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Ciudad de México Año VII Número LXXVIII Abril 2019

 

Álvaro Carrillo
(1919 - 1969)

José Luis Barrera

A mi tío Vidal -en cuyo nombre llevaba la herencia de mi tío abuelo muerto a balazos por los zapatistas en su pulquería de Gualupita- le gustaba cantar tangos pero no lo hacía a menudo; tenía muy buena voz aunque descuadraba un poco, y para que eso no sucediera le ayudaba mi tía Chela, quien sí tenía estudios musicales (por ella es por quien decidí en algún momento de mi vida a estudiar piano). Lo recuerdo haber escuchado en alguna de esas pocas veces en que se animaba:

“Si arrastré por este mundo,
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser…”.
Pero sobre todo le gustaban las canciones de Álvaro Carrillo, del cual tenía como su favorita Orgullo. Preferentemente ponía el disco de este artista en la consola Telefunken de mi padre cuando estaba en casa. Y tan sólo en una ocasión se la escuché cantar.
“…y todo ese amor
que a tus plantas
rodó como tuyo
lo voy a vencer
con el recio puñal
de mi orgullo…”

Después me fui enterando que mi tío -que alguna vez me advirtió del riesgo de llevar una vida bohemia- fue nada más ni nada menos que amigo del propio Álvaro Carrillo, con quien departió en cientos de reuniones bohemias. Claro que mi tío tenía autoridad al hablar de la vida disipada y trasnochadora, ya que de muchos son sabidas las grandes borracheras que se aventaba este compositor en sus reuniones con amigos.

De hecho, en alguna ocasión en que acompañé a mi padre a una presentación de las estrellas del bolero (entre las que tuvimos la fortuna de escuchar al gran José Antonio Méndez), escuchamos a Pepe Jara “El trovador solitario”, quien nos contó muchas anécdotas de esas francachelas con mujeres, vino y guitarras incluidas. Para aquel entonces mi tío ya había muerto, por lo que no pude comentarle las andanzas que nos platicó “El trovador solitario” entre canción y canción, pero me imaginé que de esas historias que contó, en la mayoría se encontraba presente mi tío, a quien, dicho sea de paso, le heredé la afición bohemia. Pero no sólo eso, sino que hubo una coincidencia de que tanto él como yo no tuvimos hijos y años, después de su muerte me enteré que también tuvo, como yo, una amante en la Colonia Moderna.

Por supuesto que igualmente se me quedó el gusto por las canciones de Álvaro Carrillo, a quien con frecuencia canto en las reuniones familiares y de amigos. El andariego, Luz de luna, Sabor a mí. Sabrá Dios, etc. En algún momento he llegado a interpretar con guitarra en mano algunas de estas canciones que se quedaron para siempre entre mis grandes afectos musicales.

Ahora que se celebrarán los cien años del nacimiento del cantautor oaxaqueño, también se recuerdan los 50 años de su fallecimiento, por lo que debería ser el año de Álvaro Carrillo, por lo menos en su natal San Juan Cacahuatepec, Oaxaca; pero en mi caso así lo rememoraré entre estas dos conmemoraciones que pasan por el gusto personal.

Álvaro Carrillo falleció un 3 de abril de 1969, antes de cumplir los 50 años de edad, en un accidente carretero cerca del Heroico Colegio Militar en el kilómetro 19 de la Carretera México-Cuernavaca. Se cuenta en las notas periodísticas que Carrillo regresaba de la toma de posesión del gobernador del Estado de Guerrero, Caritino Maldonado Pérez, cuando un Ford guayín que circulaba en sentido opuesto perdió el control invadiendo el carril contrario, impactando a gran velocidad el automóvil en dónde viajaba la familia Carrillo Incháustegui. El chofer de la familia falleció instantáneamente, Carrillo (que iba en el asiento del copiloto) minutos después y su esposa Ana María al día siguiente. Los cuerpos se velaron en el Teatro de los Compositores y se inhumaron en el Lote de Compositores del Panteón Jardín.

Por supuesto que no recuerdo el acontecimiento, ni cómo lo vivió mi tío, puesto que yo contaba con tres años en aquel entonces. Tampoco entre las escasas pláticas de su convivencia con Carrillo le pregunté, pero es de suponerse que fue un hecho muy doloroso para él. Ya conocí a mi tío absolutamente alejado de la vida bohemia y casi por completo del alcohol, aunque cuando se tomaba unos cuantos tragos, nos regalaba una de sus famosas interpretaciones y en una reunión de la familia Barrera, con una de sus primas, se puso a contar justamente sobre su relación con el compositor.

Muchas son las anécdotas que rondan sin lugar a dudas en la vida bohemia y el caso de Álvaro Carrillo no es la excepción. Y como ya dije, algunas las escuché en aquella reunión de boca de mi tío y otras tantas en el festival de bolero por parte de Pepe Jara.

Álvaro Carrillo se tituló como Ingeniero Agrónomo en la Universidad Autónoma de Chapingo y aunque ejerció por cierto tiempo, la música lo alejó de su profesión y al fin se dedicó por completo a la composición de sus más de 300 canciones. Es por ello que en el mes de octubre de cada año se lleva a cabo el Festival de la Canción de Aficionados Álvaro Carrillo, en el auditorio universitario de Chapingo, al cual acuden habitualmente quienes fueron sus compañeros de estudios en esta institución. El propio Carrillo contaba que con sus compañeros de estudios llevaba serenata a las jóvenes que pretendían en los poblados aledaños a la universidad, adaptando el nombre de la de la dama en cuestión a la letra de sus canciones. Al paso del tiempo, hizo amistad con Antonio Pérez Meza, que formaba parte del trio de “Los Duendes” y le dio su canción Amor mío, que le fue grabada y la popularidad llegó pronto, por lo cual dejó la labor agrícola por la composición.

Muchos son los cantantes que han interpretado a Carrillo, entre los que se pueden destacar el propio Pepe Jara, Vicente Fernández, José José, Los Ases. Los Duendes, Los Hermanos Reyes, Los Panchos, Pedro Vargas, Chabela Vargas, Eugenia León, Tania Libertad, Armando Manzanero, Marco Antonio Muñiz, Frank Sinatra, Pablo Milanés y Dorís Day, sólo por citar algunos. Y entre los contemporáneos están Natalia Lafourcade, Denise Gutiérrez, Alejandro Fernández, Luis Miguel y Yuri, entre muchos más. La lista es por supuesto muy larga.
Sobre la canción Sabrá Dios, se cuenta que la compuso porque cuando acudió a comprar un timbre postal en una de las oficinas de correos, lo atendió una mujer, a la que le dijo:

- ¿Cuánto va a ser señora? -, a lo que la mujer respondió:- Señorita, por favor.
- Sabrá Dios -, fue la respuesta que obtuvo del maestro.
Y por supuesto al regresar a su casa ya tenía lista la canción que le inspiró esta visita al correo.
La canción Sabor a mí es considerada por muchos como una de la más bellas, y sin duda es una de las más exitosas, pero su favorita era Amor mío pues fue la que le abrió las puertas del éxito. Y cabe mencionar que su canción La mentira (Se te olvida) fue el primer tema musical que resaltó la popularidad de una telenovela: La mentira, producida y dirigida por el “El señor telenovela” Ernesto Alonso en 1965, y actuada por Julissa, Enrique Lizalde y Fanny Cano.
Se cuenta que Adolfo López Mateos, por entonces Presidente de la República, y muy afecto a la bohemia, lo mandaba buscar para que les cantase a él y a doña Eva Sámano. Una de esas ocasiones, López Mateos le dio un cheque en blanco y le preguntó qué cantidad quería que le pusieran, a lo que el maestro contestó: “Yo no sé, lo que tú quieras… no debo abusar”.

Hay muchos hilos conductores de mi vida en este escrito: desde ser un Ingeniero Agrónomo que dejó la carrera por la bohemia, hasta encontrar mi propia historia en El andariego:
“Yo que fui del amor ave de paso,
Yo que fui mariposa de mil flores...”

“… y cuando yo me muera,
ni luz, ni llanto, ni luto ni nada más,
hoy junto a mi cruz, tan sólo quiero paz…”


Con estás herencias inherentes por parte de mi tío, a quien a la postre me parecí tanto en el proceder de mi vida, inició la celebración de su “hermanito del alma”, como le decía a Álvaro Carrillo a quien tenemos que seguir rememorando al menos hasta el 2 de diciembre, cuando se celebra el centenario de su nacimiento.

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