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Ciudad de México Año VII Número LXXIV Diciembre 2018

 

Editorial Diciembre 2018

Concluye el 2018, y al llegar próximamente el 2019 estamos cada vez más cerca de unos nuevos años veintes. Estos últimos fueron los de oro en el siglo veinte, la era del jazz, y sólo pueden comparárseles los años sesentas, la era del rock, de ese mismo siglo. Al concluir la Primera Guerra Mundial, mucha gente se dio cuenta de que ésta había sido inútil, que tantos sacrificios y sufrimientos fueron en vano; por lo tanto, ahora había que gozar la vida, y por lo tanto lo viejo, representado por los bigotes a la Kaiser, debía irse. Esos bigotes fuera, para que llegasen otros hombres, otras mujeres, otros libros, otros bailes. Bueno, ya habrá tiempo de hablar más de esto en su momento, dentro de un año. Ahora regresemos a nuestra pobre realidad digital de hoy.

Vivir en el mundo material ya era malo. Vivir en el mundo digital es peor, al menos para algunos como yo que son muy torpes con los dedos. Y sin dedos adecuados no puede haber un manejo acertado de lo digital.

Cuando se cambió de la máquina de escribir a la computadora fue una vivencia aterradora, pues en un principio sólo unos cuantos iniciados podían dominar los nuevos armatostes.

Muy pocos sabían qué era eso de capturar, de guardar en un diskette, y que lo escrito en Mac no era compatible con ninguna otra marca y se corría el riesgo de perder la información.

Hoy, esto que acabo de describir es por completo primitivo, indigno de la nueva era, ya que a partir de internet todo volvió a cambiar, y cada uno se vio obligado a tener su propia computadora, o por lo menos pedirla prestada. Después ya ni eso fue suficiente, pues con la llegada del celular inteligente todo se tiene que hacer vía este último artefacto, de acuerdo a las aplicaciones que se requieran.

Pero yo con mis dedos torpes no me puedo adaptar a esto último, porque además no veo nada en la pantalla del dichoso celular, o móvil, o como quieran llamarlo.

No hay duda de que estoy siendo barrido, y por eso nadie me llama al teléfono fijo, porque sería un retroceso tecnológico para la persona que me llama, algo muy penado en la actualidad

Me preocupa lo que venga más adelante, quizá todo se tenga que hacer con los pies. Ahora más que nunca me niego a creer en el progreso y la civilización. Soy como aquel personaje de la novela “Los Buddenbrook” de Thomas Mann, precisamente el viejo fundador de la empresa familiar Buddenbrook, el cual se negó a ponerse los pantalones cuyo uso se inició en el siglo XIX, y siguió vistiéndose a la usanza del siglo XVIII, como todo un ilustrado.

Me niego pues a usar los pantalones del siglo XXI, es decir, los artefactos y plataformas que hoy son tan pertinentes para todos; y por lo tanto, me apresuro a escribir a mano antes de que me la corten los devotos de las una y mil tecnologías.

Loki Petersen

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