Juan Bustillo Oro se inclinó por dirigir la versión adaptada de Ahí está el detalle (un éxito de taquilla protagonizado por Cantinflas y Joaquín Pardavé y dirigida por el propio Bustillo Oro) con el dueto de Manolín y Shilinsky, bajo el nombre de Vivillo desde chiquillo, que sin tener el éxito de la primera no deja de ser muy entretenida.

La carrera de Manuel Palacios, quien era buen cantante, así como ejecutante de piano y guitarra, inició en un concurso de aficionados en 1935 y que lo llevó a formar, un año después, el trio Alabama con Ernesto Cortázar y Lorenzo Barcelata, con los que realizó varias giras por la República Mexicana, hasta que se desintegró, y tras cinco años de trabajar por su cuenta por cerca de cinco años, ya desde 1945 y hasta su muerte en 1977 hace mancuerna con Shilinsky.

Una pareja cómica que trabajó arduamente, incluso en la televisión (en el programa “Nueva Cita Musical” a principios de los años sesentas, conducido por Emilio Tuero) aunque esta actividad no se ve reflejada en el número de películas filmadas. En su época de auge, Manolín, no logra tener el número de filmes que otros actores de esa época ya tenían, que luego de la década de los sesentas se hace aún más magra, lo que no obsta para que sea un personaje infaltable en la historia del cine nacional.

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