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Ciudad de México Año VII Número LXXIII Noviembre 2018

 

Guillaume Apollinaire
El vanguardista

José Luis Barrera

Cuando por primera vez leí a Guillaume Apollinaire (Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky, Roma, 1880 - París, 1918), menos entendí a aquellos escritores que aún quieren -más acertado sería decir: suponen-, que la poesía debe ser melosa y que además con ésta conquistarán a muchas mujeres.

Y es que si bien es cierto que este poeta no dejaba de hablar del amor en sus poemas, era de una manera menos convencional, y además entremezclaba sentimientos como el recuerdo, la angustia, la melancolía y el erotismo. Me sorprendió la maestría con que trataba la cotidianidad con ese toque de surrealismo e incluso dadaísmo tan atrayente.

Justo esta poesía de Apollinaire, tan innovadora, se fue fraguando cuando comenzó a frecuentar los círculos artísticos de su época; compartió bohemias con artistas vanguardistas de varias escuelas: Pablo Picasso y Georges Braque del cubismo y Henri Matisse del fauvismo, entre muchos otros.

Comenzó a destacar y se vio muy influido por las nuevas tendencias artísticas y fue una pieza clave del paralelismo entre pintura y poesía que desencadenó la fractura de la problemática estética de las décadas anteriores. Desde sus primeros poemas, escritos en 1897, manifestó su intento de innovación literaria que lo situó como una figura de transición entre el simbolismo y el movimiento surrealista.

Lo destacable es que su breve carrera tuvo influencia en el desarrollo de movimientos artísticos como el futurismo, el cubismo, el dadaísmo y el surrealismo, influencia a la que se le sumó la leyenda de su vida: hijo de una aristócrata polaca y de padre desconocido (acaso el oficial italiano Francesco d'Aspermont, un prelado o incluso un Cardenal de la iglesia; y sus amigos, en particular Picasso, les gustaba bromear con que Guillaume era hijo del Papa). Además de haber sido artista bohemio, raconteur, gourmand y soldado, lo que le valió ser considerado el modelo del comportamiento vanguardista.

Pasó la mayor parte de su juventud viajando por Europa, lo que desarrolló en él una perspectiva cosmopolita y una fascinación por una variedad de culturas, dándole así diversos campos de estudio. A la edad de dieciocho años, Apollinaire había terminado la escuela y se había establecido en París. Después de obtener trabajo como empleado bancario, se hizo amigo y ávido partidario de artistas de vanguardia, como Picasso, Georges Braque, Henri Rousseau y Marcel Duchamp.

Pero nunca se afilió sólo con una escuela en particular, sino que se notaba partidario de todos los artistas modernos, Apollinaire estaba intrigado y tendía a asociarse con aquellos que parecían desafiantes o antagónicos hacia la sociedad burguesa, inclinación que probablemente le condujo a su encarcelamiento de seis días en 1911, cuando se sospechó erróneamente que estaba relacionado con el robo de la Gioconda de DaVinci.

En 1914 se unió al ejército francés y se ofreció como voluntario para defender a su país adoptivo en la Primera Guerra Mundial. Aunque inicialmente era miembro de una división de artillería que estaba relativamente a salvo del combate activo, pronto se ofreció voluntario para luchar en el frente con la infantería, y en este frente sufrió una herida en la cabeza en 1916 y fue enviado de regreso a París ya con el grado de teniente y condecorado con La Cruz de Guerra.

Y fue en la capital francesa donde vio, un año más tarde, la puesta en escena de su drama escrito en 1903 Los pechos de Tiresias: Drama surrealista (Les mamelles de Tiresias: Drame surrealiste). Esta obra, cuyo subtítulo más tarde fue adoptado por un grupo de artistas y escritores, estableció un modelo para el teatro de vanguardia avanzado: influyendo en autores como Tristan Tzara, el líder titular del movimiento Dadá, y André Breton de la escuela surrealista.

La éxitosa incursión de Apollinaire con Los pechos de Tiresias, fue tal, que años más tarde (1947) Francis Poulenc lo hace ópera bufa en dos actos. Este drama trata de la historia de Therese, quien está cansada de su rol de mujer sumisa y se convierte en el Tiresias masculino cuando sus pechos se convierten en globos y se van volando.

Ya como el General Tiresias se va a conquistar el mundo, no sin antes atar a su marido y vestirlo de mujer, dejándolo cautivo de las atenciones de un gendarme local, confundido por su vestimenta femenina. Mientras Tiresias comienza una exitosa campaña contra los nacimientos, el esposo, temiendo que Francia se quede estéril si las mujeres abandonan el sexo, jura encontrar la forma de tener hijos sin las mujeres.

Finalmente el esposo logra tener 49,049 hijos en un día. El esposo a su vez le confiesa a un reportero que no tiene problemas para alimentar a los niños ya que han tenido éxito en su carrera artística y le han proveído de una fuerte suma de dinero. Entonces el gendarme informa que debido al exceso de población, los ciudadanos de Zanzíbar se están muriendo de hambre. El esposo sugiere cartillas de racionamiento impresas por una adivina del tarot, que parece conocida bajo su disfraz y profetiza que el esposo fértil será multimillonario y el estéril gendarme morirá en la más abyecta pobreza.

En el prólogo original, Apollinaire declara que esta es una obra de juventud y que la llama drama -que significa acción- para establecer la diferencia entre las comedias de costumbres, de las comedias dramáticas y de las ligeras, por entonces populares en el teatro francés. Asimismo, el autor señala que el adjetivo surrealista es un neologismo -adoptado más tarde, como ya dijimos, por el movimiento artístico impulsado por Bretón- intencionado porque rechaza limitarse a imitar la realidad a la manera de los fotógrafos. Apollinaire refiere que prefirió dar libre curso a su fantasía en lugar de escribir un drama de ideas y “halagar el gusto el gusto del público actual al que le agrada tener la ilusión de pensar”, diciendo que en realidad no hay símbolos en la obra “pero cada cual es libre de ver en ella los símbolos que quiera y de desentrañar mil sentidos como en los oráculos sibilinos”.

Durante la convalecencia de su herida de guerra escribió algunos de sus textos más recordados, como los poemas gráficos de Caligramas (1918), "ideogramas líricos" que abrirán el camino a los experimentos de la poesía visual durante el resto del siglo, y otro de sus dramas surrealistas: El color del tiempo (1918). El 2 de mayo de 1918 contrajo matrimonio con Jacqueline Kolb, y el 9 de noviembre del mismo año murió víctima de la epidemia de gripe que azotaba París.

En los poemas de Caligramas, aparecidos póstumamente, Guillaume Apollinaire llevó al extremo la experimentación formal de sus anteriores obras, preludiando la escritura automática surrealista al romper deliberadamente la estructura lógica y sintáctica del poema. Son célebres, por otro lado, sus “ideogramas”, en que la tipografía servía para “dibujar” objetos con el texto mismo del poema, en un intento de aproximarse al cubismo y como expresión del afán vanguardista de romper las distinciones de géneros y artes.

En 1917, Apollinaire pronunció la conferencia "L'esprit nouveau et les poetes", un manifiesto de arte moderno en el que pedía una invención pura y una entrega total a la inspiración.

La linda pelirroja
Ante todo me planto un hombre en sus cabales
Conozco la vida y sé de la muerte todo lo que un ser vivo puede saber

He probado los dolores y las alegrías del amor
Acerté algunas veces a imponer mis ideas
Conozco varias lenguas
He viajado bastante
Vi la guerra en la artillería y en la infantería
Herido en la cabeza trepando bajo el cloroformo
Perdí a mis mejores amigos en la lucha espantosa
Sobre lo antiguo y lo moderno sé tanto como el que más
Y hoy sin preocuparme por la guerra
Entre nosotros y para nosotros amigos míos
Juzgo esta larga querella entre la tradición y la invención
El orden y la aventura

Vosotros cuya boca está hecha a imagen de la boca de Dios
Boca que es el orden mismo
Sed indulgentes cuando comparéis
Aquéllos que fueron la perfección del orden
Con nosotros que buscamos en todas partes la aventura

No somos sus enemigos
Queremos daros vastos y extraños dominios
Allá el misterio en flor se ofrece al que quiere contarlo
Allá hoy fuegos nuevos de colores nunca vistos
Mil fantasmas imponderables
A los que hay que darles un cuerpo
Queremos explorar la bondad comarca inmensa donde todo se calla
También el tiempo que podemos expulsar o retornar
Apiadaos de nosotros que combatimos siempre en las fronteras
De lo ilimitado y por venir
Apiadaos de nuestros errores apiadaos de nuestros pecados
Ya viene el verano la estación violenta
Mi juventud se ha muerto como la primavera
Oh sol es el tiempo de la razón ardiente
Yo espero
Que tome al fin la forma noble y dulce
Para seguirla siempre y amarla únicamente
Ella llega larga y me atrae como el imán al hierro
Tiene el aire hechicero
De una adorable pelirroja

Sus cabellos son oro se diría
Un hermoso relámpago que dura
O esas llamas que se pavonean
En las rosas de té al marchitarse

Pero reíd de mí reíd
Hombres de todas partes sobre todo gentes de aquí
Hay tantas cosas que no oso deciros
Tantas cosas que no me dejarían decir
Tened piedad de mí

(Versión: Octavio Paz)

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