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Ciudad de México Año VII Número LXXVIII Abril 2019

 

Cuatro poemas de Dolor fantasma
(1994)
Enrique Soria


XVII
Con este frío
De tardes sin tenerte cerca,
Miro la ciudad
vacía sin ti.
La recorro tarde a tarde,
Mujer a mujer,
buscándote.
Pienso en tu leyenda;
Me arranco la piel
Y me pongo el verano
Pero,
El otoño sigue donde lo dejaste,
Quieto callado,
Como esperando vernos juntos
Para bañarnos de hojas
Otra vez.
deshabitada ciudad
donde guardé
mis penas.
Me observa inextinguible
Tu recuerdo.
Vuelvo al lugar
Donde mis manos te inventaron,
A buscar en las aceras
Quien va
A inventarme
A mí.


XVIII
La avenida se alarga
Como el tiempo.
Como la soledad
De esta multitud que me rodea.
Y contigo
A varios siglos de aquí
Destapo una botella de olvido
Añejado hace seiscientos años.
Escribo el nombre que te puse
-es decir,
lo grito en silencio-
Para que deje de dolerme el tuyo.
El advenimiento de la tarde
Sigue alargando la avenida.
Me sobran las horas,
Cuando el mutismo inmenso
De tu ausencia vuelve.
Años luz de silencio
Navegando en el torrente
De mi desaliento;
Y mientras te miro en cada rostro,
el reloj de los encuentros y desencuentros
Me repite
Que llegue tarde a tu vida.
Un día, sin embargo, se escucha,
Pero tan lejos
Que lo escucho como era en otro tiempo.
Tal vez igual,
Que cuando te llegue el murmullo
De mis sienes estallando
como estallan hoy.
Tal vez para ese entonces
Otros recuerdos detonantes
Ocupen el sitio
Que ocupas hoy
aquí en mi infierno.


XIX
Quise ser tu poeta de cabecera
Y de la cabecera bajar
A tomar por asalto tu cama.
Qué cosas,
No lo soy.
Lo único que de poeta tengo
y me lo creo
Es
Cuando cierra el bar,
Seguir adentro
Agarrado de la pluma
Para no caerme;
O compartir con Sabines
La marca de cigarros
Y con otros poetas
La noche,
y la rabia,
y las penas,
Y el gusto por la lluvia y por el olvido,
Y el miedo al silencio y al frío.
pero no,
Poeta no soy.
Si lo fuera,
No te hubiera pedido que te quedaras para siempre
Para no llegar a escribir un día
Que me haces falta.
Es más,
Si aquí estuvieras,
o si te encontrara,
Ya no haría por ser tu poeta de cabecera,
Pero seguro que intento de nuevo
Tomar por asalto tu cama.


XX
No digo que me extrañes,
Vaya,
O que te haga falta y me nombres,
O que te sientas sola.
Ni siquiera digo
-caray-
Que después de tanto
Tengas mi rostro en la memoria.
Pero sé
Que el olvido traiciona
Cuando no se dijo todo,
Y me imagino
-solo eso-
Me imagino,
Que se te ruboriza el alma cuando,
por ejemplo,
La tarde te sorprende en Insurgentes,
Y en San Ángel las luces te iluminan
Al caer la noche encima;
O cuando un cigarro sin filtro
Se consume cerca,
Y cuando la lluvia da contigo
En cualquier plaza.
No digo que me extrañes,
Ni que hables de mí con quien estés,
Pero al menos,
Recordarás algunas veces mi paso por tu historia.
Como yo recuerdo
El tuyo en mí
Cuando en algún libro polvoriento
Encuentro a dante
Hablando de Beatriz en un poema.

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