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Ciudad de México Año VII Número LXXVIII Abril 2019

 

Capirotada de galletas de animalitos
Leticia Vázquez

Jueves Santo
— Míralo, se ve tan fifiruchito. Pobrecito, ni modo que se la pase comiendo bombones, cacahuates y sabritones con sodas coca. Eso es lo único que tenemos en esta tienda de pueblo, ya ni las moscas se acercan.
— Hombre, Isabel, tú dramatizas, seguro que buscando encontramos algo más, aunque sean chicles motita.
— Tú cállate, qué vas a saber. Lo que nos faltaba, estos revoltosos de Madera no saben lo que hacen. Al rato los matan y todo para nada. Y por si fuera poco, ni los camiones de comida llegan, ni cómo ir a surtir el tanichi. Y ya vendí casi todo. Di fiado, y hasta recibí animales, qué les voy a dar de comer, si apenas tragamos nosotros. Nosotros sí que ayunamos. Semana Santa y ni lentejas tenemos. Pero capirotada hacemos hasta de galletas de animalitos y populares; vas a ver, Lucio, que sí vamos a comer. Hasta chacales voy a preparar, al fin somos tú y yo.
— Y el niño.
— Sí… y el niño.

 

Viernes Santo
Media bolsa de galletas de animalitos.
Ni modo, media bolsa. Galletas, cacahuates, nueces viejas, manzanas. Falta el coco, pasas, queso. Clara de huevo, azúcar y grageas para la cobertura.
Primero dos capas de galletas, sigue una capa de cacahuates, nueces y manzanas; segunda capa de galletas, una capa de cacahuates, nueces y manzanas; tercera capa de galletas, capa de cacahuates, nueces y manzanas. Y se acabaron las galletas.

¿Y si matamos un puerco? No, hoy no se come puerco, pero ya tengo toda la cuaresma queriendo comer carne, y más aquí, en este lugar donde no hay más. Carne aunque sea de puerco, hay mucho qué comer… y estos revoltosos. Pueblo jodido.
Aguantaremos hasta el Sábado Santo, matamos ese día un cochito y ya la hicimos. Pero de hambre no nos morimos, de peores hemos salido. Y con un niño qué cuidar. No sé pero todos saldremos bien librados. Ni en mis peores hambreadas pensé en comerme a los niños, ni entre mis hermanos.
Voy a rascarle a las mazorcas, sacamos unos platitos de chacales, con la cebolla medio churida de las orillas y un tomate medio seco, le damos sabor.
Y este niño tan galgo. Todos los bukis aquí están galgos, no sirven ni para comérnoslos.

— Isabel, prende la radio, dicen que los revoltosos andan más bravos. Ojalá y logren algo.
— Cómo no, van a lograr matarnos de hambre. Si apenas empiezan y mira cómo estamos. Uno nació analfabeta y no nos va tan mal. Si no tenemos qué comer es culpa de esos. No sé de qué se quejan. Yo con mi tiendita y míranos, sin qué vender y con hambre, todo por esos malcriados. Que los maten a todos, como a Villa, yo vi su cuerpo, ahí acabó. Nada sirve.
— Jijijiji. Estás loca, tú.
— ¿Sabes qué?, no te prendo nada.

 

Una de la tarde
— Lucio, ya vamos a comer. Vente, niño, y nos vamos a comer todo, ¿eh? Para aguantar cuando haya hambre y no tengamos qué comer. Pero hoy cumplimos con nuestro deber, ayunamos, como nuestro señor Jesucristo. Y mañana matamos al cochi. Verán que comida nunca va a faltar. Nos daremos una comilona para que se ponga bien gordito, mijo. Así nos sirve más cuando pasemos otra hambruna. Uno nunca sabe.

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