Reserva de Derechos
04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año VII Número LXXIII Noviembre 2018

 

1968: “Hey Jude” y el “White Album”
Luciano Pérez

En sus últimos años George Harrison dijo que el punto más alto logrado por los Beatles fue “Hey Jude”, y en adelante vino el proceso de disolución del grupo. A su regreso de la India en abril de 1968 traían consigo un montón de canciones. O mejor dicho, John, Paul y George traían sus propias canciones.

Era indispensable que éstas fuesen grabadas y lanzadas en un disco, pero eran tantas que hubo necesidad de hacerlo en un álbum doble, algo inusitado en ese tiempo.

Pero antes de esto apareció un disco sencillo, “Hey Jude”, con el cual se inauguró la compañía Apple Records, bajo cuyo sello saldrían ya los discos Beatles, incluso los solistas, hasta 1976.

McCartney vio en una galería el cuadro de Magritte con la manzana verde, y ello le dio la idea para el nombre de la compañía Apple, la cual no sólo lanzaría discos (de los Beatles y de otros cantantes y grupos), sino que vendería ropa, becaría artistas, se incursionaría en la electrónica, y etc.

Y a fines de agosto apareció “Hey Jude”, que Paul le dedicó al hijo de Lennon, Julián, que estaba muy triste por la separación de sus padres. Y es que John se había involucrado con la artista japonesa Yoko Ono, de la que ya no se separó desde el regreso de la India, adonde todavía Lennon llevó a su esposa Cynthia. Ésta, dándose cuenta de la situación, pidió el divorcio.

“Hey Jude” originalmente se llamaba “Hey Jules”, pero por eufonía se decidió aquél. A John le fascinó y los Beatles la grabaron. Resultó ser una de las canciones más exitosas, y una de las más conocidas de la música popular. Bien escrita, bien cantada y tocada, y el coro final que nadie se puede resistir a cantar.

En el lado B estaba “Revolution”, un rock de Lennon, quien por fin se sintió libre para expresar asuntos políticos, lo cual sería una constante en él en próximos años. Estar con Yoko le ayudaba a explayarse como quería, aunque los otros Beatles se sentían incómodos ante la presencia de ella en el estudio, además de que John se ocupaba más de Yoko que del grupo.

Las grabaciones del “White Album” llevaron largos meses, de mayo a octubre de 1968. Esta vez hubo tensiones y fricciones, no sólo por Yoko, sino porque cada Beatle estaba más interesado en sus propias creaciones y no en las de los demás. En algún momento Ringo Starr no soportó la situación y se fue durante dos semanas, sustituyéndolo Paul en la batería, pero fue convencido de que regresase.

Sin embargo, el resultado final fue una música maravillosa, y el “White Album” fue considerado, desde que apareció en noviembre de 1968, como uno de los mejores trabajos del cuarteto. Se le llamó así porque no traía portada, toda ésta era blanca, sólo con el nombre “The Beatles” (nombre oficial del álbum doble) en relieve abajo a la derecha. El material fue tanto, que no todo lo que se grabó pudo entrar en los dos discos. En total aparecieron treinta canciones, y el productor fue una vez más George Martin.

El primer disco inicia con “Back in the USSR”, la canción rusa de McCartney, un rock lleno de fuerza. Siguen dos canciones típicas de Lennon, “Dear Prudence” y “Glass Onion”: la primera es una melodía onírica, dedicada a la hermana de Mia Farrow, Prudence, quien en la India tomó demasiado en serio las enseñanzas del Maharishi; la segunda, también alucinante, hace referencia a anteriores canciones, los campos de fresa y el tonto de la colina, pero además da una clave importante: “la morsa era Paul”, que hasta hoy sigue discutiéndose qué significa. Luego está “Obladí-Obladá” de Paul, que a John y a George no les gustaba, pero McCartney la impuso y se haría popular.

La breve y gritona “Wild honey pie” de John y Paul, da paso a una buena canción de Lennon, “The Continuing Story of Bungalow Bill”, sobre un personaje que los Beatles conocieron en la India, que meditaba y luego se iba a cazar tigres; aquí Yoko aparece cantando.

A continuación una de las mejores canciones de Harrison, “While my guitar gently weeps”, con Eric Clapton en el requinto, incluido por George porque en un principio los otros Beatles no estaban animados en grabarla, y la presencia de Eric hizo que todos pusieran su mejor esfuerzo. Después, “Happiness is a warm gun” de Lennon, sobre drogas e inspirada en un anuncio de armas que vio en una revista.

Damos vuelta al primer disco, e inicia “Martha my Dear”, buena canción que Paul dedicó a su enorme y peluda perra así llamada. La orquestación es fascinante. En “I'm so tired” de John, dice éste estar cansado de todo, que quisiera algo de paz (que al parecer sólo obtuvo con Yoko). “Blackbird” es un buen solo de McCartney. “Piggies” es de Harrison, haciendo sátira social de los ricos que son cerdos que comen tocino.

Luego viene Paul con “Rocky Raccoon”, una maravillosa melodía ubicada en el viejo Oeste estadounidense. Ringo Starr debuta como compositor con “Don't pass me by”, y es buena, con ese órgano y ese violín que tocan como alucinados. “Why don't we do it in the road”, de Paul, no tiene gran mérito, pero la que sigue, “I will”, es quizá la mejor canción de amor de McCartney, y eso que ha escrito muchas. El disco uno cierra con una obra maestra, un solo de Lennon, “Julia”, dedicada a su madre que murió siendo él adolescente.

El segundo disco inicia con una fuerte melodía, “Birthday”, de John y Paul, casi instrumental, con alegres coros. Luego viene algo mejor, “Yer blues” de Lennon, otro de sus éxitos, ya más bien dentro de lo que luego sería conocido como rock pesado.

Como contraste, la balada de McCartney, “Mother Nature'Son”, suave y tierna, con orquesta de fondo. A continuación otra vez la fuerza rockera de John, “Everbody's got something to hide except me and my monkey”, de mucho ímpetu y dedicada a quienes lo criticaban por estar con Yoko. Después “Sexy Sadie”, también de John, donde expresa su desencanto respecto al Maharishi. Y si creíamos que Paul no traía más rock, llega con “Helter Skelter”, ya prácticamente heavy metal, con todos los instrumentos y voces en su máximo potencial. La canción de George “Long long long” contrasta por su serenidad con todo lo anterior, con una expresión mística que sería constante en Harrison durante sus años solistas.

Damos vuelta al disco dos, y abre la “Revolution Number One”, la versión lenta de “Revolution” (el lado B de “Hey Jude”), que a John le gustaba mucho, pero Paul y George preferían la versión rápida. En seguida, “Honey pie” de Paul, un fox trot que nos remonta a los años veintes. Entonces viene “Savoy Truffle” de George, acompañado por la fuerza de varios saxofones e inspirada por una caja de chocolates.

Sigue Lennon con la suave y melancólica “Cry baby cry”. Y una breve melodía de Paul sin nombre abre camino a una de las más desconcertantes piezas musicales de la historia del rock, la “Revolution Number Nine”, donde Lennon, Ono y Harrison ensamblaron un collage sonoro pleno de mensajes secretos y claves inusitadas. Hasta hoy se discute qué significa lo que estos sonidos, ruidos y voces expresan. Y cierra el disco con una canción de cuna, “Good Night”, dedicada por John a su hijo Julián, pero cantada por Ringo, acompañado éste por orquesta.

Este es el “White Album”, que incluía un poster que de un lado traía un collage de fotografías de los Beatles, algunas inéditas, y del otro venían impresas las letras de las canciones. Había además cuatro fotografías a color de cada uno de los Beatles, que fueron clavadas en las paredes de los cuartos de muchos jóvenes en todo el mundo. ¿Qué más cabe decir? Que escuchar estos dos brillantes discos fue una gran experiencia, y lo sigue siendo, e influyó en muchos músicos, que han señalado el “White Album” como su favorito.

Regresar