Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VI Número LXXI Septiembre 2018

 

Rabito y la Baja 500
Alma Preciado

Una fresca mañana de los últimos días de mayo, Rabito salió de su cueva a recorrer el mundo por primera vez. Daba saltitos entre las chollas, encinillos y piedras del lugar. Su cueva estaba cerca del camino que corre desde el Ejido Tepi hasta el Mike’s Sky Ranch, ahí al pie de la Sierra de San Pedro Mártir en Baja California.

Estaba por llegar al camino cuando escuchó un ruido ensordecedor que lo hizo detenerse. Corrió con suerte, pues en ese momento pasó, a toda velocidad, un enorme monstruo de fierro y cuatro ruedas que daba tumbos y hacía que temblara la tierra. Se asustó muchísimo y regresó disparado a su cueva. Sentía que el corazón se le salía por la boca. Su mamá al verlo tan agitado le preguntó:

- ¿Qué pasa Rabito, por qué vienes tan asustado?
-Aa cca bo de vvver un monstruo gggrandototote que hace mucho ruido- contestó con la voz temblorosa y casi sin respiración.
- ¡Ah, eso! No te preocupes. Son las carreras que hacen a cada rato los animales de dos patas. Ya te acostumbrarás al ruido y al temblor. Sólo ten cuidado, y no te acerques, ni cruces el camino- advirtió su mamá.
- Entonces ¿sí puedo salir?- preguntó.
-Claro. Pero no hables con extraños. Menos con los de cuatro patas, que no sean conejos como tú. Ellos se arrastran y algunos hasta vuelan. Y si escuchas cualquier ruido raro, regresas de inmediato a casa, ¿entendiste?
-Si mamá- contestó Rabito y salió otra vez de la cueva.
Iba dando saltitos y de vez en cuando se paraba en dos patas y movía su nariz para olfatear, por lo que se le movían sus bigotes de manera graciosa. De pronto vio moverse algo negro entre las ramas de una uña de gato. Rabito puso cuidado y vio una bola de pelos con patas que se dirigía hacia el camino.
- ¿Qué animal será ése? Mi mamá me advirtió que no hablara con animales de cuatro patas, que no sean conejos como yo, porque me pueden comer. Pero éste tiene mmm… una, dos, tres… ocho. Tiene ocho patas. Entonces no es peligrosa, creo que sí puedo hablar con ella, pues está corriendo gran peligro. Va derechito al camino por donde pasan los monstruos.
- ¡Señora, Señora! No cruce el camino por favor!- gritó Rabito.
La señora se detuvo para escuchar lo que decía Rabito, y en ese momento un ruido estridente se dejó venir por el camino.
- ¿Que dices conejito?, no te escuché.
Apenas iba a contestar Rabito, cuando pasó velozmente el monstruo de dos ruedas, que llevaba montado un animal de dos patas, con una cabeza grande y redonda que brillaba con el sol.
- Uy! este sí que está feo, y por poco aplasta a la bola peluda con patas- pensó Rabito.
La señora patona se quedó atónita, ya que casi es aplastada por aquella cosa rara. Miró a Rabito y le dijo:
-Gracias conejito. ¡Salvaste mi vida!, eres muy bueno y valiente. ¿Cómo te llamas?-preguntó.
- Rabito y ¿tú?
-Soy la señora Tarántula. Soy fea y todos me temen en el bosque. Sin embargo tú no me tuviste miedo y evitaste que muriera el día de hoy. Siempre te estaré agradecida.
Sabiendo qué aquella bola peluda de muchas patas se llamaba Tarántula, y que sería su amiga por siempre, se despidieron alegres y cada quien siguió su rumbo.
Rabito se detuvo cuando vio que en medio del camino se encontraba un ave negra de cabeza roja, que alzaba el vuelo cada vez que pasaban los carros y las motocicletas, pero siempre volvía a descender en el mismo lugar. Al verla corrió a su cueva para decirle a su mamá lo que había visto. Ésta le dijo que era un zopilote y que no era peligroso para él. Sólo comía animales muertos y Rabito no estaba muerto. Era un conejito lindo y muy vivo al que ella amaba mucho.

Rabito dio un beso en la mejilla a su mamá y regresó al bosque. Se acercó lo más que pudo al ave de cabeza roja y le preguntó:
- ¿Qué hace, señor zopilote?
- Estoy comiéndome una víbora que atropellaron los carros de las carreras que pasan por el camino.
- ¿Se está usted comiendo una víbora muerta y destripada? ¡Guácala! ¡Qué asco!- dijo Rabito frunciendo la nariz.

-No debe darte asco conejito, pues es lo que yo como para sobrevivir. Además mantengo limpio el camino.
En eso estaban cuando junto a ellos aterrizó una paloma tunera que venía muy asustada.
- ¿Qué sucede, amiga paloma?- Preguntó el zopilote.
-¡Uf! Acabo de ver un enorme pájaro sin alas, que vuela por los cielos echando bocanadas de aire, y haciendo mucho ruido con unas cosas raras que tiene en su cabeza. Me asustó tanto que mejor aterricé -dijo la agitada paloma-. ¡Mírenlo allá va!- gritó.

Los tres miraron hacia arriba y vieron al enorme pájaro ruidoso sin alas que volaba por el monte, echando aire y haciendo su peculiar ruido. Era un helicóptero que videogrababa todo el recorrido de los carros y motocicletas que participaban en la famosa carrera Baja 500.

- Yo mejor me regreso a mi cueva. Aquí afuera hay mucho peligro. Les aconsejo que hagan lo mismo. Vayan a casa y cuídense mucho. ¡Adiós! Nos vemos un día de estos-. Y Rabito se fue corriendo a casa.
- ¡Adiós!, que te vaya bien. Y gracias por el consejo- dijeron las dos aves al tiempo que emprendían el vuelo.
Rabito entró en su cueva, se acurrucó en su cama y se quedó profundamente dormido. Durmió largo rato hasta que mamá lo despertó para comer. Toda la familia Conejo se sentó a la mesa. Afuera, aún se oía el ruido de los motores de los carros de las carreras, y ruido de los helicópteros. Comieron felices y tranquilos. Sabían que dentro de su cueva estarían siempre seguros, porque no hay mejor lugar como el hogar.

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