Reserva de Derechos
04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año VI Número LXVIII Junio 2018

 

Editorial

En el ombligo de este año en que parece que olvidamos la unión que propició el terremoto del 19 de septiembre pasado, ahora nos entregamos a la inquina y enfrentamiento entre la sociedad, por algo que sólo debería confrontar a los políticos: las elecciones. Muchos hemos caído en compartir la famosas fake news, con que los contrincantes políticos inundan las redes para jalar “agua a su molino”, y las hemos dado por ciertas para desvirtuar las candidaturas de los que no nos parecen los adecuados para gobernar nuestro país.

Lo cierto es que si el debate entre los candidatos es de verdad muy pobre, lo que es absolutamente lamentable es que la discusión de los mexicanos en las redes, en general, es tan nefasta o incluso más que la que sostienen los políticos. Y no importa a quien se siga, la gran mayoría de las publicaciones carecen de veracidad e imputan delitos o faltas no comprobadas al que toman por contrincante, como si por ello les fuera la vida. Las publicaciones maniqueas son características de las cúpulas de poder, que por supuesto obtendrán dinero y poder si ganan las elecciones. Pero nosotros, los que compartimos esas notas ¿qué ganaremos? Nada, como siempre, pero seguimos sin entender eso.

Por otro lado, el 14 de este mes se juega el Mundial de Futbol, que nos tendrá un tanto (o un mucho) idiotizados, justo cruzando la época de campañas, veda electoral y las propias elecciones. La Selección Mexicana por supuesto nos seguirá haciendo tener nuestro mediocre sueño del quinto partido (que celebraremos como si fuéramos campeones), haciéndoles el caldo gordo a las televisoras y permitiendo la lobotomía mediática que nos proponen para manejar a su gusto el destino de nuestro país. Cabe aclarar que en Ave Lamia habemos muchos “pamboleros” y seguro varios de nosotros también estaremos sentados frente al televisor viendo los partidos de la selección nacional, y algunos otros que nos sean atractivos, pero proponemos que esto no nos impida enterarnos de los acontecimientos que vayan sucediendo durante ese mes de futbol. No dejemos de lado nuestras aficiones más arraigadas, pero no dejemos que estas mismas nos impidan pensar.

Recuerdo cuando el Mundial de Futbol de Francia 1998, cuando colaboraba con la Revista Memoranda, que se organizaban reuniones futboleras (con refrescos y botanas; eso sí, sin alcohol), en donde se encontraban algunas de las personas más brillantes que he conocido, y ya terminado el partido comprobé que seguían siendo las mismas personas con las que platiqué de cultura y literatura en otros momentos. Así comprobé mi tesis de que el futbol y la inteligencia no están peleadas. Lo triste es si hay muchos que dejan que la vida pase sin enterarse durante la justa deportiva.

Así, entre campañas y partidos de futbol llegaremos a un momento culminante de nuestra historia, enfrentados por simpatías políticas, pero unidos por un balón (como decía una campaña publicitaria de hace algunos años). México no cambiará gane quien gane, ni en el mundial ni en las elecciones. A nosotros nos corresponde seguir promoviendo la cultura, y no por sobre las elecciones y sobre el futbol, porque ambos son parte de ella.

José Luis Barrera

Regresar