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Ciudad de México Año VI Número LXVII Mayo 2018

 

Marx y los griegos

(A un ferviente creyente en que la historia es un progreso, como Karl Marx, no le pareció inexplicable, aunque sí sorprendente, el que un arte que se supone anticuado, como el griego, siga llamando la atención y continúe gustando, a pesar de que se viva una época en que la tecnología no necesita de los dioses para dominar sobre el mundo. Marx, que apoya el que haya locomotoras y telégrafos, lo más avanzado de su tiempo, se pregunta cómo pueden existir tales adelantos, y seguimos disfrutando de la Iliada, donde no los había. Lo curioso es que toda esa parafernalia tecnológica que Marx menciona como signo de modernidad frente a lo antiguo, ha envejecido, de tal modo que el arte griego, que incluye a la literatura, se nota hoy más moderno que los ferrocarriles y los telégrafos. La infancia de la humanidad, la época griega, siempre queremos retenerla porque sabemos que no volverá, dice Marx, quien plantea esta cuestión en un breve texto escrito con la intención de que más que adelante que tuviera oportunidad lo retomase para ampliarlo. Nunca fue posible, y se quedó a nivel de apunte. Hoy, donde todo es electrónico y digitalizado, cabe volver a hacer la pregunta, y la podemos contestar: la Iliada, no importa en qué nivel de desarrollo social surgió, nos es más necesaria que las computadoras, porque éstas no saben cantar ni contar, y llegarán a perecer y serán sustituidas por otra cosa. Pero Homero, el arte de esos niños llamados griegos, volverá una y otra vez. Va pues mi traducción de lo expuesto por Marx en 1857. LP).

Es sabido que el arte, en ciertas épocas de su florecimiento, de ningún modo se puede relacionar con el desarrollo general de la sociedad en que aparece, y por lo tanto tampoco se relaciona con los fundamentos materiales que son el esqueleto de la organización de esta última. Por ejemplo, los griegos comparados con los modernos, o Shakespeare. De las formas conocidas del arte, digamos la epopeya, incluso es reconocido que ellas, en la época de su aparición en el mundo, jamás pueden producirse de manera clásica si la producción de arte, como hoy la conocemos, se introduce como tal; por lo tanto, que dentro de la esfera del arte mismo, conocidas y significativas figuras del arte clásico sólo son posibles por sí mismas cuando hay un estadio no desarrollado en la evolución del arte.

Si esto es así en relación con los varios tipos de arte dentro del ámbito del arte mismo, no es sorprendente el cómo el ámbito total del arte no entre en relación con el desarrollo general de la sociedad. La dificultad se origina no sólo en la formación general de esta contradicción, que tan pronto como llega a especificarse se explica ya.

Tomemos por ejemplo la relación del arte griego, y también la de Shakespeare, con la actualidad. Sabido es que la mitología griega no sólo es el arsenal del arte griego, sino también el suelo donde éste se nutrió . La concepción de la naturaleza y de las relaciones sociales, que están en la base de la fantasía griega y por tanto de la mitología griega, ¿sirve de algo ante lo automático, ante los ferrocarriles y locomotoras y telégrafos eléctricos? ¿Dónde queda Vulcano frente a Roberts y Compañía, Júpiter frente al pararrayos, y Hermes frente al crédito inmobiliario? Toda mitología supera y domina y configura la fuerza de la naturaleza en la imaginación y a través de ésta; por lo tanto desaparece cuando tiene delante de sí la realidad.

Qué queda de la diosa Fama frente a la imprenta? El arte griego presupone la mitología griega, es decir, que aquí la naturaleza y las formas sociales mismas trabajan de una manera inusitadamente artística a través de la fantasía popular. Ese es su material. No cualquier mitología, es decir, no cualquier elaboración inconsciente de la naturaleza (aquí naturaleza significa todo lo que es objetivo, y por lo tanto queda comprendida en ella la sociedad).
La mitología egipcia jamás podría haber sido el fundamento o el seno materno del arte griego. Pero de todas formas es una mitología. Por tanto no es compatible aquí un desarrollo de la sociedad, porque toda relación mitológica con la naturaleza excluye toda relación mitologizadora con ese desarrollo, el cual requiere del artista una fantasía independiente de la mitología.

Por otro lado, ¿es Aquiles posible con la pólvora y el plomo? O en general, ¿es posible la Iliada con la máquina de imprimir? ¿Se terminaron necesariamente el canto y la leyenda con la aparición de la imprenta, y por lo tanto han desaparecido las condiciones necesarias para la poesía épica?
Pero la dificultad no está en entender que el arte y la epopeya griegos están ligados o no a una conocida fase de desarrollo social. La dificultad está en entender por qué nos gusta ese arte, y en que éste valga todavía como norma de conocimiento y como modelo insuperable.

Un hombre no puede ser niño otra vez sin volverse infantil. Pero, ¿no le alegra la ingenuidad del niño, y no debe él mismo aspirar de nuevo a reproducir esa verdad del niño en niveles altos? ¿No revive la naturaleza del niño en toda época su propio carácter en su verdad natural? ¿Por qué no debiera la infancia histórica de la humanidad, en el momento en que se abrió hacia lo más bello, ejercer sobre nosotros un eterno encanto, como algo que ya no volverá? Hay niños sin educación y los hay precoces. Muchos de los viejos pueblos pertenecen a esas categorías. Pero los griegos fueron niños normales. El encanto de su arte no se contradice con el débil nivel de desarrollo de la sociedad en la que creció. Es más bien su resultado. y más bien está ligado a las condiciones sociales inmaduras en que se originó ese arte, bajo las que pudo formarse, y que jamás pueden regresar.

(Nota introductoria y traducción del alemán, por Luciano Pérez)

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