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Ciudad de México Año VII Número LXXVIII Abril 2019

 

Editorial Abril 2019

Es ya un lugar común decir que abril es el mes más cruel, pero rara vez se completa la expresión explicando el porqué. Es cuando llega el deshielo, la nieve se derrite, y brota la vegetación; y en este proceso, va apareciendo lo que se ocultaba debajo del manto invernal: los muertos, los cadáveres, los esqueletos.

Todo aquello que se prefiere no ver, pero que está, que siempre estuvo, eso que muchos se empeñan en no entender de que todo es caduco. Tal es la crueldad, aunque realmente sólo es una certidumbre de lo que es la vida, y muchas veces ésta tiene rasgos crueles.

Por eso es falso decir que la vida es bella. También lo sería decir que la vida es horrible. Vivir tiene aspectos de lo uno y de lo otro, y querer entender esto con técnicas de vaso medio lleno o medio vacío, es inútil; porque por más que cuide uno de su cuerpo, éste terminará pudriéndose, o hecho cenizas. Pero esto no es para entristecerse, lo de perder el cuerpo, dado que la vida es así, y conviene aceptarlo. Incluso hay quienes ven belleza en la muerte y la pudrición.

Esto nos hace reflexionar, entonces, que abril es otro mes de los muertos. Claro, junto a éstos brotan las flores y brilla el sol, pero olvidamos que la naturaleza ha sufrido una devastación tan grande por culpa de la humanidad empeñada a como dé lugar en “el progreso y la civilización”.

De tal modo que actualmente nadie podría ya vivir en una soledad boscosa, a menos que se tenga celular, lap top y conexión a internet. Esta es otra manera de negarse a morir, sólo que estando ya muerto. Y si bien se ha dicho que en abril se renace, es sólo porque la muerte es también segura.

De ahí que en la llamada Semana Santa se conmemora la muerte y la resurrección (esta última jamás demostrada) de un dios en el que la gente ya no cree, pero que es buen pretexto para tomarse unas (in)merecidas vacaciones. Es decir, que la alegría que da el que un dios haya muerto, obliga a aprovechar los días santos para olvidarse de que se muere, de que uno ha muerto también.

Por tanto, la vida no es bella, ni tampoco es fea: es una cosa, y asimismo la otra. Cuando reconozcamos eso, viviremos y moriremos más tranquilos. Mientras tanto, que cada quien haga de su abril cruel lo que mejor le parezca. ¡Viva Zapata!

Loki Petersen

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