Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VII Número LXXVI Febrero 2019

 

Editorial enero 2019

Febrero. El mes más corto del año y temido por los asalariados ya que el sueldo es un tanto mermado. De hecho este mes, junto con enero, ni siquiera existía en los calendarios antiguos. Es el único mes al que hay que analizar si va a ser igual que el anterior o ahora le corresponde agregarle un día. Y por si fuera poco, la insaciable mercadotecnia le insertó un día absolutamente consumista, para reponerse pronto de la “cuesta de enero”. Y en lo personal, ya antes he comentado que era un año terrible para mi familia hasta que me reconcilié con él.

Hasta ahí las detracciones hacia el siempre pequeño mes. Al que, si bien lo analizamos, nos solicita menos días laborales y al que finalmente le debemos la más o menos adecuada sincronización del calendario con el universo.

Es a fin de cuentas el más humilde, no como esos pedantes meses que no ceden un solo día para mantener el equilibrio y más aún se pelean la dignidad de ser los más largos del año; como julio y agosto, que no podían estar uno al lado del otro sin competencia, porque ninguno quería ser menor que el otro.

Enero, marzo, mayo, los ya mencionados julio y agosto, octubre y diciembre, nos solicitan un día más de trabajo y se solazan de ello sin que existan reproches de la clase trabajadora. En realidad febrero debería celebrarse con bombo y platillo por sencillo y nada pretencioso.

En nuestro punto de vista, febrero no es más ni menos que los demás, es un mes que lo único que no previene, junto con enero (ambos con fama de locos), es del famoso desviejadero. Pero fuera de ello y del odioso día de San Valentín, es un mes que no debería tener algo singular, salvo casos personales que no marcan diferencia en el grueso de la población.

Entonces nos corresponde entender a este mes como un periodo de tiempo para seguir promoviendo la cultura y, sobre todo y más importante, la lectura, en estos tiempos en que el grueso de los jóvenes no leen ni las etiquetas de los productos que utilizan a menudo

¿O es que acaso era yo el único que, a falta de un libro, un periódico o una revista, se ponía a leer la etiqueta del shampoo, de la pasta de dientes o cualquier otro producto sentado en el retrete, o bien la caja de cereales o la información nutrimental del refresco que me iba a tomar listo a disfrutar de mis alimentos? Eso sí, no obstante esta loca e irrefrenable afición de estar leyendo, nunca dejé de atender a una plática familiar por estar revisando de qué estaba elaborada, la fecha de caducidad y lugar de origen de la mantequilla que se encontraba en la mesa.

Esperamos que de todos aquellos que son adictos a su celular haya al menos unos cuantos que lo abran para leer algo de interés, por si esto llegara a suceder, aquí está nuestra revista digital que creemos siempre tendrá algo interesante para entretenerse en el baño o cualquier otro lugar (o ya de perdida “ler” como decía nuestro ilustre Secretario de Educación del pasado sexenio).

Es febrero y sin más que decir de este segundo mes del año, les dejamos en compañía de la Lamia que les puede hacer aprender, rememorar, o simplemente disfrutar de la lectura del contenido que nos han brindado nuestros colaboradores para ustedes.
Abrapalabra.

José Luis Barrera

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