Reserva de Derechos
04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año VI Número LXXI Septiembre 2018

 

Luis Alcoriza
(1918 - 1992)
José Luis Barrera

Al celebrar los cien años de un creador, el autor del homenaje tiene la obligación primordial de tomar en cuenta la trascendencia del festejado. Y es por eso que la justificación pasa por el tamiz del entender personal de quien se encargará de ello. Y en este caso, antes de voltear a ver a personajes de la farándula televisiva, invariablemente me fijo en los creadores de arte. En esta ocasión he decidido (después de múltiples reflexiones) homenajear a un director que no tiene una gran cantidad de películas, ni es el más recordado, pero que a mi entender intentó una continuidad en un cine que, como el mexicano, casi nunca lo ha hecho.

Luis Alcoriza (Badajoz, España, 1918 - Cuernavaca, Morelos, 1992), fue un actor, guionista y director de cine, que como muchos otros españoles, tuvo que seguir a sus padres al salir de la Península Ibérica tras la Guerra Civil Española (1939). Su padre era dueño de la compañía teatral Alcoriza y su madre la primera actriz.

Dicha compañía montaba el repertorio español, desde el clásico hasta dramas policíacos, lo que posibilitó que el entonces niño viajara por toda España y las posesiones hispanas en África. La profesión familiar determinó que Luis se familiarizara con el mundo de la ficción desde sus primeros años. Tuvo que abandonar los estudios y, junto con su familia, el negocio del espectáculo que poseían, para emigrar al nuevo mundo, como ya se comentó.

En 1936, mientras él y su familia se encontraban en una gira por Tánger, Marruecos, estalló la Guerra Civil Española, por lo que tuvieron que regresar de inmediato a España. Poco más de un año después, viajaron con rumbo inicial al Norte de África y después hacia América del Sur, a donde llegaron en 1938. A partir de entonces recorrieron Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Colombia, Venezuela y Guatemala para, en 1940, llegar a su destino final: México. Aunque Luis Alcoriza no era directamente exiliado, estaba mucho más cerca de ellos que de los antiguos residentes.

No obstante la tradición familiar, Luis Alcoriza decidió probar suerte en un mundo distinto al teatral y al que dedicaría su vida profesional a partir de entonces: el cine. Fue en diciembre de 1940 cuando realizó su primera interpretación para la pantalla grande al encarnar a un capitán de Castilla del siglo XV en La torre de los suplicios (Raphael J. Sevilla, 1940). A partir de entonces, alternaría las actuaciones teatrales y cinematográficas, asegurando la recurrencia en estas últimas gracias a su origen y tipo español.

Actuó en películas de corte cosmopolita como Los Miserables (Fernando A. Rivero, 1943), Naná (Celestino Gorostiza, 1943) y La casa de la Troya (Carlos Orellana, 1947); en filmes religiosos como La virgen morena (Gabriel Soria, 1942), San Francisco de Asís (Alberto Gout, 1943), e incluso encarnó a Cristo en dos cintas que recuerdan su interpretación del papel ya representado en el teatro: Reina de reinas (1945) y María Magdalena (1945), ambas de Miguel Contreras Torres. Además de estos personajes, encarnó también a galanes segundos o antipáticos en cintas como El capitán Malacara (Carlos Orellana, 1944), El gran calavera (Luis Buñuel, 1949) o Tú, sólo tú (Miguel M. Delgado, 1949).

No habiendo abandonado del todo la actuación ?lo haría hasta 1949?, El ahijado de la muerte sería el primero de 56 guiones o argumentos que Alcoriza escribiría para otros directores, la mayoría de los cuales serían trabajados en conjunto con su esposa Janet. Los libretos resultarían interesantes y atípicos en el panorama del momento porque se trataba de historias con tramas concisas, bien urdidas, hiladas y resueltas, en muchas ocasiones en forma de comedias críticas cuyo humor llegó a ser mordaz.

Un tema recurrente en sus libretos fue la trastocación de los roles sociales: los de hombre y mujer, como en La isla de las mujeres (Rafael Baledón, 1952), La liga de las muchachas (Fernando Cortés, 1950) o El siete machos (Miguel M. Delgado, 1950); los de los extranjeros y mexicanos, como en Una gringuita en México (Julián Soler, 1952); o los de pobre-rico, como en El inocente (Rogelio A. González, 1955).

En 1949, Alcoriza conoció a quien sería su maestro y amigo, el gran cineasta aragonés Luis Buñuel, una figura imprescindible del cine mundial quien había llegado al país y se había insertado en el cine hacia 1946. Su primer guión para el director surrealista fue El gran calavera (Luis Buñuel, 1949), adaptado por Janet y Luis sobre una pieza de Adolfo Torrado y donde Alcoriza mismo hizo un papel de galán antipático.

Después de esta experiencia, Luis trabajó con Buñuel en un guión llamado ¡Mi huerfanito, jefe!, el cual, después de un arduo trabajo, se convirtió en la magnífica cinta de Los olvidados (Luis Buñuel, 1950). En esta película se toca de manera enérgica y descarnada el tema de la miseria urbana, un asunto casi tabú en la cinematografía nacional. Sin idealizarla ni maquillarla (como se acostumbraba hacer), retrató la miseria no sólo como una condición física sino moral, lo que desencadenó el rechazo del público y la crítica mexicana bajo el argumento de que ofendía a México, por lo que salió casi inmediatamente de cartelera. Posteriormente, Los olvidados ganó un premio en Cannes y todo cambió, se reestrenó con buena publicidad y la crítica la trató bien. En este trabajo, Alcoriza, junto con Pedro de Urdimalas, ayudaron mucho a Buñuel en los diálogos, pues el aragonés tenía poco de haber llegado a México y aún no conocía la forma de hablar en el país.

La relación profesional con Buñuel se refleja en diez guiones en los que Alcoriza trabajaría con su compañero y gran amigo. Entre ellos, resaltan Él (1953), una de las mejores películas mexicanas, que explora de manera muy interesante la patología psicótica; La ilusión viaja en tranvía (1953), un relato donde caben grandes temas de Buñuel como la sensualidad y la fuerza onírica; o El ángel exterminador (1963), un filme claustrofóbico sobre la abulia humana y la última película en que trabajaron juntos.

Además de los ya mencionados guiones, Alcoriza trabajó en otras cintas que también resultaron fundamentales para el cine nacional. Tal es el caso de El esqueleto de la señora Morales (Rogelio A. González, 1959), que para muchos es la mejor película del director, opinión que se debe de manera determinante al excelente guión de la insólita comedia de humor negro, primera del subgénero en el ámbito mexicano, que conjugó de manera exitosa el humor británico del relato de Arthur Machen, la herencia del humor español esperpéntico de Alcoriza y, por último, el humor mexicano del director, en un resultado irreverente que se burló de la institución del matrimonio y de la Iglesia misma.

Pero Luis Alcoriza no se quedó ahí, pues se inició en la dirección y continuó con el camino que trazó Buñuel y se dedicó a hacer un cine que retrataba a México y los mexicanos. En un principio su cine estuvo fuertemente influido no sólo por la temática sino por el clásico surrealismo buñueliano, hasta que por fin consiguió un estilo personal.
Entre sus películas más destacadas se encuentran:

Tiburoneros (1962), un enredo romántico entre el mejor tiburonero de la zona con su amante, que está basada en la vida de pescadores de tiburones que el director conoció en sus viajes por México, con lo que logra una película muy realista y creible.

Tlayucan (1962), narra la necesidad de un campesino por sanar a su hijo enfermo, que lo lleva a robar una perla de la imagen de Santa Lucía, apostada en la iglesia del pueblo. Y como hay pruebas del robo, los pobladores lo quieren linchar hasta que uno de ellos lo impide. Cuando la perla (que había sido tragada por un cerdo) aparece, la colocan en la imagen y todos aceptan la versión de que fue obra de un milagro. Esta película fue nominada para competir por el premio Oscar.

Terror y encajes negros (1986), es la historia de una cita secreta entre amantes, que se convierte en una “cita con la muerte”, cuando una mujer recién casada y vestida sólo en lencería negra, es atemorizada por su amante que es un psicópata que tiene una obsesión con el cabello. Esta obsesión enfermiza y oeligrosa por el cabello largo (lo mismo que Buñuel con los pies) es propia del director, ya que en Tiburoneros también existe una referencia a la atracción por el cabello femenino.

Y finalmente una película muy afamada, por ser una comedia cuya trama al parecer es muy “plana”, pero que se realza por la fuerza de cada uno de los personajes -principales e incidentales- que van apareciendo en escena. Mecánica Nacional (1971) es una película que describe muy acertadamente el carácter festivo del mexicano, unido a las falsas morales y traiciones que suelen darse en la sociedad.

Todo ocurre en un viaje para asistir a la Carrera Intercontinental, y en medio de un embotellamiento vehicular, la película va entretejiendo varías historias particulares que se van confabulando hacia un tema central, que termina con la peculiar visión de la muerte por parte del mexicano. Entonces Luis Alcoriza hace patente el humor negro, tan gustado por nosotros, en su película.

Cabe mencionar que muchas de las películas dirigidas por Alcoriza fueron premiadas en México, y aunque no será el más recordado, ni el más emblemático del cine mexicano, este punto lo hace importante a mi parecer. Aunque sea el olvidado de “Los olvidados”.

Regresar