Reserva de Derechos
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Ciudad de México Año VII Número LXXVII Marzo 2019

 

Editorial de marzo

Hablemos de la mujer y su femineidad así como de su feminismo, que aunque no están peleados en la concepción, sí lo están en algunos de los planteamientos que buscaban la igualdad y no el revanchismo y menos aún la hegemonía que hoy se está deseando. El feminismo ha sido malinterpretado, manoseado y denigrado, a tal grado de que hoy pasamos de los derechos a los caprichos. Antes se buscaba que la mujer tuviera las mismas oportunidades que los hombres, pero hoy parece que decidimos anular la masculinidad para empoderarnos.

Antes la pirámide familiar estaba conformada de padre - madre - hijo, y con el feminismo quisimos poner al padre al mismo nivel que la madre, pero en esas exageraciones que se van dando a los ideales humanos caímos en la terrible pirámide hijo - madre - padre, minimizando al máximo la presencia paterna. Es cierto que en la primera escala, hubo muchos padres que cometieron abusos de poder que rayaban en la dictadura familiar, pero a su vez hubo padres muy valiosos que nos formaron de la mejor forma posible y siempre actuaron con verdadero amor paterno. Entonces, no habría que erradicar la figura paterna sino moderarla, rescatar las cosas buenas y desechar las malas.

Y lo peor de todo es que al nulificar la imagen masculina en el hogar no se ha impedido que sigan habiendo mujeres golpeadas. Y las seguirá habiendo en tanto se siga con la pirámide inversa que, sin que nos diéramos cuenta, dejamos de nuevo a un hombre en la cima de esa misma. Por tanto estamos construyendo una nueva generación de machos, pero esta vez con mucho mayor ego y más violencia que los que hay ahora o hubo tiempo atrás. Esos niños sobreprotegidos a los que la madre no quiere que el padre les llame la atención, y si lo hace, le riñen en presencia del menor, que va a estar mamando la supremacía que le están heredando en casa, y serán los hombres golpeadores del mañana.

Se viene la época del supermacho que dará al traste con todos los logros de un movimiento en cuyo origen llevaba buenas intenciones, pero que por revanchismos atávicos estamos llevando al punto de origen.

Hoy la mujer ya no lucha por poder votar o por lograr trabajos dignos. La lucha actual es porque el lenguaje sea inclusivo aun a pesar de las reglas gramaticales, lucha por cierto que no lleva una trascendencia en los logros femeninos. Nuestra lucha quiere erradicar los galanteos (cierto que no todos agradables) que podía tener el hombre para conquistar a una mujer. Si en los tiempos actuales un hombre se atreve a mirarnos y peor aún decirnos que somos bonitas, tal galanteo puede llevarlos ante el ministerio público.

En el caso extremo ya hay mujeres (y hombres seudofeministas) que promueven que dar flores es un acto de machismo que debe terminarse ¿Por qué no promover que también la mujer pueda darle flores a un hombre en lugar de acabar con una tradición de tajo? Yo en lo particular no me incomoda recibir flores, además de que en su momento le di una flor a un hombre.

En marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, cuyo origen no tiene nada festivo por cierto, pero que no tendría por qué molestarnos si se nos felicita justo en esta fecha. No tiene nada de malo que nuestra pareja nos regale flores o nos felicite. No todo es lucha, ni consignas. La verdadera lucha se hace desde la cotidianidad sin revanchismos ni absurdos caprichos con apariencia de derechos. Y lo peor es que estamos perdiendo nuestra naturaleza femenina al querer construir una pirámide hegemónica invertida queriendo pasar a ser los machos de la historia pero dejando que la presida el pequeño futuro macho.

Stregheria Leland

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