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Ciudad de México Año VI Número LXVIII Junio 2018

 

Cuatro Poemas
(De Dédalo, 1995)

Enrique Soria

5
Como un punto lejano
Perdido en el paisaje del otoño
Abandono tierra.
La geografía de mi destino
Se reduce a un litoral
De realidad interminable
Los anuncios
Las señales
Las miradas
Abandonado al azar del viaje,
Abordo el camino de mis presentimientos
Esperando
Un desastre indecible
O señales del cielo;
Presagios de paz o de guerra
En las fronteras de mi suerte.
Tomo
-por ejemplo-
El autobús
Y dejo pasar el primero
Y el segundo
Y los demás según mi humor

Hasta que tomo alguno.
Vigilo cuidadosamente
Pero nada es raro.
¿Qué habrá o no habrá en los otros?
¿Qué de bueno pasará?
¿Qué me esperaba?
Y al final no pasa nada
Y esta espera incansable
Por un viento sorpresivo
En el oleaje urbano
Me encamina
Mas ligeramente a mi destino.
No hay fortuna ni tragedia,
No hay encuentros con mis enemigos
Ni con la mujer de mi vida,
Ni abandonos
Ni estallidos
Ni presagios
Y cansado
Llego a casa
Sin nada entre las manos
Solamente una ciudad indiferente
Al insípido destino
De un millón de vidas rotas.
Volviendo a casa
Un día tras otro
Ignoro aún en qué marea
Flotarán mis sueños de mañana.

6
Hay tanta noche en mis palabras,
Tanto café,
Tanto tabaco,
Tanto hueco en las paredes de mi pecho
Y tantos clavos
Para colgar alguna imagen de quien sea...
Tanto remiendo
En la frazada con que cubro
Mi memoria
Y tanto invierno alrededor.
Hay tanto que decir
Que llevarlo adentro quema.
Transito en medio de la madrugada
Con la soledad a cuestas
Busco el limbo
Y me escondo en él durante el día.
Acumulo en mi interior
El desaliento
Y tres o cuatro nombres
Que pronuncio con cuidado
Para no olvidar.
Buscando salida,
Todo esto guardo en mí
Hasta que un verso hace ignición
Y estalla por la punta de mi lápiz.
Liberado de momento
Vuelvo al mundo
Con las dudas esperando
El estallido de mañana


7
Desgarrada voz
Fluyendo por los enrramajes
De la melancolía.
No hay nadie afuera
Que me espere
Y, sin embargo, salgo
A repetir
Mis viejas rutas

8
Aquí no hay sol
Ni siquiera días nublados
Fluyendo por el subconsciente
Ni tardes en la plaza.
No hay ruido ni silencio.
Solo el vacío estremecedor
Entre el cristal y el escritorio,

Frontera de mis guerras interiores
Aquí
Solo el almanaque sirve de argumento
Una copa por la noche
Es mejor que cualquier cosa
Cuando el tedio
Fragmenta las ideas
Aquí donde se diagnostican
Enfermedades incurables
En la conciencia colectiva
Mientras la nuestra muere
Aquí se entierran
Tantos héroes desconocidos
Antes de disparar el primer concepto
Donde mi abuelo murió
Sobre la carpeta de un informe.
Donde se proyectan
Mejoras o empeoras
Según las metas del programa
Aquí donde falta tinta
Para anotar los ingresos y egresos
En el presupuesto del corazón
Con cifras rojas.
Ese mismo tono
Hipnotizante y rojo
Como el sol que desde aquí no veo,
Como el extinguidor vacío,
Insinuante rojo
Como anuncio de evacuación,
Como labios de mujer lejana;
Confundible y rojo
Como coche de visita distinguida
Y como las ideas
Que nos conducían
Antes de archivar
Nuestra juventud
En el locker de la decadencia

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