Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VI Número LXIX Julio 2018

 

Cuatro desde la dipsomanía
José Luis Barrera

1.- Linterna mágica

Emprendí el vuelo dentro de los confines de la linterna. Mágica luminiscencia que devela fantasías. Las musas, fluyen luminosas en una manta como una virgen: Greta, Marlene, Ingrid, Jodie, Wynona, Nicole -infinitas y etéreas-. Conquistando mi corazón y mis perversiones. Sensualidad tan diáfana como la propia luz. Apología del onirismo.

Entrelazando el celuloide entre mis neuronas, la ficción se apoderó de mi cordura. La oscuridad siempre ha sido propicia para los sueños. Los sueños siempre han sido el opio contra el áspero entorno. Quien manosea a una mujer en la butaca, está amando a Ilsa o a Scarlett; o simplemente está en la fontana de Trevi.

El cine, aparentemente tan irreal, nunca ha sobrado para mencionar instantes de la propia vida. Referente obligado de la existencia. Hasta antes de Lumiere, nunca la fantasía estuvo tan emparentada con la realidad.

2.- Mi dulce Olivia

La ilusión se muere y llega la cruda realidad. Urgencia de encontrar en la humanidad algo bello para tolerar el cataclismo. Después de la mágica epifanía de los juguetes, me entregué al misterio de la mujer ¿Quién iba a saber que la decadente Lilith de quinto grado fuera a interrumpir el proceso natural que me seguía? Cruenta despedida de la inocencia.

Aquellos ojos azules que eran mi consuelo, fueron dardos de veneno a mi autoestima. El daño estaba hecho ¿Qué hacer con una carga tan pesada en mis alforjas? Llegaron entonces los sueños. El onirismo. Las presencias platónicas.

Las realidades alternas. Ensoñación etérea. Absorbente irrealidad. En ese trance entre la fantasía y mi entorno, apareció la sirena de mi anhelo. Imagen casi empírea de mujer. Belleza casi real en mis fantasías. Mi amor a la medida. Irremediablemente fiel a ti ¿Qué importa la edad en la insania? Qué mejor placebo que la perfección.

Ojos repletos de esa magia perdida. Sonrisa sumergida en mi avidez sensual. Encuentro con la mujer en el contrastante sentido de mi existencia. Remedio alterno en contra de la humanidad. Erasmo de Rótterdam me elogiaría. Pero nada hermoso es eterno. Y te fuiste junto con el espejismo.

No obstante, aún te reservo para mis ausencias. Los años no pasan en la memoria onírica. Tus ojos y tu sonrisa persisten inmutables, pero ya no eres mi amante desde que me arropé de la cordura.

3.- Sirena céltica II

Desde la tierra de la ira, la sacerdotisa "Cabeza rapada" canta salmos de apostasía. No hay nada peor para un jerarca moral que una mujer ordenada, y más aún si esta hace trizas su fotografía. La sirena céltica del "León y la cobra", extendió su canto sin tener que entonar un caprichoso himno imperialista (el mismo imperio que hizo “carne de cañón” a sus antepasados).

Bienaventurados los enemigos del Tío Sam. A sus detractores habrá que recordarles que la música no es para "agachones". Nothing compares to you Sinnead.

En la profundidad de sus ojos marinos naufragó la sáfica hechicera de los jardines de Puschkin. Profesando con el rencor en sus entrañas, muchos le temen a su espíritu profano. De manera preventiva le mantienen las imágenes sagradas lejos de su templo; no vaya a ser que los nubarrones de su vida degeneren de nuevo en alguna tempestad iconoclasta.


4.- Ninfulandia: la tierra prometida

La escuela -diría mister Humbert- es fuente inagotable de nínfulas. Pero yo me basto con las imprevistas batallas epicúreas que procuran perversiones. Paraíso vouyerista. Objetos de culto fetichista. Juegos de seducción furtiva.

No comulgo con las leyes en senderos de Afrodita. Sobre geografías erógenas aborrezco la moral y el tálamo. Admirando la asíntota marina en brazos adolescentes, conjuro mis fantasías frustradas. Entre caricias y obsesiones, la lluvia emulando sudores. Las horas negras, discretas celestinas. El bosque o la playa, orbes emulantes de Pafos. En el fárrago de letras, nombres femeninos que hoy no dicen nada.

Las inmarcesibles, las musas, guardadas en prosas o en versos nacidos del alma. Presencias con estigma de inmortalidad. En Ninfuland la inocencia es camuflaje de la perversión. Tierra de veraneo para el otoño masculino. En Ninfuland han canonizado a Sergio Andrade.

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