Reserva de Derechos
04-2013-030514223300-203

Ciudad de México Año VII Número LXXIV Diciembre 2018

 

Rita Hayworth
(1918-1987)
Luciano Pérez

Alguna vez comentó Bette Davis, con la manera irónica de hablar que la caracterizaba, que en Hollywood unas eran las actrices y otras las estrellas, y ella por tanto se consideraba nada más actriz.

Las estrellas eran las que tenían la admiración masiva del público. A una de ellas estamos recordando, pues nació hace cien años: a Rita Hayworth, que del éxito fue cayendo hacia la catástrofe de una enfermedad incurable.

Margarita Carmen Cansino nació originalmente para ser bailarina, en Brooklyn, Nueva York, el 17 de octubre de 1918. Su padre, el bailarín español Eduardo Cansino, decidió que la familia que procreó con Volga Haworth, de origen irlandés, tenía que ser una que expusiese los bailes españoles, que por lo exóticos atraían al público estadounidense. Así que los Dancing Cansinos, en los años veintes llenos de jazz y de otras locuras, impresionarían con sus bailables a los neoyorquinos, y ahí estaría Rita desde corta edad, ya en los escenarios.

En 1932 la familia se muda a Los Ángeles, California, donde Eduardo Cansino establece una escuela de baile que será muy concurrida. Por supuesto que Rita fue una de las alumnas más destacadas, pero con su padre ya más bien dedicado a la enseñanza, ella quería bailar ante la gente; y así fue como en 1933 llegó a trabajar al Foreign Club de Tijuana, ya no como Margarita, sino como Rita Cansino.

Fue en esa ciudad fronteriza que tuvo muchas exitosas actuaciones, de modo que nunca fue olvidada ahí. Existe o existió en Tijuana un bar llamado Río Rita, en honor de ella; en los años ochentas hubo incluso una revista cultural así llamada, dedicada a divulgar la cultura tijuanense, que siempre consideró a Rita como parte suya.

En 1934 participó como extra en la película mexicana “Cruz Diablo”, aunque no se le dio crédito. Un año después, al ser su padre el coreógrafo de la película “Dante’s Inferno”, Rita aparece bailando en una actuación especial. A partir de aquí participa cada vez más en el cine, con papeles menores, a veces bailando y otras no. Parecía que no pasaría de ahí, pero su encuentro en 1937 con el empresario Edward C. Johnson, que se hace cargo de la carrera de la joven, cambia el destino de ella, que para empezar deja de ser Rita Cansino, para en adelante llamarse Rita Hayworth. Se tomó el apellido de la madre, sólo agregándole una “y” intermedia.

En ese entonces los patrones de Hollywood, aunque ellos mismos eran de apellidos judeo-alemanes, no querían que sus actores y actrices portasen nombres de resonancias germánicas, italianas o españolas, sino que se les conociese con apellidos cien por ciento “americanos”. Pero además se le convirtió en pelirroja, para que tuviese un tipo más afín a lo que querían los patrones.

Johnson se casó con ella, y le buscó películas que la hiciesen destacar, y luego de varios intentos poco afortunados, el film con el cual por primera vez llamó la atención fue “Blood and Sand”, de 1941, al lado de Tyrone Power, que ya había hecho antes Rodolfo Valentino.

Fue ideal para ella, pues no sólo desplegó sus habilidades dancísticas españolas, sino que proyectó una imagen que de inmediato cautivó al público, que quiso verla con más frecuencia. Y para aprovechar esas habilidades suyas para el baile, se le unió al más grande bailarín de entonces, Fred Astaire, en la película “You’ll never get rich”, de 1942. Aunque ni Rita ni ninguna otra podía superar jamás a Ginger Rogers en cuanto que la pareja ideal de baile para Astaire.

Cabe señalar que la Hayworth se desenvolvía cada vez con mayor soltura en el medio hollywoodense, de modo que eran noticia sus diversos amoríos: con Errol Flynn, con David Niven, con el millonario Howard Hughes, con Harry Cohn (director de la Columbia), y sobre todo con el atlético Victor Mature. A Johnson no le quedó de otra que divorciarse de Rita en 1943, pues ella ya no lo necesitaba para adquirir contratos, dado que Rita acordaba directamente con los patrones en los mejores sitios posibles.

Tres años después filmó la película que la consagró como una de las portentosas estrellas de cine de todos los tiempos, “Gilda”. Quien la vio jamás la olvidará. ¿Quién no ha soñado con esos guantes negros, ese vestido y esa cabellera? Ahí aparece junto a Glenn Ford, y ambos se desenvuelven bien. En adelante, todos conocerían a la Hayworth por “Gilda”, de la cual jamás lograría deshacerse, y todos los hombres se fueron tras de Gilda, en vez de por Rita.

Se había consagrado, pero ya no habría mucho más. Luego de divorciarse se casó con Orson Welles, con el cual hizo una película mejor que “Gilda”, pero de la que se habla muy poco, a pesar de que ahí Rita, ahora con cabello güero, hace un magnífico papel de villana. Fue “The Lady from Shangai”, de 1948. Tuvieron una hija, Rebecca, pero Welles y Rita ya no estaban en buenos términos, y se divorciaron.

En 1949 se casó por tercera vez, ahora con un príncipe de Irán, Alí Khan, quien en realidad era un playboy irresponsable, que se gastaba el dinero de sus súbditos para andar con las mujeres más hermosas. Con él tuvo a su segunda hija, Yazmine o Yazmín, nombre que sería puesto también a muchas niñas en todo el mundo.

El mismo año de su tercera boda hizo “The loves of Carmen”, inspirada en la famosa ópera de Bizet, y sale de nuevo con Glenn Ford. Esta vez no hubo éxito, sobre todo por el boicot de ligas moralistas que vieron en la Hayworth un mal ejemplo para las mujeres por su vida disoluta. Y ya para 1953 se divorcia del príncipe, pues éste no había abandonado su vida de enamorado, y ahora estaba más ocupado en Joan Fontaine e Yvonne de Carlo que en Rita. Ese año hizo otra película con Glenn Ford, “Affair in Trinidad”, que tampoco resultó (nadie parece entender que no hay fórmulas, que lo maravilloso sólo ocurre una vez). También ese año hizo “Salomé”, con Kirk Douglas, un film decepcionante, pues en la danza de los siete velos Rita sólo alcanzó a quitarse tres, pues ya su cuerpo no era el mismo, el príncipe se lo había acabado.

Y para no variar de lo mismo, se volvió a casar, esta vez con Dick Haymes, un músico de poco talento, que fue quien la introdujo en el alcohol. Se divorció, y en 1956 se volvió a casar, y dos años después igual, ya ni vale la pena mencionar con quiénes. Su rostro se deterioraba cada vez más, pero aún logró hacer otras películas: “Pal Joey”, con Frank Sinatra, en 1956, donde una nueva estrella, Kim Novak, capta por entero la atención del público, que apenas se fijó en Rita; y “Fire down below”, de 1957, con Robert Mitchum.

Era evidente que el alcohol estaba acabando con ella, pero aún no sucedía lo peor. En los primeros años sesenta ya estaba enferma de algo que hasta entonces no se había considerado entre los médicos como un padecimiento. Todos creían que era por alcohólica que ya no podía recordar sus líneas en las pocas películas que le ofrecieron, pero se trataba del mal de Alzheimer, entonces desconocido como tal. Ello no le impidió seguir casándose y descasándose.

Hubo situaciones muy penosas, y los reporteros llegaron a fotografiarla en estado lamentable, con la mirada perdida. En 1972 Robert Mitchum intentó rescatarla para una película, “La ira de Dios”, pero ahí se demostró que no sólo no recordaba nada del guión, sino que no podía leer siquiera los grandes carteles que le ponían para que leyera lo que tenía que decir.

La película se logró concluir, pero cuando se trató de hacerle promoción, Rita fue entrevistada para la televisión, y fue un fracaso, porque respondió incoherencias a lo que le preguntaron. “Gilda” aún provocaba admiración, pero Gilda se había ido hace mucho tiempo; lo grave es que también Rita misma se había ido.

En 1977 se le internó en un hospital siquiátrico, y su hija Yazmine comienza a hacerse cargo de ella. Es en 1980 que un médico logra diagnosticarle que padece Alzheimer, y es precisamente por el caso de Rita que esa enfermedad es por fin conocida mundialmente. Estuvo al cuidado de Yazmine, hasta su muerte el 14 de mayo de 1987.

La hija se ha dedicado desde entonces a promover intensas campañas para que el mal de Alzheimer sea conocido y reconocido, y no se vea mal a quienes lo padecen, sino que se les ayude.

Rita se fue, pero su recuerdo jamás. Le dio a Hollywood más de lo que éste merecía. Con sólo “Gilda” aseguró su fama, pero unos pocos estamos convencidos de que lo mejor que hizo fue “La dama de Shangai”.

Quizá si hubiese entendido más a Welles, su destino habría sido diferente; pero cuando una mujer se encuentra a un príncipe, todo en su vida se echa a perder en definitiva, digan lo que digan los cuentos de hadas convencionales.

Regresar