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Ciudad de México Año VII Número LXXV Enero 2019

 

De un artista de Baco
(Primera serie)
Luciano Pérez

“¿Por qué son generalmente malas gentes los artistas de Baco? ¿Acaso porque se ocupan muy poco del raciocinio y de la filosofía, y consagran la mayor parte de su vida a los demás que los hacen vivir? ¿Acaso porque pasan su vida en los placeres y algunas veces en la pobreza? Estas son dos fuentes de vicios”. Aristóteles (“Problemas encíclicos”)

1.- A Ariadna Löwe
Hace tantos años llegaste, llena de leones, tu séquito feliz. Llegaste y dibujaste y te vi también leona, ávida de pavos y de realeza. Dijiste que la herida en ti era muy grande, y yo quise hacer de ello un croquis del Urano, pero mis intentos fueron vanos: tus leones casi me comieron.Veo tu cara en la red interior, y no digo nada más de ti. Te fuiste y hoy sólo quedan las garras de las guerras en mi álbum de mares muertos.

2.- A Adriana Sánchez
Curas almas, mas el alma es cuerpo. Tu ciencia es Psique, pero ésta hirió a Eros con su actitud. Dices que hay guerreros y hay guerreras, sólo no sé contra quién. ¿Contra Eros, para que libres quedemos del cuerpo que nos ata? Mas un alma que ha perdido su cuerpo, sola queda y no ama más. Por lo tanto, es mejor que cures cuerpos, pues ellos alma son, por el bien de Bacchus.

3.- A Jackie Moreno
Como artista de Bacchus te concedo la primacía de Eros embriagado, si hasta donde vives es posible que el canto llegue. Pues tan lejos tu hogar está, que todo fuego corre riesgo de enfriarse si arriba allá. Sin embargo, quizá Eros briago se lance tan lejos como la saeta logre dar, y al concluir su trayecto dé en el blanco que eres. Que si bien hay trigo en ti y no hay nieve en tu región, lo certero es que se le tire a lo blanco y éste es como un corazón que se pone en marcha si le dan en el mero centro. Así espero haberte dado, que entre escitas y amazonas he conocido de arcos y flechas, más de lo que Eros borracho sabe.

4.- A Bety Salmorales
Tienes que ser el mar, el aroma, el recuerdo que insiste en ahogarse. Memorias de agua y perfume que corren, escritura que se va desfigurando con cada ola, con cada hola que ya no pudo darse, que no nos hemos dado desde que no sé más de ti.

Los siglos pasan, las palabras mueren, mas una sola carta tuya vale más que lo que puedas decirle de viva voz a quien de tanto verte no sabe quién eres tú. Y yo ya no te veo, pero ello no significa que me muera porque no estás. Ya no se trata siquiera de eso. En mi destierro del mundo en que vives, sólo me queda la saeta de Hades, la cual certera te envío con el siguiente mensaje: callemos, lo que se ha dicho aún es nada.

5.- A Cecilia Richards
¿Qué tiene que ver tu teología con mis afanes báquicos? Quizá todo, quizá algo. Que si tus Padres de la Iglesia dijeron lo conveniente, sólo el Padre Bacchus entiende lo que atiende: la embriaguez, que es signo de que la creación, si la hubo, fue hecha para que la vid se convierta en vida. No es cierto que haya que morir para merecer, que si así fuese, al haber muerto yo en tu recuerdo, merecería tener lo que tú eres. Sólo que con tu teología defiendes lo que no es cierto de Dios, para que éste llegue a las gentes como luz que apaga los ojos de todos. Pero yo te pude ver, alguna vez, y con eso basta para que mi arte báquico te ofrende algún mareo de borracho que va más allá del mar, el cual ahoga porque, dicen, es como el amar.

6.- A Yvonne George
Ella es quien fue. Ella es quien ha sido. Y sus cabellos de oro son caballos de fuego, en apolínea prestancia que es también embriaguez. Bacchus es Apolo, en ella. Y Apolo ha llegado a ser Bacchus. Entonces, aunque hay una distancia, un abismo, el instante en que la encontré se quedó estampado en mi libro de manías y privilegios. Aquí puedo elucidar, una y otra vez, el desenlace que no fue, y que no ha sido. Y si hoy le escribo esto, es para que la manía y el privilegio persistan, porque sólo en los bailes del Padre Liber el encuentro, al fin, se produce.

7.- A Julie de Rodríguez
Bacante nativa, llevas el vino a todos lados. Bebes y bebes, vives y vives, porque el que ama ¿quién sabe si mañana pueda? Por eso recoges rosas, que son risas, y tus días son vino en el tinto mar de antaño, cuando en el bar nos dices: “bebed en memoria mía”, y tus apóstoles nunca lo olvidan. Por eso es que el arte de Bacchus nos obliga a cantarle a todas y a cada una de las “¿qué fue de ellas?”

8.- A Gladees Monroe
En dísticas ceremonias, candentes y con mucho de cadencia, regresaré de la vieja Roma para hacerte epitafio de lo que de mí queda, muy poco, si no fuera por Bacchus que me adopta. Y a él me adapto, mas si el tono triste persiste, recuerda que ninguna elegía es sin lágrima, que hasta los sátiros prefieren seguir borrachos antes que aceptar que “¡no tuvimos nunca a Gladees Monroe, para que entre nosotros expresase más cuerpo de lo que el alma fue para Eros!”


9.- A Aldara Robles
El arte de Bacchus quiere expresarse ante todo en ti, y en nadie más. Sabe que cuenta contigo en el baile, en el ditirambo. Que entiendes de esto más de lo que tú misma te imaginas. Porque él puso en ti hechizos convenientes, ensalmos consecuentes, y humos que brotan de una olla negra donde se cuecen príncipes entre los sapos. Que el sapo siempre fue principesco, así que necesita de videncias como la tuya, bien aprendida en el báquico saber. Y en ti indago máscaras y estridencias, brebajes y coturnos, porque vivimos en un mundo de bacantes, donde no importa que te conozcas a ti mismo, sino que llegues a ser el que eres.

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